Últimamente, el mundo entero está envuelto en crisis debido a la inquietud que han generado en las redes sociales las recomendaciones recientes de distintos gobiernos sobre almacenar agua, alimentos y artículos de emergencia.
Algunas publicaciones incluso relacionan estas medidas con una supuesta crisis mundial inminente o con señales del fin del mundo. Sin embargo, prepararse para una emergencia no significa que sí o sí vaya a ocurrir algo catastrófico.
Primero que nada, veamos lo que está pasando en el mundo.
Japón, varios países europeos y otras naciones han difundido orientaciones para que sus ciudadanos puedan afrontar situaciones como terremotos, inundaciones, apagones prolongados o interrupciones en el suministro de productos esenciales. Aunque estas recomendaciones han llamado la atención, muchas de ellas forman parte de programas de prevención que existen desde hace años.
En medio de esta preocupación, lo mejor que podemos hacer es prepararnos con prudencia, sin dejarnos llevar por el miedo y de acuerdo con las posibilidades de nuestra familia.
De hecho, la Iglesia de Jesucristo ofrece gratuitamente recursos que explican cómo almacenar alimentos, preparar una mochila de emergencia y organizar un plan familiar. ¿Qué tal si abordamos más a fondo este tema?
Almacenar alimentos y agua

El 2 de noviembre de 2026, según la información difundida sobre las medidas de prevención en Japón, las autoridades recomendaron que las familias dispusieran de agua y alimentos suficientes para afrontar una emergencia durante al menos tres días y, de ser posible, una semana.
En Europa también se han reforzado los mensajes de preparación. El 3 de noviembre, la Comisión Europea presentó recomendaciones relacionadas con la capacidad de los ciudadanos para cubrir sus necesidades básicas durante las primeras 72 horas de una crisis.
A estas iniciativas se suman campañas de prevención del Reino Unido, como Be Ready, y las recomendaciones francesas para preparar un kit de emergencia de tres días. La sincronía de estos mensajes ha provocado dudas comprensibles: ¿existe alguna amenaza que todavía no conocemos?

Aquí debemos distinguir entre una recomendación preventiva y una alerta sobre un peligro inmediato. No hay motivos para interpretar estas campañas como prueba de una catástrofe mundial.
Las autoridades de protección civil suelen recomendar reservas domésticas porque, después de un desastre, los servicios básicos pueden tardar en restablecerse. Una familia que cuenta con agua, alimentos y suministros esenciales almacenados tiene mayores posibilidades de afrontar las primeras horas de una crisis sin depender de ayuda externa.
En otras palabras, prepararse no significa esperar que ocurra lo peor, sino reducir las dificultades si alguna vez sucede.
El riesgo del fenómeno de “El Niño”

A las recomendaciones de prevención se suma la preocupación por los posibles efectos del fenómeno de El Niño, que puede alterar los patrones de lluvia y temperatura en diferentes regiones del planeta.
Las perspectivas meteorológicas citadas en los reportes de octubre de 2026 advierten sobre riesgos de precipitaciones intensas en algunas zonas y condiciones más secas en otras.
En países como Perú y Ecuador, estas variaciones pueden aumentar la preocupación por inundaciones y otros efectos de las lluvias, mientras que en determinadas áreas de Asia y el Pacífico existe inquietud por la reducción de precipitaciones y sus consecuencias para la agricultura y el abastecimiento de agua.

No obstante, los efectos de El Niño no son iguales en todas partes. Dependen de la región, la época del año y la evolución de las condiciones oceánicas y atmosféricas. Por eso, las familias deben consultar los avisos actualizados de sus respectivos servicios meteorológicos y organismos de gestión de riesgos, en lugar de asumir que todas las noticias sobre este fenómeno describen lo que sucederá en su localidad.
Tampoco debe confundirse un pronóstico climático con una predicción del fin del mundo. Los fenómenos naturales pueden generar emergencias graves y requieren preparación, pero no permiten establecer fechas para acontecimientos cataclísmicos.
Para los cristianos, la incertidumbre puede convertirse en una oportunidad para actuar con responsabilidad.
Lo que la Iglesia de Jesucristo enseña sobre prepararse para las emergencias

Mucho antes de que las redes sociales comenzaran a difundir recomendaciones sobre almacenamiento, los líderes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ya enseñaban la importancia de la preparación temporal.
En 1860, el presidente Brigham Young habló sobre la necesidad de conservar provisiones para afrontar posibles épocas de escasez. Décadas después, en abril de 1937, el presidente J. Reuben Clark, hijo, integrante de la Primera Presidencia, aconsejó a las familias almacenar alimentos, ropa y, cuando fuera posible, combustible suficiente para un año.
Estas enseñanzas continuaron durante el siglo XX y fueron adaptándose a las circunstancias de los miembros de la Iglesia.

En 2007, la Primera Presidencia publicó orientaciones que invitaban a comenzar con una reserva de alimentos que las familias consumieran habitualmente, procurando alcanzar gradualmente una provisión para tres meses. También se recomendaba almacenar agua potable, establecer una reserva económica y, según las posibilidades y las condiciones locales, considerar alimentos de almacenamiento prolongado.
Actualmente, la Iglesia de Jesucristo mantiene este principio, pero también advierte contra los extremos. En la sección 38.8.16 del Manual General de la Iglesia de Jesucristo, dedicada a la preparación extrema o supervivencia, nos dice:
“Se alienta a los miembros a prepararse espiritual y físicamente para las dificultades de la vida; Sin embargo, los líderes de la Iglesia desaconsejan la preparación extrema o excesiva para posibles eventos catastróficos… Los esfuerzos para prepararse deben estar motivados por la fe, no por el temor”.

Por eso, la enseñanza detrás de este principio es no endeudarse con tal de «prepararse”, sino en hacerlo de forma gradual, responsable y sostenible.
Quien no puede almacenar alimentos para varios meses puede comenzar con lo necesario para unos días. Lo importante es avanzar de acuerdo con las circunstancias personales, sin comprometer el bienestar económico de tu familia.
¿Qué deberías almacenar para afrontar una emergencia?
El primer paso consiste en identificar qué necesitaría realmente tu familia si durante tres días no pudiera acceder con normalidad a los servicios básicos o los comercios. Las recomendaciones de organismos de salud pública y las guías de preparación de la Iglesia permiten organizar una reserva básica sin gastos excesivos.
Entre algunas opciones a tu consideración, estas son las más básicas.
Agua potable

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan almacenar al menos un galón de agua por persona y por día, equivalente a aproximadamente 3,8 litros.
Por lo tanto, para una emergencia de tres días, una persona necesitaría cerca de 12 litros de agua, mientras que una familia de cuatro integrantes debería procurar disponer de unos 48 litros. Si las circunstancias lo permiten, los CDC aconsejan ampliar la reserva hasta dos semanas.
El agua embotellada comercialmente y sin abrir es una buena opción. También pueden utilizarse recipientes limpios, resistentes y aptos para almacenar agua potable, siempre que estén bien cerrados y alejados del calor, la luz solar directa y las sustancias tóxicas.
Si se llenan recipientes en casa, es importante colocarles una etiqueta con la fecha y renovar el agua cada seis meses. Además, nunca deben reutilizarse envases que hayan contenido pesticidas, combustibles u otras sustancias peligrosas.
Alimentos que puedan consumirse sin cocinar

Una reserva de emergencia debe incluir alimentos que la familia acostumbre consumir y que puedan conservarse sin refrigeración.
Entre las opciones prácticas se encuentran las conservas de pescado, carne y verduras, las legumbres listas para consumir, las galletas, los frutos secos y otros productos no perecederos. También es recomendable disponer de un abrelatas manual, especialmente si ocurre un apagón.
Para períodos más prolongados pueden almacenarse arroz, avena, pasta, lentejas y frijoles secos, aunque conviene recordar que muchos de estos alimentos requieren agua y combustible para su preparación.

Tan importante como elegir los productos es conservarlos correctamente. Deben mantenerse en lugares frescos y secos, protegidos de la humedad, los insectos y las inundaciones.
Lo más recomendable es comprar algunos productos adicionales cuando sea posible, consumir primero los más antiguos y reponer lo utilizado. Así, las provisiones forman parte de la alimentación habitual de la familia y no terminan desperdiciándose.
¿Qué debe contener una mochila de emergencia?

Tener alimentos almacenados en casa puede ayudar durante una interrupción de servicios, pero algunas emergencias obligan a evacuar rápidamente la casa. Por eso también es importante preparar una mochila que pueda transportarse sin dificultad.
Según las necesidades de cada hogar, el kit de una mochila de emergencia básica puede incluir:
- Agua potable y alimentos fáciles de transportar.
- Un botiquín de primeros auxilios y medicamentos personales.
- Una linterna, baterías de repuesto y un silbato.
- Una radio portátil que funcione con pilas o mediante una manivela.
- Una batería externa cargada para el teléfono celular.
- Artículos de higiene y una muda de ropa.
- Copias de documentos importantes protegidas del agua.
- Dinero en efectivo, preferiblemente en billetes pequeños.
- Una lista escrita de contactos de emergencia.

También deben considerarse las necesidades particulares de bebés, adultos mayores, personas con discapacidad, familiares que requieren medicamentos específicos y mascotas.
La mochila debe revisarse periódicamente para reemplazar productos vencidos, comprobar el funcionamiento de los equipos y actualizar los documentos o medicamentos.
Además de prepararse con una mochila de emergencia, también conviene conocer las rutas de evacuación, identificar lugares seguros y acordar con la familia un punto de encuentro en caso de que las comunicaciones fallen.
La guía gratuita de preparación para emergencias de la Iglesia ofrece orientaciones sobre estos aspectos, además de recursos para elaborar planes familiares, organizar las finanzas y almacenar alimentos.
“Si estáis preparados, no temeréis”

En Doctrina y Convenios 38:30 se encuentra una enseñanza que ha acompañado durante generaciones a los Santos de los Últimos Días y que cobra especial sentido ahora en el marco de las preocupaciones mundiales:
“Si estáis preparados, no temeréis”.
Este principio no significa que las provisiones almacenadas nos protegerán de cualquier peligro. Más bien, invita a desarrollar hábitos que permitan enfrentar las dificultades con mayor serenidad, responsabilidad y confianza en Dios.

También nos recuerda que la preparación temporal ante emergencias está relacionada con la autosuficiencia, la administración prudente de los recursos y el cuidado de la familia. Además de eso, estar preparados también nos permite ayudar a otros a no temer.
En abril de 1976, el obispo Vaughn J. Featherstone, entonces Segundo Consejero del Obispado Presidente, enseñó sobre la importancia del almacenamiento de alimentos y la posibilidad de utilizar esas reservas para ayudar a otras personas cuando surgieran dificultades.
Desde esa perspectiva, la preparación ante emergencias también puede convertirse en una expresión de amor al prójimo.
Entonces, ¿se acerca el fin del mundo?

Para quienes relacionan las noticias actuales con las profecías sobre los últimos días, es importante recordar que Jesucristo enseñó que nadie conoce el día ni la hora de Su regreso, como se registra en Mateo 24:36.
Las advertencias recientes en todo el mundo no deben utilizarse para anunciar fechas del fin del mundo ni para generar temor.
La preparación que promueve la Iglesia de Jesucristo es útil incluso cuando no ocurre una gran catástrofe. Una reserva de alimentos puede ayudar durante una pérdida de empleo, una enfermedad, un desastre local o cualquier situación que afecte temporalmente los ingresos y servicios de una familia.

Por eso, no es necesario esperar a que aparezca una noticia alarmante para comenzar.
Quizá esta semana puedas empezar almacenar algunos litros de agua, comprar un par de alimentos adicionales, revisar tu botiquín o conversar con tu familia sobre qué hacer durante una emergencia.
Esas acciones sencillas pueden marcar una gran diferencia ante el peligro real. Al final, estar preparados no significa vivir esperando una tragedia, sino estar en mejores condiciones para proteger a quienes amamos y ayudar a otros cuando más lo necesiten.
