A veces una referencia misional parece ser solo una dirección más en la agenda. Pero para Rebecca Carvalho Do Nascimento, aquella dirección terminó llevándola a conocer una historia que todavía continúa.
Todo comenzó en Bosques de San Rafael, en Monterrey. Rebecca y su compañera ya habían visto varios bautismos en aquella área, pero después de un tiempo las cosas comenzaron a cambiar.
Había menos personas progresando y muchas de las referencias que recibían estaban fuera de su área. Las dos empezaron a sentirse desanimadas. Aun así, mantenían la esperanza de encontrar a alguien que estuviera preparado para escuchar el evangelio.
Entonces llegó una nueva solicitud. La dirección quedaba cerca del lugar donde tenían planeado comer, así que decidieron pasar por allí después del almuerzo. Al llegar, tocaron la puerta y quien apareció fue un joven llamado Luis Vargas Miranda.
Preguntaron por la persona de la solicitud. Luis les explicó que era su mamá, Ángeles Miranda, pero que no se encontraba en casa. También les contó que probablemente ella había enviado la solicitud porque estaba preocupada por él y quería que pudiera acercarse más a Dios.
Ese detalle llamó la atención de Rebecca y su compañera. Detrás de aquella solicitud no había simplemente un nombre y una dirección: había una madre buscando una manera de ayudar a su hijo a acercarse al Señor.
Luis aceptó conversar con ellas, aunque tenía otros asuntos que atender. Antes de irse, las misioneras lo invitaron a conocer la capilla, él aceptó y ese fue apenas el comienzo.
“Había comprado una corbata para regresar”

Durante los días siguientes, las misioneras comenzaron a escribirle a Luis y él siempre respondía.
El domingo, Rebecca y su compañera llegaron a la capilla con la expectativa de verlo. Apenas habían pasado unos diez minutos cuando vieron llegar a Luis en su automóvil.
No sabía mucho sobre la Iglesia, pero estaba dispuesto a conocerla.
Los miembros del barrio, especialmente los Jóvenes Adultos Solteros, lo recibieron con mucha cercanía. Luis disfrutó tanto de aquella primera experiencia que, cuando las misioneras volvieron a visitarlo durante la semana y lo invitaron nuevamente, su respuesta las tomó por sorpresa.
Había comprado una corbata para usar el siguiente domingo.
No tenía mucha experiencia con ella, así que las misioneras pidieron ayuda a unos élderes para enseñarle cómo ponérsela.
Puede parecer un detalle pequeño, pero para Rebecca aquel momento mostraba que Luis ya no estaba simplemente aceptando invitaciones; había comenzado a tomar sus propias decisiones para acercarse al evangelio. Su interés estaba creciendo por iniciativa propia.
Cuando llegó el momento de decidir

Unos días después, Luis les contó que tenía una fiesta el sábado. Las misioneras sabían que estaba cerca de bautizarse y hablaron con él sobre las decisiones que tendría que tomar.
No podían decidir por él. Solo podían enseñarle, acompañarlo y confiar en que tomaría su propia decisión.
Rebecca y su compañera oraron por él durante los días siguientes y esperaron que todo saliera bien.
Finalmente llegó el domingo. Luis apareció en la capilla y estaba listo para bautizarse y su mamá también estuvo presente.
Para Rebecca, verlo entrar a las aguas del bautismo fue uno de los momentos más especiales de su misión. Sin embargo, no sabía que sería la última vez que estaría físicamente allí con él.
Al día siguiente recibió una transferencia de emergencia a otra área.
Se fue tranquila y feliz por haber podido acompañarlo hasta ese momento. Pero lo que sucedió después le mostró que el bautismo de Luis no era el final de la historia, sino el comienzo de algo mucho más grande.
El joven que comenzó a ayudar a otros

Después de su bautismo, Luis continuó acercándose a la Iglesia.
Tiempo después, tuvo la oportunidad de bautizar a su hermana. También comenzó a llevar a su familia a actividades de la Iglesia, entró al templo junto con su hermana y empezó a participar activamente en la obra misional de su barrio.
Rebecca había conocido a Luis durante una etapa en la que se sentía desanimada como misionera. Ahora estaba viendo cómo la persona a la que ella había ayudado a acercarse al evangelio comenzaba a ayudar a otras personas a hacer lo mismo.
En una ocasión, Luis viajó a Ciudad de México. Aunque el propósito del viaje era divertirse, decidió visitar el templo y le envió una fotografía a Rebecca.
Luis ya había hecho convenios y ahora estaba buscando oportunidades para fortalecer su relación con Dios. La fe que había comenzado con una conversación frente a una puerta estaba empezando a convertirse en una parte real de su vida.
Ahora él será quien toque la puerta

Luis decidió prepararse para servir una misión. Ahora está próximo a partir a la Misión México Ciudad de México Oeste.
Para Rebecca, verlo prepararse para hacer por otras personas lo que un día unas misioneras hicieron por él es una de las partes más significativas de toda esta experiencia.
Ella llegó a su casa buscando a su mamá. Luis ni siquiera sabía quiénes eran aquellas dos jóvenes. Pero terminó ofreciéndoles un vaso de agua, aceptando un folleto y conversando con ellas sobre Jesucristo.
Más de un año después, la situación es completamente diferente. Un día, Rebecca y su compañera tocaron la puerta de Luis. Ahora Luis se prepara para tocar la puerta de alguien más.
La historia comenzó cuando dos misioneras decidieron visitar una referencia en un momento en el que sentían que pocas personas estaban progresando.
Pero detrás de aquella dirección había una madre preocupada por su hijo, un joven dispuesto a escuchar y una oportunidad para que el evangelio llegara a una familia.
A veces, no alcanzamos a ver todo lo que puede suceder después de una pequeña decisión de servir. Rebecca no sabía qué encontraría cuando tocó aquella puerta. Luis tampoco sabía qué cambiaría cuando decidió abrirla.
Hoy, ambos pueden mirar hacia atrás y ver cómo aquel encuentro terminó convirtiéndose en una historia que todavía está ayudando a otras personas a acercarse a Jesucristo.
