Después de un divorcio, los hijos también necesitan tiempo para entender qué cambió en su familia. Sin embargo, menos de un mes después de separarse, una madre comenzó una nueva relación. Su novio pasa bastante tiempo en casa y convive con los niños.
La situación se volvió más tensa cuando el hijo de seis años le dijo:
“Mamá, no te cases con él porque harás llorar a papá”.

Ella creyó que su exesposo había influido en el niño para que dijera eso. Él asegura que nunca hablaría mal de su madre ni lo pondría en medio de sus problemas.
De hecho, cuando sus hijos mencionan al nuevo novio, suele cambiar de tema. Aunque no se opone a que su exesposa salga con alguien, siente que todo está sucediendo demasiado rápido. Entonces, ¿cómo puede responder sin involucrar a sus hijos en el conflicto?
Los hijos no deben sentirse responsables de sus padres

El primer paso es reconocer lo que provoca esta nueva relación. Puede haber tristeza, enojo, celos o preocupación. Sentirlo no convierte a nadie en una mala persona, pero esas emociones necesitan ser procesadas con otro adulto, no con los hijos.
Los niños observan constantemente a sus padres. Aunque nadie les diga directamente que algo está mal, pueden notar un cambio en el tono de voz, los gestos o la forma de reaccionar.

Si un hijo siente que su padre está sufriendo, quizá intente protegerlo. El comentario del niño podría haber nacido precisamente de esa preocupación. Por eso, es importante transmitirle que no necesita cuidar emocionalmente a ninguno de sus padres.
Se le puede responder con calma: “No tienes que preocuparte por mí. Yo estoy bien y los adultos podemos resolver nuestros asuntos. Tú puedes seguir queriendo a mamá y contarme cómo te sientes”. Ese mensaje le devuelve al niño su lugar. Él no tiene que elegir un lado, defender a nadie ni controlar las decisiones de los adultos.
Evitar el tema también puede preocuparlos

Decirles repetidamente que no hablen del novio puede parecer una forma de evitar problemas. Sin embargo, los niños podrían entender que su padre no soporta escuchar lo que ocurre en casa de su madre. En lugar de cerrar la conversación, conviene permitirles hablar.
Esto no significa interrogarlos sobre la nueva relación ni buscar información sobre la vida de la expareja. Se trata de escuchar lo que ellos están viviendo. Preguntas sencillas pueden ayudar: “¿Cómo te sentiste?”, “¿Hay algo que te incomode?” o “¿Qué piensas de todos estos cambios?”.

El padre no necesita opinar sobre el novio ni criticar las decisiones de su exesposa. Su tarea es ofrecer un espacio seguro donde sus hijos puedan expresar confusión, tristeza, enojo o incluso cariño hacia esa nueva persona.
Con la exesposa, lo mejor es responder sin entrar en acusaciones. Puede aclarar que no está utilizando a los niños como mensajeros y que también desea protegerlos de los conflictos adultos. Además, puede proponer que ambos eviten preguntarles qué sucede en la otra casa o pedirles que tomen partido.
No es posible controlar cuándo una expareja decide iniciar una nueva relación. Lo que sí se puede controlar es la manera de acompañar a los hijos. En medio de tantos cambios, ellos necesitan saber que pueden hablar, hacer preguntas y querer a ambos padres sin sentirse culpables.
Fuente: Meridian Magazine
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