¿Estamos confundiendo nuestros sentimientos con experiencias espirituales?

experiencias espirituales

Sentir el espíritu puede ser diferente para cada persona, pero ¿podemos confundir nuestras emociones y sentimientos por experiencias espirituales? Podemos buscar y orar para sentir el Espíritu, pero nunca debemos intentar fabricar su influencia. No está en nuestro poder hacerlo.

A lo largo de los años me ha preocupado que, con demasiada frecuencia, nuestros jóvenes (y, desafortunadamente, incluso algunos de nuestros miembros más antiguos) son propensos a confundir experiencias emocionales con el espíritu, las lágrimas con un testimonio.

Déjame ilustrarlo mejor.

En una mutual por la noche, cuando salí de la oficina de mi obispo, observé que las hermanas de la clase de Laureles estaban reunidas en el pasillo en medio de lo que parecía ser una conversación fascinante. Parecían estar hablando de una de las mujeres jóvenes de su clase que, durante el último año, se había alejado de la Iglesia.

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Escuché a una de las jóvenes decir con seguridad: “Bueno, puedo decirles esto, ella no tiene un buen testimonio”. Una de las jóvenes preguntó. “¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo lo sabes?” La primera joven respondió: “Bueno, piénsalo por un momento. La he visto dar su testimonio muchas veces, ¡pero nunca la he visto llorar!”

Hubo una pausa, un momento de reflexión por parte de las doce mujeres jóvenes, y luego una expresión bastante visible. La mayoría de ellas asintió estando de acuerdo con esa declaración.

Hace muchos años, le di muchas clases a estudiantes de secundaria y de último año de seminario. Los jóvenes en último año de seminario eran un grupo extraordinario.

Durante la primera parte del año, sin embargo, noté que casi todas las experiencias espirituales al comenzar la clase involucraban algún tipo de historia sobre la muerte. Alguien se estaba muriendo o dando su sangre o algo por el estilo.

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Hablé con el presidente de la clase después de la tercera semana y le pregunté: “Fred, ¿qué pasa con las experiencias espirituales?”

Él respondió: “¿Acaso no son geniales?”

Yo le respondí: “¿Por qué todos las experiencias espirituales se tratan de historias de muerte? ¿Por qué tenemos que hablar de muertes?”

Fred respondió cortésmente, pero la expresión de su rostro revelaba el hecho de que mi pregunta lo había desconcertado por completo. 

“Hermano Millet”, me respondió enseguida, “¿De qué otra manera se supone que debemos hacer que los chicos lloren?”

En esa clase nos centramos en lo que realmente es una experiencia espiritual.

No hay duda de que cuando tenemos una experiencia espiritual genuina, podemos ser movidos por el espíritu. 

 

conferencias generales

Las lágrimas pueden venir fácilmente para algunos de nosotros, y jamás deberíamos sentir la más mínima vergüenza por tal cosa. Sin embargo, hacemos un gran mal en nosotros mismos y en nuestros jóvenes si empezamos a creer que una experiencia muy emotiva es siempre una experiencia espiritual. Las lágrimas pueden venir, pero nunca deberían ser provocadas, manipuladas o buscadas.

En una clase, por ejemplo, hay muchas cosas que el maestro que enseña el evangelio puede hacer a través del estudio, la oración, la preparación, la organización y la presentación de su clase; él o ella no debe buscar usurpar el papel del Espíritu Santo.

El Espíritu es el Consolador. Él es el Revelador y el Transformador. Él es, en realidad, el Maestro. Nos esforzamos por ser un instrumento en las manos del Señor. Podemos buscar y orar para sentir el Espíritu, pero nunca debemos intentar fabricar su influencia. No está en nuestro poder hacerlo.

El Presidente Howard W. Hunter, al hablar con el personal del Sistema Educativo de la Iglesia, dijo:

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Presidente Howard Hunter

“Permítanme hacerles una advertencia… Creo que si no tenemos cuidado como maestros… quizás tratemos de falsificar la verdadera influencia del Espíritu del Señor empleando medios indignos y manipuladores. 

Me preocupa el que a veces equiparemos las emociones fuertes o el derramar lágrimas con la presencia del Espíritu. Ciertamente, el Espíritu del Señor puede ocasionar emociones fuertes, incluso lágrimas, mas esa manifestación exterior no debe confundirse con la presencia del Espíritu en sí.

He visto a muchos de mis hermanos a lo largo de los años y hemos compartido algunas experiencias espirituales únicas e indescriptibles juntos. Todas esas experiencias han sido diferentes, cada una especial a su manera, y esos momentos sagrados pueden o no estar acompañados por lágrimas.

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Muy a menudo lo son, pero a veces van acompañadas de un silencio total. Otras veces van acompañadas de alegría. Siempre van acompañadas de una gran manifestación de verdad, de revelación del corazón.

Dejen que venga de manera natural, puede que tal vez hayan lágrimas, puede que no las haya. Si lo que compartes es verdadero, y lo dices de manera real y sincera, los jóvenes sentirán que se les está enseñando el Espíritu de la Verdad y reconocerán que la inspiración y la revelación han llegado a sus corazones. 

Así es como fortalecemos su fe. Así es como fortalecemos sus testimonios, con el poder de la Palabra de Dios enseñado con verdad y convicción.”

Este artículo fue escrito originalmente por Robert L. Miller y es una adaptación del libro “The Holy Spirit: His Identity, Mission, and Ministry” y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Are We Confusing Emotional Experiences with Spiritual Experiences?

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