Para algunos, el encontrar algo por lo que podemos estar agradecidos puede ser tan difícil como encontrar agua en el desierto. 

La vida puede darnos algunas pruebas y desafíos que no siempre nos permiten contar nuestras bendiciones o que nos sintamos agradecidos por lo poco que sentimos que tenemos ni mucho menos darnos la felicidad que necesitamos. 

Para ayudarte a tener mayor felicidad y gratitud en tu corazón, aquí te traemos 7 consejos que te ayudarán cuando sientas que ya no puedes seguir más.

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1. Servir a otros

servir en una misión

He descubierto que servir a los demás me ayuda a poner mis propios desafíos en una perspectiva diferente. Puede que parezca que no tiene sentido, pero les prometo que sí. Cuando te tomas el tiempo para mirar a tu alrededor y notar los desafíos de los demás, te das cuenta de que no eres el único que pasa por tribulaciones.

En el 2017, Time publicó un artículo titulado “El secreto de la felicidad está en ayudar a otros” y explica que existe evidencias científicas que respalda la idea de que el dar es la puerta hacia el crecimiento personal y a la felicidad duradera.

El servicio toma muchas formas. El servicio Servir se puede hacer tan sólo dando un cumplido sincero u ofreciendo una sonrisa a alguien, o quizá algo que requiera más preparación, como prestar servicio en un hospital o repartir víveres a personas de bajos recursos.

Otro de mis pasatiempos favoritos es escribir a mano notas de agradecimiento. Escribir notas de agradecimiento me ayuda a recordar a todas las personas maravillosas de mi vida y todo lo que han hecho por mí.

2. Rodéate de personas

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Cuando no tienes a tu familia cerca, es fácil pensar que estás solo. ¡No te permitas creer esto! Puedes compartir con tus amigos o los miembros de tu barrio. Vuélvete a tu comunidad y ve si hay otras personas que necesitan de alguien, una familia provisional. Ayúdalos a darse cuenta de que ellos tampoco están solos.

3. Encuentra gozo en las pequeñas cosas

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Aunque puede que sientas que no hay grandes cosas en tu vida por las que podrías estar agradecido, te animo a que sientas gratitud por las tiernas misericordias que vemos cada día de nuestras vidas.

Tomarse el tiempo para agradecer las cosas simples y sencillas, que a menudo se pasan por alto, como la tecnología moderna, el agua caliente y la ropa, nos ayudará a recordar las cosas sencillas por las que podemos estar agradecidos.

En mi caso, encuentro gozo y felicidad en las pequeñas cosas, como cuando cambio de estación y suena una de mis canciones favoritas, o cuando escojo al azar una de mis gomitas favoritas, o cuando veo a un perro disfrutando de un paseo por el parque. 

Reconocer los pequeños momentos que nos traen felicidad es una manera simple de recordar todo lo bueno que nos rodea.

Me gusta escribir una lista de cosas por las que estoy agradecido cada noche en un diario. Escribir en un diario me ayuda a reconocer cada día todas las cosas por las que debo estar agradecido. Me ayuda a recordar que debo enfocarme en reconocer lo bueno, en lugar de concentrarme en mis desafíos.

4. Encuentra gratitud en ti mismo

Este puede ser un consejo difícil de seguir, especialmente en tiempos de tribulación, pero sí se puede lograr. Independientemente de tus debilidades, tienes un cuerpo. Eres capaz de vivir la vida en ese cuerpo. El espíritu que habita ese cuerpo está en constante aprendizaje, desarrollo y crecimiento. 

Encuentra gratitud y felicidad por lo que puede hacer tu cuerpo en lugar de mirar las cosas que desearíamos poder cambiar.

Como aprendemos en Mateo 25, Dios nos ha bendecido a cada uno de nosotros con varios dones y talentos. Es importante reconocer cuáles son estos y continuar desarrollándolos. 

Tómate un momento para sentarte y pedirle a Dios que te recuerde cuáles son. Luego, enumera estos talentos dados por Dios y lo que te agrada y amas de ti mismo. Comienza con cinco cosas. Toma esa lista y continúa haciéndola crecer. Cuélgala en algún lugar donde la veas todos los días. 

Recuerda las muchas cualidades con las que has sido bendecido y elige estar agradecido por ellas.

5. Leee material edificante

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Hay innumerables discursos sobre cómo poder ser agradecidos. Uno de mis discursos favoritos se llama “Agradecidos en cualquier circunstancia” por el presidente Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles. Una de mis partes favoritas fue cuando dijo:

“Aquellos que dejan a un lado la botella de la amargura y en vez de ello alzan la copa de la gratitud pueden encontrar una bebida purificante de sanación, paz y entendimiento.”

¡Qué hermoso es eso! Al ser más agradecidos, podemos encontrar alivio en nuestras pruebas y desafíos.

6. Celebra tus victorias, ya sean grandes o pequeñas

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Todos los días, logramos cosas, grandes o pequeñas. Algunos días tenemos que celebrar las cosas más pequeñas que requirieron mucha motivación, como levantarse de la cama, cepillarse los dientes o comer.

Si bien esto puede parecer una tontería, es importante reconocer lo que has logrado. No todos pueden ver o entender cómo en ciertos días, el hacer las cosas aparentemente básicas es en realidad una gran victoria. Sé amable contigo mismo.

Esta es también una oportunidad maravillosa para reflexionar sobre todo lo que has logrado hasta ahora en esta vida. Tómate el tiempo para estar agradecido por las pruebas que te han convertido en la persona que eres ahora y por las lecciones que aprendiste.

7. Ora para tener un corazón agradecido

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He descubierto que una de las cosas más importantes que me han ayudado cuando me resulta difícil estar agradecido es recurrir a Dios. Podemos orar para tener un corazón agradecido, esperando encontrar más cosas por las que podamos sentir gratitud. 

Podemos orar para tener los ojos para ver las cosas buenas en nuestras vidas. También podemos orar para ser Sus manos. Orar para tener oportunidades para servir a quienes nos rodean.

Se nos enseña que podemos llegar a ser como Jesucristo a medida que progresamos en esta tierra. Jesús constantemente sirvió a otros, específicamente a aquellos que no podían “devolver” ese servicio. Debemos buscar oportunidades para elevar a otros y acercarlos a Cristo.

Hay una historia que trata sobre una estatua de Jesucristo que fue dañada durante un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. Cuando la gente del pueblo encontró la estatua, observaron que las manos de la estatua habían sido afectadas de tal manera que no podían ser restauradas.

Algunos querían contratar a un escultor para que esculpiera nuevas manos, sin embargo al final dejaron la estatua como está. Se hizo un pequeño ajuste en la base de la estatua; se agregó un letrero con las palabras: “Ustedes son mis manos”.

Pidamos y oremos por ser Sus manos.

A veces parece que no podemos dejar de pensar en nuestros problemas y que nuestra felicidad está fuera de nuestro alcance, pero podemos cambiar nuestro enfoque y esforzarnos por ver los milagros que tenemos en el momento.

Contar las cosas simples y pequeñas que suceden en nuestra vida pueden abrir nuestros ojos a milagros y bendiciones que habíamos pasado por alto. Puede que sea difícil verlo, pero no es imposible.

Fuente: thirdhour.org