¿Tenemos evidencia no bíblica de que Jesús existió?

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Las declaraciones del evangelio de Jesucristo y de la Restauración de los últimos días no son meras reflexiones vagas o inventos, están ancladas en la historia del mundo.

No mucho después del final de la Segunda Guerra Mundial, C.S. Lewis, un autor británico y cristiano, tuvo la oportunidad de hablar con un grupo de mecánicos de la Fuerza Aérea Real (RAF) del Reino Unido. 

Este grupo estaba conformado por hombres inteligentes pero de clase trabajadora, ciertamente no eran miembros de la élite educativa a la que pertenecía Lewis en Oxford o Cambridge. 

El ensayo “Dios en el Banquillo”, contiene la reflexión sobre aquella experiencia con el grupo de hombres. Lewis escribió:

“El hombre culto habitualmente, ve el presente, casi sin darse cuenta, como algo que surge de una larga perspectiva de siglos. En las mentes de mis oyentes de la RAF, esta perspectiva simplemente no existía. A mi entender, no creían realmente que tuviéramos conocimiento seguro alguno del hombre histórico.

Pero, curiosamente, esta creencia se combinaba a menudo con la convicción de que sabíamos mucho sobre el hombre prehistórico. Sin duda porque el hombre prehistórico es calificado como “ciencia” (que es segura), mientras que Napoleón o Julio César se consideran como “historia” (que no lo es). Tenían, pues, una imagen seudo científica del “hombre de las cavernas” y una concepción del “presente” llena casi por completo de fantasías.

Yo había supuesto que la razón de que mis oyentes no creían en el Evangelio era porque se habían registrado milagros. Sin embargo, mi impresión es que no creían en él sencillamente porque trataba de cosas que habían ocurrido hacía mucho tiempo.

Ellos podrían haber mostrado casi la misma incredulidad sobre la batalla de Actium que sobre la resurrección, y por las mismas razones”. 

Ese pasaje me vino a la mente con fuerza cuando, hace unas tres semanas, recibí un comentario agresivo en mi blog. Me dijo que era ateo desde hace once años y buscaba atacar a José Smith y a los testigos del Libro de Mormón. 

Pronto se hizo evidente que él no tenía ni un conocimiento básico sobre estos temas, por lo que sus críticas fueron erróneas y poco interesantes.

Él me comentó que Jesús y todos los demás personajes bíblicos mencionados en la Biblia habían sido un total invento, creía que fueron creados por el Concilio de Nicea a principios del siglo IV.

Esa es una afirmación extrema, y ​​la expresó de la forma más extrema que pudo. Dudo que haya un solo estudio serio del tema, en cualquier parte del mundo, ya sea de un creyente o no creyente, que respaldara esa creencia. 

Poco después me complació ver que un nuevo artículo de Lawrence J. Mykytiuk, “Personajes religiosos del Nuevo Testamento comprobadas”, aparecía en la edición de verano de 2021 del “Biblical Archaeology Review” (BAR).

Es el último de una serie de cinco artículos relacionados y muy relevantes publicados en la revista del BAR por el Dr. Mykytiuk, quien tiene un Ph.D. en Estudios Hebreos y Semíticos de la Universidad de Wisconsin en Madison.

Desde 2014, Mykutiuk ha presentado evidencia textual arqueológica y extrabíblica antigua para 53 personajes en la Biblia hebrea o el Antiguo Testamento, y para 23 figuras políticas del Nuevo Testamento, así como para el mismo Jesús.

En este último artículo, el Dr. Mykytiuk también realizó la búsqueda de corroboraciones más allá de los textos cristianos, buscando descubrir si las fuentes más o menos contemporáneas mencionan alguna de las figuras específicamente religiosas del Nuevo Testamento.

Los personajes políticos, observó, suelen ser más fáciles de confirmar que los netamente religiosos, debido a que los gobernantes y los políticos tienen un “fuerte interés propio en establecer imponentes monumentos de piedra y acuñar monedas para hacer que su propio gobierno, riqueza, poder y gloria parezcan permanentes e invencibles”.

Escrituras

La evidencia física antigua rara vez, o nunca, perdura para las figuras religiosas, que generalmente no estaban en condiciones de acuñar monedas o encargar estatuas y pueden haber sentido poca o ninguna necesidad de tales cosas.

Mykytiuk redactó:

“Aún así, tenemos evidencia no cristiana de al menos siete figuras religiosas del Nuevo Testamento: Jesús de Nazaret. . . y al menos seis más, que aparecen en los manuscritos del historiador judío Flavio Josefo: “Antigüedades judías”, “Las guerras de los judíos”, “La vida de Josefo”; y en la primera parte del Talmud, “La Mishná”.

La metodología de Mykytiuk es conservadora, lo que en última instancia genera confianza en sus conclusiones. Él expresó:

“Para hacer una identificación contundente, uno debe interpretar los escritos antiguos fuera de la Biblia mediante otros escritos similares, no la Biblia, y asegurarse de que: (1) las fuentes sean genuinas, no falsificadas o poco confiables; (2) que el escenario de tiempo y espacio de la persona en la escritura antigua coincida con el escenario de la persona en la Biblia; y (3) que las características de una persona, como el nombre, el nombre del padre, el cargo o el lugar de trabajo, distinguen a dos personas diferentes entre sí y eviten la impresión de que son la misma”.

Entonces, ¿quiénes son las seis figuras a las que el Dr. Mykytiuk proporciona información extra bíblica confirma en este nuevo artículo?

Personajes comprobados

biblia

Gamaliel el Viejo, quien, como se registra en Hechos 5: 33-40, juega un papel destacado en la historia del movimiento cristiano primitivo. Aparece a menudo en la Mishná y también figura en “La vida de Josefo”.

Juan el Bautista, quien de manera aún más prominente y dramática sirvió como precursor del advenimiento de Jesús, también se menciona en el manuscrito “Antigüedades judías” de Josefo.

santiago hermano de Jesús

Santiago

Santiago (o, más exactamente, Jacob), el hermano de Jesús, también se le conoce como “Santiago el Justo”. No debe confundirse con el apóstol Santiago, hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Amado. 

El apóstol Santiago abandonó sus redes en la orilla del mar de Galilea para seguir a Jesús, y fue ejecutado por el rey Herodes Agripa I, probablemente alrededor del año 44 d.C. (Véase Hechos 12: 2).

Santiago el Justo, por el contrario, permaneció como un incrédulo durante el ministerio público de Jesús, y solo llegó a la fe después de la resurrección de su medio hermano. 

Se convirtió en un líder importante de la iglesia en Jerusalén y se dice que fue martirizado alrededor del año 62 d.C., bajo el reinado del emperador romano Nerón, y de aquello se hace mención en las “Antigüedades judías” de Josefo.

Anás

Anano o, como se le llama el Nuevo Testamento, Anás, fundó una dinastía de sumos sacerdotes judíos y, como era de esperar para un personaje tan importante, también se encuentra en el manuscrito “Antigüedades judías” de Josefo. 

Para la época de Jesús, sin embargo, había sido destituido. Pero continuó siendo el verdadero poder detrás del trono del sumo sacerdote. Según Juan 18:13, era el suegro de Caifás, el sumo sacerdote que presidió el falso juicio de Jesús.

caifas

Caifás

El sumo sacerdote Caifás, quizás para ser llamado más exactamente “José, hijo de Caifás, es otro personaje que puede ser confirmado por una fuente extrabíblica: al igual que su suegro, Anás, Josefo lo menciona en “Antigüedades Judías”.

Finalmente, Ananías, hijo de Nebadaios, era el sumo sacerdote judío en el momento en que presidió el juicio del apóstol Pablo en o alrededor del 57 d.C. (Véase Hechos 23: 1-10). Josefo lo menciona tanto en “Antigüedades judías” como en “Las ds de los judíos”.

Jesús de Nazaret

“In His Keeping” por Yongsung Kim

Como era de esperar, el autor centró su investigación en la historia cristiana y en el movimiento cristiano, Jesús se encuentra en una gama aún más amplia de fuentes extrabíblicas antiguas, incluidos los “Anales” del historiador romano Tácito, “Antigüedades de los judíos” de Flavio Josefo, “La verdadera doctrina” del polemista anticristiano Celso y “El paso de Peregrinus” de Luciano de Samosata.

Resumiendo su trabajo, el Dr. Mykytiuk concluye lo siguiente:

“El número de personajes confirmados del Nuevo Testamento ahora consta de al menos siete figuras religiosas (Jesús y las seis anteriores), más 23 figuras políticas, actualmente 30 en total. Cuando se agregan a las 53 personas documentadas en la Biblia hebrea, llegamos a un total de 83 personajes reales de la Biblia, por ahora”.

Por supuesto, tal documentación no demuestra que Jesús realmente resucitó de entre los muertos o expió nuestros pecados, ni mucho menos que Dios liberó a los hijos de Israel de la esclavitud egipcia o hizo entrega de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí.

Sin embargo, dado el hecho de que la mayoría de las personas, tanto en la antigüedad como en la actualidad, viven y mueren sin dejar mucho o ningún rastro de su existencia, tal evidencia está lejos de ser insignificante.

Esto señala la historicidad de la Biblia y fortalece en cierta medida que se puedan considerar sus afirmaciones teológicas.

En 2 Pedro 1:16 leemos:

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas astutamente inventadas, sino que con nuestros propios ojos hemos visto su majestad”.

Las afirmaciones del evangelio de Jesucristo y de la Restauración de los últimos días no son meras reflexiones vagas o inventos. Se apoyan y están firmemente ancladas en la historia real del mundo real. El cristianismo cae o surge con una pequeña cantidad de afirmaciones históricas básicas.

segunda venida Semana Santa

El profeta José Smith declaró:

“Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente dependencias de esto”. 

O, como dijo C.S. Lewis en otro ensayo:

“El corazón del cristianismo es un mito que a su vez es un hecho. El viejo mito del Dios Agonizante, sin dejar de ser mito, desciende desde el cielo de la leyenda y la imaginación a la tierra de la historia. El hecho ocurre un día concreto, en un lugar particular, y está seguido de consecuencias históricas definibles.

Pasamos de un Balder o un Osiris, que nadie sabe cuándo o dónde murieron, a una Persona histórica crucificada bajo Poncio Pilato (todo está en orden) que no deja de ser mito por haberse hecho realidad: he ahí el milagro”.

Fuente: Meridian Magazine

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