Las Escrituras brindan numerosos ejemplos de personas cuyas vidas no resultaron como lo esperaban. 

Sí, Alma hijo se arrepintió, pero Lamán y Lemuel no le dieron la misma felicidad a su padre. Sadrac, Mesac y Abednego escaparon de la muerte, pero Abinadí no tuvo la misma suerte.

Mientras que los hijos de Mosíah tuvieron gran éxito como misioneros entre los lamanitas, Mormón observó a los lamanitas destruir a su pueblo. Raquel superó su lucha contra la infertilidad, pero Lea siempre fue la esposa que no fue amada.

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Observemos cómo, en cada uno de estos casos, los desafíos que atraviesan no provienen de las propias elecciones de la persona afectada, sino que son el resultado de las acciones de otros. 

Exploraremos la parte más desalentadora de estos contrastes bíblicos para tocar un punto que rara vez se menciona: A veces, las cosas no siempre salen bien para los justos.

Incluso las más buenas personas a menudo enfrentan pruebas terribles que no desaparecen. A veces, no hay un final feliz en la vida mortal. Aunque este no es un concepto agradable, comprender la dura vida de estos héroes bíblicos puede traernos paz.

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Lehi

Gran parte del pasado de Lehi es un misterio, pero sabemos que fue un profeta que vio al Señor. Lehi también era rico; obtuvo un progreso tanto temporal como espiritual. Pero como todo padre, no podía controlar las decisiones de sus hijos.

Aunque muchos padres pasan dificultades con sus hijos a causa de sus malas decisiones, pocos conocen el estrés de tener hijos desobedientes, así como Lehi. Tuvo hijos que “[murmuraron] contra su padres en muchas cosas” (1 Nefi 2:11), golpearon a sus hermanos y, en múltiples ocasiones, trataron de matar a Nefi e incluso al mismo Lehi.

Cuando Lehi estaba a punto de fallecer, le dijo a Laman y Lemuel: 

“Mi corazón ha estado agobiado de pesar de cuando en cuando, pues he temido… fueseis talados y destruidos para siempre”. -2 Nefi 1:17 

Su último deseo era que sus hijos “se levantaran del polvo… y [sean] hombres” (2 Nefi 1:21). Por el contrario, Lamán y Lemuel endurecieron sus corazones contra Nefi y se llenaron de odio hacia él (2 Nefi 5:14).

La prueba de Lehi, de tener hijos que tomaron malas decisiones, nunca se desapareció. Durante décadas, obró con Laman y Lemuel, alentándolos pacientemente a elegir un mejor camino. Pero al final, no lo hicieron, y no tuvo un final feliz en la vida mortal.

Abinadí

Siglos después de la muerte de Lehi, Abinadí testificó valientemente ante el pueblo del rey Noé. Cuando intentaron quitarle la vida, Dios lo libró milagrosamente. Dos años después, regresó y predicó a Noé y a sus sacerdotes. 

Después de escuchar a Abinadí, Noé lo sentenció a morir, pero el Señor nuevamente lo libró, haciendo que el Espíritu del Señor brille en su semblante para que Abinadí pudiera continuar predicando.

Sin embargo, después del discurso de Abinadí, el rey Noé ordenó una vez más que Abinadí fuera ejecutado (Mosíah 17: 1). Abinadí ya había sido librado dos veces; ¿anticipó que Dios volvería a hacerlo? Eso no sucedió, los sacerdotes “lo llevaron y lo ataron; y torturaron su carne con brasas, sí, hasta la muerte” (Mosíah 17:13).

¿En qué momento se dio cuenta Abinadí de que Dios no lo libraría? ¿Cómo se sintió cuando supo que, como muchos profetas antes que él, no tendría un final feliz en la vida mortal?

Mormón

noveno episodio del Libro de Mormón

Mormón nació alrededor del año 310 d.C; para cuando tenía dieciséis años, él lideraba el ejército de nefitas contra los lamanitas en batalla. Pasó la mayor parte de las próximas dos décadas involucrado en la guerra. También intentó predicar a las personas, pero ellos no lo escucharon. 

En múltiples ocasiones, describió la profunda tristeza que sentía por el pecado y la muerte que lo rodeaba:

“Mi corazón se ha visto lleno de pesar por razón de sus maldades, todos mis días”. -Mormón 2: 18–19

“se afligió mi corazón por motivo de esta gran calamidad de mi pueblo, causada por su iniquidad y sus abominaciones”. -Mormón 2:27

A pesar de la iniquidad de su pueblo, Mormón puso todo su corazón y su alma para defenderlos de los enemigos y persuadirlos a que se arrepientan (Mormón 3:12). Mormón presidió las batallas que culminaron en la muerte de cientos de miles de personas.

episodio 8 del Libro de Mormón

Incluso a la edad de setenta y cuatro años, Mormón seguía elaborando estrategias para defender a su pueblo contra los lamanitas de la mejor manera posible. 

Después de una batalla en la que “toda alma se llenó de espanto” (Mormón 6: 8), Mormón fue uno de los únicos veinticuatro sobrevivientes. Él escribió: “Mi alma se partió de angustia a causa de la muerte de los de mi pueblo que habían muerto” (Mormón 6:16). Poco después de escribir estas palabras, Mormón es asesinado por los lamanitas.

Mormón dedicó toda su vida a defender a su pueblo y, al final, fracasó. Aunque logró algunas grandes victorias a largo plazo (¡como la eventual publicación del Libro de Mormón!), estos logros se alcanzaron mucho después de su vida mortal.

libro de mormon

En su mayor parte, la vida de Mormón estuvo llena de amarga decepción. Aunque derramó su alma en oración “todo el día” (Mormón 3:12), sus oraciones no fueron respondidas de la manera que él esperaba.

Desde el comienzo del Libro de Mormón con Lehi, a la mitad con Abinadí, hasta final con Mormón, el Libro de Mormón está lleno de historias de personas que no tuvieron finales felices en la vida mortal. La Biblia está igualmente repleta de tales pasajes.

Lea

Cuando Jacob conoció a Raquel, él inmediatamente se enamoró de ella y se ofreció como voluntario para trabajar durante siete años a cambio de su mano en matrimonio. Jacob ignoró a Lea, la hermana mayor de Raquel. 

Las escrituras describen a Lea como una joven de “ojos tiernos”, mientras que Raquel era “de lindo semblante y de hermoso parecer” (Génesis 29:17).

El suegro de Jacob tuvo planes diferentes para su noche de bodas con Raquel. Leemos: “Y sucedió que a la noche tomó a su hija Lea y se la trajo; y él se unió a ella” (Génesis 29:23). A la mañana siguiente, cuando Jacob descubrió el engaño, se sintió indignado.

¿Cómo se sintió Lea? ¿Qué pasó por su mente en su noche de bodas? ¿Le había dado su padre instrucciones estrictas de no hablar para que Jacob no descubriera el engaño? ¿Esperaba secretamente poder ganar el corazón de Jacob? ¿Se sintió emocionada? ¿Nerviosa? ¿Asustada? ¿Decepcionada? ¿Sin voluntad?

Dentro de una semana de su matrimonio con Lea, Jacob tomó a Raquel como su segunda esposa. Las escrituras declaran explícitamente que Jacob “amó… más [a Raquel] que a Lea” (Génesis 29:30). ¿Cómo se sintió eso para Lea? 

Cuando Lea fue la primera en quedar embarazada, ella pensó: “Ahora, por tanto, me amará mi marido” (Génesis 29:32). Pero no fue así.

Todo parece indicar que durante las siguientes décadas, Raquel siguió siendo la esposa más amada. No tenemos indicios de que Lea se haya sentido amada por Jacob (Génesis 30: 14–16; 33: 2). Para Lea, no había un Príncipe Azul y tampoco un “vivieron felices para siempre” en esta vida mortal.

Reemplazando las falsas expectativas

reapertura de templos 52

Algunas personas justas nunca se casarán. Algunas parejas se divorciarán o nunca tendrán hijos. Otras personas defenderán valientemente la verdad, solo para ser ridiculizadas. Muchos lucharán con sentimientos o tentaciones no deseadas.

Algunos serán víctimas de crímenes terribles. Podríamos dedicar nuestros mejores esfuerzos a una causa, esperanza o sueño y nunca verlo convertirse en realidad. Es posible que tengamos una enfermedad debilitante que nunca se curará o que un ser querido muera prematuramente.

Es posible que, en algún aspecto de nuestras vidas, no tengamos un final feliz. Reconocer esta realidad nos ayuda a enfrentar los desafíos extremos cuando se nos presentan.

Podemos reemplazar la falsa expectativa de “si guardo los mandamientos, las cosas siempre saldrán como yo las quiero a corto plazo”, pero con una expectativa eterna podemos decir: “Si guardo mis convenios y persevero hasta el fin, todo saldrá bien, ya sea en esta vida o en la próxima”.

Podemos decir algo como: “Elijo permanecer en el camino del convenio porque amo a Dios, independientemente de las circunstancias de mi vida actual”.

Creo que Lea, Lehi, Abinadí, Mormón y otros fijaron sus ojos en el futuro y encontraron esperanza en sus expectativas eternas. Hasta donde sabemos, Lea nunca encontró el verdadero amor en esta vida. 

¿Se alivió parte de su dolor a lo largo de los siglos a medida que sus descendientes, como David y Salomón, fueron escogidos por Dios, o cuando fue testigo del nacimiento de su descendiente más esperado, Jesucristo?

Al mismo tiempo que Lehi hablaba de su mala salud, “la ansiedad de [su] alma” y su “corazón agobiado por el dolor”, también describió cómo estaba “para siempre envuelto entre los brazos del amor [de Dios]” (2 Nefi 1: 14–17). Lehi pudo sobrellevar ambas realidades simultáneamente y encontrar gozo al tener una expectativa eterna a pesar de que tenía graves problemas temporales.

Poco antes de ser ejecutado, Abinadí declaró: “No importa a dónde vaya, con tal de que yo sea salvo” (Mosíah 13: 9), y testificó que “hay una resurrección; por tanto, no hay victoria para el sepulcro, y el aguijón de la muerte es consumido en Cristo”, quien es “la luz y la vida del mundo; sí, una luz que es infinita” (Mosíah 16: 8–9).

Aunque no podemos saber cuáles fueron los sentimientos temporales de Abinadí durante su ejecución, su perspectiva eterna probablemente apaciguó el dolor que sentía.

En la misma carta en la que Mormón expresó su espanto ante la iniquidad de su pueblo, y su rechazo a escuchar sus palabras, él también compartió su esperanza en la expiación de Cristo con Moroni, y que esta “repose en [sus mentes] para siempre” (Moroni 9:25). 

Si bien tener una perspectiva y expectativa eterna no elimina todo el dolor que podamos sentir, sí nos brinda consuelo en tiempos difíciles.

Sentir paz

1. Recuerda los tiempos difíciles de los personajes de las escrituras: Al leer las Escrituras, busca personajes que se mantuvieron firmes incluso cuando sus vidas eran extremadamente difíciles. Obtén valor de sus ejemplos.

2. Evalúa tus expectativas: Si estás pasando por un desafío serio, evalúa tus expectativas haciéndote estas dos preguntas:

  • ¿Qué resultado espero que no estoy recibiendo?
  • ¿De qué manera podría cambiar esta expectativa para enfocarme en una expectativa eterna, un día futuro donde Dios “enjugará toda lágrima”?

Este artículo es una adaptación del libro “The Founder of Our Peace” y fue escrito originalmente por John Hilton III y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Finding peace when expectations don’t meet reality