El Espíritu Santo está muy involucrado con nuestros sentimientos. Sin embargo no todas las experiencias espirituales nos harán derramar algunas lágrimas

Este artículo es más un anuncio de servicio público que cualquier otra cosa, así que empecemos.

Comprender el lenguaje del Espíritu Santo es algo desafiante, especialmente porque habla a cada persona de manera un poco (o extremadamente) diferente. Sin embargo, lo que sí sabemos es que algunos de los frutos del Espíritu son “amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza”.

En otras palabras, el Espíritu está muy involucrado con nuestros sentimientos. Algunas personas pueden interpretar que esto significa que cuando sienten el Espíritu, se emocionarán y que en ocasiones derramarán algunas lágrimas. Pero eso no siempre es cierto.

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Una suposición peligrosa

llorar por el espíritu

Por supuesto, muchas personas lloran cuando sienten el Espíritu, y eso está bien, pero no es un requisito. Existe el peligro de suponer que sentir el Espíritu debe equipararse con sentirse muy emotivo o tener ganas de llorar.

Por ejemplo, todos y cada uno de los Santos de los Últimos Días se esfuerza por tener un testimonio basado en el Espíritu de la veracidad del Evangelio. Queremos tener experiencias espirituales. Queremos la compañía constante del Espíritu. 

Pero si las únicas experiencias espirituales que aceptamos como válidas son aquellas que nos hacen llorar, es posible que nos estemos perdiendo de experiencias claves para el fortalecimiento y crecimiento de nuestro testimonio las cuales se manifiestan de diferentes maneras. 

Dios

Podemos llegar a sentir que hay algo mal en nosotros o que somos culpables de alguna manera cuando las experiencias que nos deberían llenar de lágrimas simplemente no suceden.

Tómame a mí, por ejemplo. Hace varios años serví una misión de tiempo completo. Me pasé casi cada instante del día durante dos años concentrándome y dedicándome al Evangelio de Jesucristo. Sólo lloré una vez en mi misión: el último día.

He oído decir, en muchas palabras, que si no lloras en tu misión, es porque estás haciendo algo mal. Ese tipo de mentalidad puede destruir a un misionero que siente el Espíritu de manera diferente al resto.

No soy de llorar y si tú tampoco lo eres, no hay absolutamente nada de malo con eso. No significa que no estés sintiendo el Espíritu y no significa que estés haciendo algo mal.

El peligro de fabricar experiencias espirituales

luz espíritu santo

Lo último que quiero hacer es minimizar la validez de las sinceras experiencias espirituales que pueden generar lágrimas. No hay nada malo con ellas. Pero cuando asumimos que esta es la única forma en que trabaja el Espíritu, nos abrimos a una situación peligrosa.

Por ejemplo, recientemente escuché una queja de algunas Santos de los Últimos Días sobre la forma en que se desarrollan sus lecciones en la Sociedad de Socorro. Sentían que demasiadas lecciones parecían estar diseñadas para que sean sensibles y evoquen lágrimas. Con demasiada frecuencia, las lecciones fueron relacionadas con el dolor o que trataban únicamente de temas pesados ​​y emocionales.

Por supuesto, no hay nada de malo en lidiar con ese tipo de problemas reales durante la lección, pero lo que estas hermanas sintieron fue como si las maestras estuvieran tratando de fabricar experiencias espirituales al tratar de hacerlas derramar algunas lágrimas. Porque de seguro, si las personas están llorando es porque están sintiendo el Espíritu. 

Si bien puede ser bien intencionado, este tipo de escenario muestra un malentendido sobre cómo funciona verdaderamente el Espíritu.

El Presidente Howard W. Hunter advirtió sobre este tipo de problema en un discurso dado al personal del Sistema Educativo de la Iglesia en 1989:

“Permítanme brindarles una advertencia sobre este tema. Creo que si no tenemos cuidado, como los maestros profesionales que trabajan en un aula todos los días, podemos comenzar a tratar de falsificar la verdadera influencia del Espíritu del Señor por medios indignos y manipuladores.

Me causa preocupación cuando parece que las emociones fuertes o las lágrimas que fluyen libremente se comparan con la presencia del Espíritu. Ciertamente, el Espíritu del Señor puede brindar fuertes sentimientos, incluyendo lágrimas, pero esa manifestación externa no debe confundirse con la presencia del Espíritu mismo.

bendiciones prometidas

He visto a muchos de mis hermanos a lo largo de los años y hemos compartido algunas experiencias espirituales únicos e indescriptibles juntos. Todas esas experiencias han sido diferentes, cada una especial a su manera, y esos momentos sagrados pueden o no estar acompañados por lágrimas.

Muy a menudo lo son, pero a veces van acompañadas de un silencio total. Otras veces van acompañadas de alegría. Siempre van acompañadas de una gran manifestación de verdad, de revelación del corazón.

Descúbrelo por ti mismo

Tienes que descubrir por ti mismo cómo te sientes cuando sientes el Espíritu. Puede que esté acompañado de emociones fuertes, o puede que no. 

Para mí, el Espíritu a menudo se siente como un repentino flujo de inteligencia o luz en mi mente. De repente entiendo algo o encuentro una conexión que antes desconocía. Aprendo verdades y me siento bien. 

Otras personas pueden simplemente sentir paz, o gozo. Pero también hay muchas personas que se emocionan cuando sienten el Espíritu. Tal vez eres uno de ellos, o no. 

¡Te deseo toda la suerte del mundo en tu viaje por descubrirlo!

¿Cómo se comunica el Espíritu contigo? ¡Háznoslo saber dejándonos un comentario!

PD. Como probablemente ya te hayas dado cuenta, este artículo está escrito desde la perspectiva de un hombre. También hay un artículo muy similar en nuestro sitio web escrito desde la perspectiva de una mujer que puedes leer aquí.

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado originalmente por thirdhour.org bajo el título “Watch: Latter-day Saint Creates Heartwarming Children’s Christmas Song in English and Spanish