Lo que la historia de Job nos revela sobre buscar una explicación a nuestros desafíos

Quizás ninguno se salve de haber especulado sobre por qué cierta persona tuvo tal desafío, o por qué alguien murió de forma tan repentina:

“Bueno, supongo que Dios necesitaba a esa persona en este momento”. Peor aún, podríamos haber emitido un juicio como: “Tal vez, esa persona no debía haber estado allí” o “Si esa persona hubiera estado viviendo el evangelio, quizás esto no hubiera sucedido”.

En resumen, cedemos a nuestra tendencia natural de tratar de encontrarle sentido a algo que no tiene explicación.

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A lo largo de los años, he aprendido que, por mucho que me gustaría que Él lo fuera, Dios no siempre es un Dios de explicaciones. Él simplemente no es así. Al menos no en esta vida. Como enseñó la hermana Sheri Dew:

“Aunque el Señor nos revela muchas cosas, nunca le ha dicho a Su pueblo del convenio todo acerca de todo. Se nos exhorta a ‘no dudar, sino a creer’ [Mormón 9:27]” (Worth the Wrestle, Salt Lake City: Deseret Book, 2017).

El libro de Job es el lugar perfecto para analizar el caso de alguien que enfrenta problemas que simplemente no tienen sentido.

Job tiene 42 capítulos, pero todo lo malo que le sucedió a Job, sucedió solo en seis versículos.

Llega un mensajero con malas noticias y antes de que termine de hablar, llega otro mensajero con más malas noticias. Luego, otro y ¡luego otro!

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“Y vino un mensajero a Job, que le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas pacían cerca de ellos, y acometieron los sabeos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para traerte las nuevas.

Aún estaba este hablando cuando vino otro, que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo que quemó las ovejas y a los criados y los consumió; solamente escapé yo para traerte las nuevas.

Todavía estaba este hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y dieron sobre los camellos y los tomaron, e hirieron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para traerte las nuevas.

Entretanto que este hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano, el primogénito,

y he aquí que un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para traerte las nuevas”. (Job 1: 14 – 19)

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El libro de Job comienza diciéndonos que Job era “perfecto y recto” y “temeroso de Dios y apartado del mal“.

Esos son muy buenos adjetivos. Pocas personas en las Escrituras fueron descritas de esta manera. En otras palabras, lo que le pasó a Job no tenía sentido.

La respuesta de Job a todas sus desgracias es una de las frases más citadas del Antiguo Testamento:

“Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!” (Job 1:21).

Con frecuencia, las tragedias ocurren en un instante. Así que pasamos toda nuestra vida tratando de lidiar con ellas y entenderlas.

Los primeros dos capítulos hablan sobre lo que le sucedió a Job. Los próximos 35 capítulos hablan sobre Job y sus amigos intentando comprender todo.

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Finalmente, en los últimos capítulos, el Señor reprende a Job y sus amigos por sus pensamientos erróneos.

Al principio, los amigos de Job solo se sentaban con él, sin decir nada, lo consolaban con su compañía.

Luego, las cosas empeoraron. Con el paso del tiempo, los amigos de Job trataron de explicar por qué estaba sufriendo.

En otras palabras, trataron de forzar las cosas para que tuvieran sentido, al menos para que tuvieran sentido en sus propias mentes, con su propia comprensión limitada y mortal, con resultados desastrosos.

Sacaron conclusiones falsas que causaron a Job más dolor y angustia, y nos dieron cuarenta capítulos más del Antiguo Testamento para leer.

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El libro de Job también nos obliga a hacernos algunas preguntas difíciles y precisas: ¿Por qué amamos al Señor? Bueno, ¡es obvio! Por todo lo que Él ha hecho por nosotros.

En casi todas las reuniones de testimonio, expresamos gratitud a Dios y ¡deberíamos hacerlo! Entonamos canciones sobre la bondad de Dios y cómo nos bendice mientras contamos nuestras bendiciones “una por una”. Cantamos por la “belleza del mundo” y “alabamos a Dios, de quien fluyen todas las bendiciones”.

Sin embargo, la historia de Job nos hace preguntarnos: “¿Amamos a Dios solo por lo que nos ha dado?”

Por supuesto que lo amamos.

Yo amo a Dios porque ha sido bueno conmigo. Pero, ¿lo amaríamos si no fuera bueno con nosotros? ¿Lo amaríamos si Él nos despojara de todo, incluyendo nuestras posesiones, nuestra familia y nuestra salud?

¿Podríamos seguir cantando: “Porque mucho me ha sido dado, yo también debo dar”, si Él nos hubiera despojado de todo sin ninguna razón? ¿Podríamos seguir amando a Dios si nuestro sufrimiento no tuviera sentido?

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La respuesta de Job a su propio sufrimiento nos dio algunas de las frases más famosas y citadas de todo el Antiguo Testamento:

Job 1:21: “Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!”

Job 2:10: “¿Recibiremos de Dios ael bien, y el mal no lo recibiremos?”

Job 13:15: “Aunque él ame matare, en él confiaré”.

Job 14:1: “El hombre, nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores”.

Job 19:25-26: “Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo. Y después de deshecha esta mi piel, aún he de ver en mi carne a Dios”.

Mientras leemos el libro de Job, predecimos que al final, de alguna manera, todo tendrá sentido, pero no es así.

Finalmente, cuando el Señor habla, no responde ninguna de las preguntas de Job, simplemente pregunta: “¿Dónde estabas tú cuando creé la Tierra?” y le recuerda a Job Su poder, sabiduría y grandeza.

Nunca le dijo a Job ni a nosotros por qué sucedió todo. No es un Dios de explicaciones.

En un aspecto más positivo, es interesante notar que Dios le recordó a Job que en el mundo preterrenal nos regocijamos ante la perspectiva de llegar a este mundo de pruebas. Incluso, de pruebas que no podríamos explicar.

El élder Neal A. Maxwell dijo:

“Si bien la mayor parte de nuestro sufrimiento es autoinfligido, parte es causado o permitido por Dios. Esta cruda realidad exige una profunda sumisión, especialmente cuando Dios no quita la copa de nosotros. 

En tales circunstancias, cuando recordamos los regocijos premortales a medida que se desarrollaba el plan de esta vida (véase Job 38:7), tal vez podamos ser perdonados si, a veces, nos preguntamos de qué se trata todo este regocijo” (“Dispuestos a enviar”, Ensign , mayo de 1985).

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Sí, el mensaje positivo de Job es que Dios respondió. Él no explicó todo. Sin embargo, el hecho de que respondió, muestra que estaba al tanto de Job, su sufrimiento y su lucha por darle sentido a todo. Así demostró que Él no es un padre ausente e indiferente.

Él no creó el mundo como alguien que da cuerda a un reloj y, luego, se aleja esperando a ver qué sucedería con poco cuidado o preocupación. Escuchó a Job y nos escuchará a nosotros.

Al final, Job recuperó sus posesiones, y el doble. Recuperó su salud y encontró una nueva familia llena de amor.

Tenemos fe en que en la próxima vida se reunirá con la familia que perdió.

Sin embargo, el Señor nunca le explicó por qué tuvo que atravesar esos desafíos. Ese tipo de respuestas tardan en llegar. Sin embargo, dan un lugar para empezar.

Dios está pendiente de nosotros y sabe por lo que estamos pasando.

El ejemplo de Job es un buen punto de partida cuando la vida no tiene sentido.

Fuente: LDS Living

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