Un grupo de cristianos evangélicos entró hace poco a un salón de clases de Instituto con una petición sencilla: “Solo queremos aprender más sobre su Iglesia”, dijeron.
Al principio, la incertidumbre se apoderó del ambiente. Hoy en día, los diálogos interreligiosos suelen parecerse más a un debate teológico que a un discipulado sincero, por lo que el grupo local se preparó instintivamente para defender sus creencias. Sin embargo, lo que ocurrió después rompió todos los esquemas.

Durante noventa minutos abrieron las Escrituras, hablaron de Jesucristo, hicieron preguntas y compartieron risas. El encuentro dejó momentos tan significativos como ver a un Santo de los Últimos Días ofrecer la oración de apertura y a un evangélico la de clausura. Fue un momento sagrado, sincero y hermoso.
A mitad de la reunión, una reflexión colectiva cobró fuerza: así es exactamente como debería ser. No se trata de forzar un acuerdo en cada punto doctrinal, sino de experimentar un amor genuino entre personas que comparten el deseo sincero de seguir a Jesucristo, dejando de lado los malentendidos mutuos.
Lo que verdaderamente une

A pesar de las distintas tradiciones, descubrieron que compartían pilares esenciales:
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Un profundo amor por las Escrituras y la convicción de que la oración importa.
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El deseo ferviente de seguir al Salvador.
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La esperanza de que Dios sigue obrando en la vida de las personas comunes.
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Y, por encima de todo, una profunda amabilidad.

A veces se subestima el impacto que se genera cuando los creyentes dejan de verse como oponentes a vencer y empiezan a reconocerse como compañeros de búsqueda. La devoción de los evangélicos inspira; a su vez, los Santos de los Últimos Días ofrecen su enfoque en la familia, la creencia de que Dios aún habla hoy y, por supuesto, sus tradicionales papas fúnebres («funeral potatoes»).
La bondad, la luz y la verdad están esparcidas por la tierra de manera mucho más generosa de lo que se admite. El cielo se alegra cada vez que se habla de Cristo con sinceridad.
En un mundo alimentado por la indignación y la sospecha, tal vez una de las acciones más radicales que los creyentes pueden tomar es, simplemente, sentarse juntos en una habitación a hablar de Jesús.
Como bien señaló el élder Orson F. Whitney en 1928, la obra del Señor es demasiado vasta para un solo pueblo y «tiene necesidad de colaboradores tanto afuera como adentro… donde el Señor los ha colocado y donde mejor puede utilizarlos para el bien de todos».
Fuente: Called To Share
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@masfe.org Ayer, en el partido entre Costa de Marfil y Ecuador, esta escena llamó la atención. En medio de la tensión del juego, un jugador se alegró y se enfrentó al oponente. Pero un abrazo lo cambió todo. Esta actitud nos recuerda la valiosa enseñanza de Jesucristo: «Bienaventurados los pacificadores». Una actitud guiada por el amor tiene el poder de cambiar completamente una situación. ¿Cómo has estado tratando a la gente a tu alrededor? Piensa en ello. #masfe #mundial26 #pacificadores ♬ sonido original – Masfe.org
