Todos hemos aprendido algo diferente en este tiempo. Tenemos esperanza, tenemos fe, el Señor habla a cada uno de Sus hijos y no los desamparará.

“Asombro me da el amor que me da Jesús”.

Las palabras resonaron bellamente de las voces de todos los presentes en nuestra sala de estar. El Espíritu vino sobre nosotros cuando todos guardaron silencio y se prepararon reverentemente para participar de la Santa Cena. 

La ordenanza en sí misma fue bastante sencilla: el pan se pasó en un plato de cocina y el agua se dio en vasos de papel. Sin embargo, el Espíritu que se sintió fue muy grande. Había silencio en la habitación, pero todos estábamos aprendiendo juntos.

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Una vez completada la ordenanza, formamos un círculo y compartimos algo positivo que habíamos aprendido esa semana durante la pandemia. Mi corazón se conmovió cuando los que estaban ahí compartieron sus pensamientos. 

Una persona habló de lo agradecida que estaba por tener un profeta viviente y cómo su testimonio sobre ese principio era más fuerte que nunca. Otra habló sobre cómo la tecnología había bendecido vidas y permitido que la obra progresara. Alguien más se refirió al poder de entablar relaciones, la importancia de ministrar, entre otros.

Todos aprendieron algo diferente, fue evidente para mí que el Señor nos estaba hablando a cada uno de nosotros. Todos fuimos testigos vivientes de cómo habíamos tenido la oportunidad de escucharlo esta semana. La reunión fue espiritualmente edificante y alentadora para el alma. Un sentimiento de paz penetró mi corazón.

Más tarde en el día, entré a una reunión virtual donde mi obispo y los miembros de mi barrio testificaron maravillosamente sobre el amor del Señor. Compartieron sus pensamientos sobre “Ven, sígueme” y sus testimonios de cómo el evangelio bendijo sus vidas. 

Una vez más, sentí que el Espíritu me testificaba que estas personas se habían preparado y habían escuchado la voz de Dios en sus vidas.

El presidente Nelson recientemente nos invitó a todos a escuchar la voz del Señor y aprender cómo Dios nos habla. Él dijo:

“Mis queridos amigos, hoy deseo compartir con ustedes una invitación especial. Hay algunas ocasiones maravillosas en las Escrituras cuando nuestro Padre Celestial presentó personalmente a Su Amado Hijo, Jesucristo, con el mandato específico de “¡Escucharlo!”

Actualmente, se nos extiende esta invitación tan importante de nuestro amoroso Padre Celestial de escuchar la voz del Señor y seguir Sus enseñanzas.

En este año extraordinario al conmemorar el bicentenario de la Primera Visión, les invito a reflexionar en forma profunda y frecuente en esta pregunta clave, “¿Usted cómo lo escucha?””

Al participar de una Iglesia centrada en el hogar, pude ver los cambios en mi vida. Pude verlo en mí misma y también en los demás.

Me hizo reflexionar más sobre el profeta José Smith, quien también tuvo un estudio del Evangelio centrado en el hogar. Fue cuando él personalmente buscó respuestas que lo guiaron a orar y lo llevaron a entender muchas cosas.

Aumentó mi deseo de aprovechar realmente este tiempo de estudio del Evangelio para mi beneficio. Quizás el Señor nos ha dado tantos obstáculos para que todos podamos bajar un poco la velocidad y aprender cómo Él nos habla.

Este artículo fue escrito originalmente por Ashely Dewey y fue publicado originalmente por ldsblog.com bajo el título “We Hear Him