Cuando el miembro de la Iglesia y empresario, Bill Marriott, construyó un hotel en Filadelfia en la década de 1960, fue el primer hospedaje meramente suburbano de Marriott.

“No estaba en el centro de la ciudad. No estaba al lado de un aeropuerto y no se ubicaba en una carretera principal. Solo era un hotel suburbano”, dijo Bill Marriott.

El padre de Bill, J. Willard (J.W.) Marriott, compró el terreno por $30,000 en la década de 1940. Se ubicaba justo a las afueras de los límites de la ciudad, en el exclusivo barrio Bala Cynwyd, a una cuadra de la autopista Schuylkill y a menos de cinco millas al oeste del centro de Filadelfia, que en ese entonces tenía una población de 4 millones y era la cuarta ciudad más grande del país.

Cuando un representante de un grupo de empresarios de Filadelfia le ofreció a J.W. $1 millón por la propiedad, su respuesta fue, “¿Por qué?”

“Queremos construir un hotel ahí, ya que tiene una mejor ubicación que cualquier otro terreno que se pueda conseguir en Washington”. J.W. los rechazó y, años después, le dio el visto bueno a Bill para la cadena de hoteles en la ciudad de Filadelfia.

La aprobación del consejo le presentó a J.W. un nuevo giro a un problema antiguo, servir alcohol. Los primeros tres hoteles se construyeron en Virginia y Texas, que son estados donde no se consume alcohol. Por otro lado, Pensilvania, era un estado donde sí se consumía alcohol y se permitía la venta del mismo en hoteles, excepto los domingos.

Bill encargó un informe de los consultores del hotel Horwath & Horwath, que decía que el hotel tendría éxito en los primero años principalmente debido al “gran uso local de las instalaciones de restaurante y bar”.

Bill sabía que tenían que vender alcohol. Por consiguiente, le aconsejó a su padre.

Bill Marriott.

Bill Marriott.

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J.W. siguió dudando sobre esta decisión cuando conversaba con Bill, que no tenía dudas similares. Bill le aconsejó a J.W. que consultara con los líderes de la Iglesia, como sucedió en el pasado. Esta vez, hablaría con el Presidente David O. McKay, de 87 años de edad.

“Como usted sabe, hermano Marriott. La Palabra de Sabiduría también exige la abstinencia del uso de tabaco, excepto como hierba para las magulladuras y el ganado enfermo. Además, exige la abstinencia del consumo de bebidas calientes, como el té o el café”, dijo el Presidente McKay.

“Sí, presidente, soy consciente de eso”.

“Bueno, entonces, le preguntaré como un hermano a otro, supongamos que un propietario de ganados, como usted, va a una tienda de comestibles de un Santo de los Últimos Días para comprar suministros y quiere cigarrillos para sus trabajadores. Si el dueño de la tienda dice: ‘Disculpe, no vendemos tabaco de ninguna forma porque va en contra de nuestra religión’, ¿Por qué el cliente no volverá la próxima vez? Si quiere café para sus trabajadores y el dueño de la tienda dice: ‘Desaprobamos el consumo de café y tampoco queremos que sus trabajadores lo beban’, no volverá. Irá a otra tienda de la calle no solo para conseguir tabaco y café, sino para conseguir todo lo que necesita. A la larga, esto podría llevar al comerciante a la quiebra, ¿piensa lo mismo?”

“Sí, presidente, podría ser así, muy fácilmente”, respondió J.W.

“Desde mi perspectiva, hermano Marriott, si no satisface las necesidades y deseos de sus clientes, podría correr el mismo riesgo. Si en la actualidad el licor es una parte importante del servicio que la industria hotelera y de restaurantes brinda a sus clientes, me parece que estará obligado a venderlo. Vender alcohol no significa que aprobemos su consumo más que vender un arma significa la aprobación del uso de esa arma para cometer un delito”.

“El cliente cree, como nosotros, que no está obligado a comprar alcohol. De hecho, nadie. Se trata del dinero, la vida y del derecho del cliente a decidir por sí mismo, no se trata de nosotros”.

El Presidente McKay le advirtió a J.W. sobre la venta de alcohol en cualquier Hot Shop orientado a la familia y concluyó, “A veces es difícil encontrar el camino correcto en estos tiempos confusos. Pero, sé que lo encontrará y lo seguirá”.

Cuando J.W. regresó a Washington, Bill vio a un hombre cambiado, al menos en cuanto a esta pregunta problemática. Era evidente que su padre ya no se sentía abrumado por su conversación el Presidente McKay. El alcohol estuvo a disposición de los clientes de los restaurantes y bares cafetería de los hoteles sofisticados y de especialidad, pero nunca en los Hot Shop o en otros restaurantes de la empresa a donde iban los jóvenes.

El mismo Bill estaba profundamente agradecido por el útil consejo del Presidente McKay. A pesar de que había hecho lo mismo, su padre aceptó el consejo de manera más plena cuando lo recibió de su líder de la Iglesia.

Debido a que J.W. hablaba frecuentemente de esa reunión, eso le proporcionó una guía fundamental a Bill en sus negocios, mucho después de que su padre falleciera.

Esta es una traducción del extracto del libro de “Bill Marriott: Success Is Never Final” de Dale Van Atta que fue publicado originalmente en ldsliving.com con el título “What a Prophet Told the Marriotts About Serving Alcohol in Their Hotels”.