“El testimonio de un joven Santo de los Últimos Días: Nuestro camino para desarrollar una respuesta más cristiana comienza con una elección.”

El Salvador nunca permitió que la forma en la que fue tratado determinara cómo trataría a los demás. Debemos esforzarnos constantemente y en oración por hacer lo mismo. Pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo. 

Cuando alguien nos trata mal, nuestro primer impulso es casi siempre querer justicia. Nos sentimos justificados al tratar a un delincuente de la misma manera en que nos trató, a pesar del ejemplo que tenemos. Es lo justo, pensamos. ¿Acaso no deberíamos hacerle lo que nos hicieron a nosotros?

Experimentar el “potente cambio en [nuestro] corazón” del que habla Alma (Alma 5:14) para que nuestras acciones en respuesta a una injusticia sean motivadas por la caridad requiere una fuerza más grande que los sentimientos de ira o incluso odio que con facilidad pueden acecharnos. 

corazón roto

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Sin embargo, antes de que podamos acceder a este poder y aplicarlo, nuestro camino para desarrollar una respuesta más cristiana comienza con una elección.

En el sermón del rey Benjamín a su pueblo, menciona que debemos estar “dispuestos a someternos” (Mosíah 3:19; Alma 7:23, 13:28) para acceder al poder transformador total de la Expiación. Tener conocimiento de lo que el Salvador hizo por nosotros es importante pero insuficiente.

Debemos elegir vivir una vida de discipulado, especialmente cuando ese estilo de vida es probado. Ser bondadoso y lleno de amor para con los demás es mucho más fácil cuando se nos trata con la misma bondad. La elección de dar “la capa y también la espada” es el estándar divino que determina en donde nos encontramos en nuestro proceso para llegar a ser como el Salvador.

Esta verdad es ilustrada en una historia que el presidente Howard W. Hunter compartió. De joven, Vern Crowley aprendió la lección que le enseñó el profeta José Smith sobre amar a los demás, incluso a nuestros enemigos.

testimonio

Cuando el padre de Vern se enfermó, Vern, de quince años, se hizo cargo del negocio familiar de partes usadas de automóviles de su familia. Lamentablemente, algunos se aprovecharon del joven y partes de autos fueron tomadas del lugar. En su ira, Vern prometió atrapar a uno de los ladrones y que se vengaría.

Efectivamente, una noche atrapó a un joven ladrón robando una transmisión. Su impulso inmediato fue llevar al niño a la oficina principal y llamar a la policía. Pero de la nada apareció el padre de Vern y le pidió que manejara la situación. Como lo dijo el presidente Hunter:

“[El papá de Vern] se dirigió al joven ladrón, le pasó el brazo por el hombro, lo miró a los ojos un momento, y dijo: “Hijo, dime, ¿por qué haces esto? ¿Por qué estabas tratando de robar esa transmisión?” 

Entonces el Sr. Crowley comenzó a caminar hacia la oficina con su brazo aún sobre el hombro del muchacho, haciéndole preguntas acerca de los problemas que tenía con su automóvil. Para cuando llegaron a la oficina, el padre dijo: “Creo que el embrague esta gastado y eso parece ser la causa del problema”.

hombre padre e hijo

Mientras tanto, Vern estaba furioso. ¿A quien le. importa el embrague?, pensó. Llamemos a la policía y asunto acabado. Pero su padre seguía hablando. “Vern, consíguele un embrague y las demás partes que necesita para solucionar el problema”. 

El padre le entregó al joven todos los repuestos y le dijo: “Llévalos; y aquí esta también la transmisión. No tienes que robar, jovencito. Simplemente pide. Hay maneras de resolver los problemas. Siempre hay alguien que esta dispuesto a ayudar”.

El hermano Vern Crowley dice que ese día aprendió una lección eterna sobre el amor. El joven regresó con frecuencia al negocio. Mes tras mes, de su propia voluntad, pagó todas las refacciones que Vic Crowley le había dado, incluso la transmisión. 

manos

Durante esas visitas le preguntó a Vern por que su padre era así y por que le había ayudado. Vern le mencionó algo sobre las creencias de los Santos de los Últimos Días y cuanto amaba su padre al Señor y a la humanidad en general. 

Con el tiempo, el joven que había tratado de robarles se bautizó. Mas tarde Vern dijo: “Ahora me es difícil describir lo que sentía en esos momentos. Yo también era muy joven. Había logrado capturar al ladrón y lo iba a castigar lo mas severamente posible. Pero mi padre me enseñó otro camino.”” (“Un Camino Más Excelente”, Liahona, mayo de 1992).

El padre del hermano Crowley claramente entendía algo que su hijo Vern aún no comprendía. Él actuó como si el crimen cometido contra él no hubiera sucedido, su enfoque se centró únicamente en mostrar misericordia, no en exigir justicia.

Todos aspiramos a eso, a mostrar bondad cuando se nos trata con crueldad, a mostrar amor cuando se nos odia, a ser misericordiosos con aquellos que han sido injustos en sus tratos con nosotros.

Este artículo fue escrito originalmente por Scott Livingston y es una adaptación del libro “Beauty for Ashes: Learning From Christ How to Endure Life’s Greatest Pains, Sufferings, and Sorrows” y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “The Incredible Thing This Latter-day Saint Father Did to the Man Who Tried to Rob Him