Si alguna vez has asistido a una reunión sacramental en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, seguramente has visto las clásicas bandejas con pequeños vasitos de agua que los jóvenes reparten entre la congregación.
Para los Santos de los Últimos Días, ese momento es muy sagrado, pero pocos conocen la historia detrás de esta práctica común.
De hecho, la forma en que se ha administrado la Santa Cena ha cambiado varias veces a lo largo de casi dos siglos debido a necesidades comunes y es probable que ni siquiera sepas cómo se originaron estos cambios. Esta es la historia de cómo estas bandejas con los vasitos de agua llegaron a convertirse en uno de los elementos más reconocibles de la reunión sacramental.
Los inicios de la Santa Cena

Cuando la Iglesia de Jesucristo fue organizada oficialmente el 6 de abril de 1830, una de las primeras ordenanzas celebradas fue precisamente la Santa Cena.
Las revelaciones dadas al profeta José Smith enseñaban que la Iglesia debía reunirse con frecuencia para participar del pan y del vino «en memoria del Señor Jesús», siguiendo el modelo que Cristo estableció tanto en el Nuevo Testamento como en el Libro de Mormón.
En aquellos primeros años no existían capillas ni edificios de reuniones como ahora. Por eso, los miembros se reunían en casas, graneros o cualquier lugar disponible, y la frecuencia con la que participaban de la Santa Cena variaba según las circunstancias.
Con el paso del tiempo, especialmente después de la construcción del Templo de Kirtland en 1836, las reuniones sacramentales comenzaron a celebrarse semanalmente, una práctica que continúa hasta hoy. Sin embargo, en sus inicios, la Santa Cena no se administraba con agua.
Durante los primeros años de la Iglesia se utilizaba vino, tal como se hacía tradicionalmente en el cristianismo. Incluso existe una revelación registrada en Doctrina y Convenios 27 donde el Señor enseñó:
«No importa lo que comáis o bebáis al tomar el sacramento, si es que lo hacéis con la mira puesta únicamente en mi gloria».
Con el paso de los años, el vino fue reemplazado gradualmente por agua, lo que se terminó convirtiendo en el estándar de hoy.
Cómo era la primera «bandeja sacramental»

Aquí aparece uno de los datos históricos más llamativos y es que durante gran parte del siglo XIX no existían vasos individuales como los que ahora son parte del sacramento en las capillas. Entonces, ¿qué se usaba?
Pues, toda la congregación usaba una única copa grande de vino llamada la «copa común». Después de beberla, la copa era pasada a la siguiente persona, quien hacía exactamente lo mismo, hasta recorrer todo el salón.
Hoy esa idea puede resultar algo disgustante parra muchos, pero en aquella época era completamente normal. Compartir la misma copa era una práctica común tanto en contextos religiosos como sociales. Sin embargo esta práctica también presentaba dificultades.
Como la copa iba pasando fila por fila, quienes se sentaban adelante la recibían prácticamente llena y recién servida. En cambio, quienes estaban al fondo debían esperar bastante más tiempo antes de beber. Pero esa no fue la única razón que llevó a un cambio.
Lo que cambió definitivamente esta práctica

El cambio definitivo llegó a finales del siglo XIX y principios del XX, mientras el mundo comenzaba a comprender mucho mejor cómo se transmitían las enfermedades.
Las investigaciones de científicos como Louis Pasteur popularizaron la teoría de los gérmenes, y poco a poco hospitales, escuelas e iglesias empezaron a modificar muchas prácticas relacionadas con la higiene.
Ese cambio se aceleró enormemente durante la pandemia de gripe española de 1918, una de las más mortales de la historia moderna.
Con ese nuevo contexto de salud pública, compartir una misma copa pasó a representar un posible riesgo sanitario. Según los registros históricos de la Iglesia, desde 1911 muchas congregaciones comenzaron a reemplazar la copa común por pequeños vasos individuales.
Pero aquellos primeros vasitos eran muy diferentes a los actuales. Generalmente estaban fabricados de plata y, después de cada reunión sacramental, debían lavarse cuidadosamente para volver a utilizarse el domingo siguiente.
Las bandejas sacramentales también eran distintas ya que tenían decenas de pequeños orificios diseñados específicamente para sostener esos recipientes reutilizables.
La llegada de los vasos desechables

Aunque el nuevo sistema resolvía los problemas sanitarios, un nuevo desafío apareció: tener que lavar los vasos uno por uno, secarlos y volverlos a colocar en las bandejas para la semana siguiente.
Realizar esa tarea cada semana era algo muy trabajoso para quienes preparaban la Santa Cena. Es por eso que, durante el siglo XX, comenzaron a utilizarse pequeños vasos de plástico y, en algunos lugares, de papel.
Esto simplificó enormemente la preparación y limpieza de la Santa Cena. Hoy la mayoría de los centros de reuniones emplean estos pequeños recipientes desechables, aunque el diseño tradicional de las bandejas metálicas prácticamente no ha cambiado.
De hecho, muchas personas ni siquiera saben que los orificios circulares de las bandejas fueron creados originalmente para sostener pequeños vasos de vidrio.
Lo que nunca cambió fue el propósito de la ordenanza

Aunque los recipientes del pan y agua de la Santa Cena han cambiado con el tiempo, su propósito permanece exactamente igual desde los días del Salvador. El presidente Dallin H. Oaks enseñó:
«La ordenanza de la Santa Cena hace que la reunión sacramental sea la más sagrada e importante de la Iglesia».
Por esa razón, los miembros de la Iglesia de Jesucristo centran su adoración del día de reposo en esta ordenanza, procurando participar de ella con reverencia y reflexión.
Aunque la manera práctica de administrar la Santa Cena ha cambiado con el paso del tiempo, la invitación simbólica detrás de esta práctica nunca cambió: recordar el sacrificio del Salvador y centrar nuestra adoración en Él.
Fuentes: Called To Share, Temas de la historia de la Iglesia (Reuniones sacramentales)
