El lunes 18 de mayo, sucedió algo maravilloso. Las puertas del Templo de Seúl, Corea y el Templo de Taipei, Taiwán, se abrieron para oficiar sellamientos de esposo y esposa como parte de la fase 1 de la reapertura de los templos de la Iglesia de Jesucristo. 

Cuando vi esos dos templos en la lista de reapertura, mi corazón se sintió lleno de alegría. Los templos en Corea y Taiwán fueron los primeros en cerrar debido al COVID-19 el 21 de febrero. 

Es posible que las cosas no vuelvan a ser como solían ser y ciertamente espero que salgamos de esta pandemia con una nueva perspectiva y gratitud por las cosas que dábamos por sentado. Cuando los templos comenzaron a abrirse sus puertas nuevamente, sentí como si vislumbrara la luz del sol del caos de la pandemia.

Templo de Oakland

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Al sentarme a escribir en mi diario sobre la reapertura de esos templos, una pregunta crucial vino a mi mente: “¿Has aprendido lo que se suponía que aprenderías durante la pandemia de COVID-19?”.

Inmediatamente, una cita que leí del élder Jeffrey R. Holland en un artículo de Church News apareció en mi cabeza: 

“Este es un tiempo único de soledad forzada, donde no tenemos muchas curiosidades u ocupaciones superficiales que nos distraigan de considerar las cosas verdaderamente importantes en la vida. Este tiempo nos invita a mirar dentro de nuestra alma y ver si nos gusta lo que vemos ahí”.

Más preguntas inundaron mi mente: ¿Qué he aprendido de mi alma durante este tiempo de soledad? Y lo más importante, ¿cómo ha cambiado mi relación con el Salvador?

El presidente Russell M. Nelson nos ha invitado a “reflexionar en forma profunda y frecuente en esta pregunta clave: ¿De qué manera lo escuchan?”. Al pensar en esta pregunta, he pensado en parte del discurso de la Conferencia General del presidente Nelson en abril de 2020:

“La primera palabra de Doctrina y Convenios es escuchad, que significa “oír con la intención de obedecer”. Escuchar con la intención de obedecer significa “escucharlo”: escuchar lo que el Salvador dice y entonces, seguir Su consejo.

En la palabra “Escúchalo”, Dios nos da el patrón o modelo para tener éxito, felicidad y gozo en esta vida. ¡Debemos escuchar las palabras del Señor, prestar atención a ellas y hacer lo que Él nos ha dicho!”

Presidente Russell M. Nelson

Presidente Russell M. Nelson

En la nota Nº 13 del contenido relacionado de su discurso, el presidente Nelson escribió: 

“En el Antiguo Testamento, la palabra escuchar es una traducción del vocablo hebreo shama, que es un verbo irregular que significa “escuchar con la intención de obedecer”.

Escuchar [junto con sus variantes: prestar atención y dar oído] es una palabra de las Escrituras que se halla presente en 40 secciones de Doctrina y Convenios”.

Cuando leí este comentario, sentí curiosidad en cuanto al uso de la palabra “escuchar” en Doctrina y Convenios. Cuando comencé a revisar las referencias, descubrí que los usos de la palabra “escuchar” ahondan el significado de la pregunta, “¿De qué manera lo escuchas?” Estos son solo algunos de los versículos que me llamaron la atención:

escuchar al Salvador

• “Escuchad y dad oído, oh pueblo mío, dice el Señor y vuestro Dios, vosotros que me oís, y a quienes me deleito en bendecir con la mayor de todas las bendiciones; y a vosotros que habéis profesado mi nombre y no me oís, os maldeciré con las más graves de todas las maldiciones.” (DyC 41: 1).

• “Escuchad estas palabras. He aquí, soy Jesucristo, el Salvador del mundo. Atesorad estas cosas en vuestro corazón, y reposen en vuestra mente las solemnidades de la eternidad.”(DyC 43:34).

• “Por tanto, escuchad y razonaré con vosotros, y os hablaré y profetizaré, como con los hombres en días antiguos.” (DyC 45:15).

• “He aquí, escuchad, oh élderes de mi iglesia, dice el Señor, vuestro Dios, sí, Jesucristo, vuestro intercesor, que conoce las flaquezas del hombre y sabe cómo socorrer a los que son tentados.” (DyC 62: 1).

escuchar al Salvador

• “Fueron lentos en escuchar la voz del Señor su Dios; por consiguiente, el Señor su Dios es lento en escuchar sus oraciones y en contestarlas en el día de sus dificultades.” (DyC 101: 7).

• “Y esforzándose por observar todas las palabras que yo, el Señor su Dios, les declare, jamás cesarán de prevalecer, hasta que los reinos del mundo sean sometidos debajo de mis pies, y sea dada la tierra a los santos para poseerla para siempre jamás.” (DyC 103: 7).

• “Y si los de mi pueblo escuchan mi voz, y la voz de mis siervos que he nombrado para guiar a mi pueblo, he aquí, de cierto os digo que no serán quitados de su lugar” (DyC 124: 45)

La importancia de escuchar al Salvador penetró en mi corazón a través de estos versículos. Pude ver a un Señor compasivo, ansioso por bendecir a los que escuchan Sus palabras. También pude ver las consecuencias de ser lento en escucharlo, ya que de serlo, Él a su vez será lento para escucharnos. 

escuchar al Salvador

Verdaderamente, como dijo el presidente Nelson en la conferencia, “al tratar de ser discípulos de Jesucristo, nuestros esfuerzos por escucharle a Él han de ser cada vez con mayor intención.”.

El Padre Celestial comenzó esta dispensación diciéndole al joven José Smith: “Este es mi Hijo amado. ¡Escúchalo!” (José Smith — Historia 1:17). Las Escrituras de los últimos días en Doctrina y Convenios comienzan con la invitación de “escuchad” (DyC 1: 1).

Cuando comencé a escribir en mi diario sobre lo que aprendí durante la pandemia de coronavirus, decidí comenzar, no con el nombre de la pandemia, sino con una palabra que espero defina mis recuerdos de este año bicentenario: “¡Escúchalo!”.

Este artículo fue escrito originalmente por Lindsay Williams y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “How the 1st Word of Doctrine & Covenants Applies Perfectly to President Nelson’s “Hear Him” Invitation