La Iglesia en el hogar: Un lugar de refugio contra el mundo

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Es en nuestros hogares donde podemos aprender a desarrollar amor por el Salvador, amor por el evangelio y amor Dios. Es nuestro refugio contra el mundo.

Cuando la Iglesia anunció que todas las reuniones serían canceladas temporalmente, tuve sentimientos encontrados.

Me sentí MUY agradecida de que la Iglesia haya implementado el plan de estudios “Ven Sígueme”, ya que tendríamos estudio y adoración personal en nuestros hogares sin importar lo que sucediera.

Empecé a extrañar a mis amigos. Gracias a las redes sociales y el Internet, he podido mantenerme en contacto con amigos y familiares. Pero es diferente a vernos en persona.

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La Iglesia en el hogar

El estudio del Evangelio en casa es diferente a cuando nos reunimos con otros miembros. 

En mi familia es bastante difícil congregarnos. Y sin falta, me pongo de mal humor horrible cuando finalmente los tengo a todos sentados en la misma habitación, con todos los videos juegos apagados. 

No sé por qué sucede esto cada vez, pero sospecho que el adversario no quiere que realicemos la Iglesia en nuestro hogar.

Por lo general, llegaba a la Iglesia completamente agotada, y no con ganas de hablar con al menos un miembro de la familia. Sin embargo, a través del Espíritu, la Iglesia ablandaba mi corazón. Aprendía y recobraba mis ánimos y me comprometía a hacerlo mejor la próxima semana. 

Me sentía apoyada y alentada por los otros miembros. Y sus experiencias a menudo tenían la clave para resolver mis propios problemas.

Extrañando la Iglesia

Con la Iglesia en casa, no obtengo las respuestas que necesito con la misma facilidad. Las respuestas están allí, pero debo buscarlas con más diligencia. 

A menudo la vida se interpone en mi camino, por lo que me siento espiritualmente débil. Sé que esto es mi culpa porque sé que Dios siempre está presto a ayudarnos. Pero extraño que mis respuestas sean fáciles de encontrar, y extraño la Iglesia.

Sé que pasarán muchas más semanas antes de que podamos congregarnos nuevamente. Mi barrio tiene muchos miembros de la tercera edad, y realmente quiero que encontremos una manera de mantenerlos a todos a salvo antes de volver a nuestros horarios dominicales de siempre. 

Este tiempo se ha convertido en mi etapa de crecimiento. Sé cuál es el problema ahora. Y es mi trabajo cambiar eso en el futuro.

Busca fortalecerte 

personas

Tendré que empezar a leer “Ven, sígueme” por mí misma. Hemos estado leyendo las Escrituras en familia, pero con un adolescente que tiene todos los impulsos rebeldes de un joven de su edad, por lo general es un desafío lograr aquello.

Echo de menos sentirme llena de energía por el Espíritu en lugar de sentirme exhausta. Lo que necesito hacer es tener un estudio personal.

Cuando mi hijo era más joven, solía leer las Escrituras todas las mañanas antes de que él se despertara. Me ayudó a mantener la cordura y a ser paciente. A medida que él crecía, empecé a compartir mis experiencias espirituales con él. Y eso funcionó hasta que llegó a la etapa de la adolescencia.

estudio de las escrituras

Volveré a tener mi estudio personal. Seguiremos teniendo nuestra lectura familiar de las Escrituras, pero ya no trataré de obtener mi propio alimento espiritual de ello. Sé que es una actitud terrible, pero esa es mi realidad. Y quizá también puede ser la tuya.

Espero con ansias el día en que mi hijo obtenga su propio testimonio. Espero que pueda comprender la importancia de leer las escrituras y fortalecer su testimonio. 

Por ahora, debo seguir las reglas y tradiciones de nuestra familia y seguir compartiendo entre nosotros el evangelio. Es mi labor como madre mantener a mi familia encaminada para que algún día pueda conocer al Salvador.

“Ruego que nuestras familias y nuestros hogares rebosen de amor: amor el uno por el otro, amor por el Evangelio, amor por el prójimo y amor por el Salvador. Como resul­tado, el cielo estará un poco más cerca de nosotros aquí en la tierra.

Es mi oración que nuestro hogar sea un refugio al que los miembros de nuestra familia siempre deseen regresar.” -Thomas S. Monson

Fuente: ldsblogs.com

 

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