Desde el principio, se les ha enseñado a los Santos de los Últimos Días lo sagrados que son los templos. Los templos son la casa del Señor, el único lugar en el mundo donde se pueden realizar las ordenanzas necesarias para la salvación eterna de los vivos y los muertos. Lo que puede provocar que algunos Santos de los Últimos Días se pregunten: ¿Soy lo suficientemente bueno para estar aquí?

Este artículo de Zariah Inniss comparte ideas profundas sobre por qué los miembros podrían sentirse incapaces de estar en la casa del Señor y cómo podemos vencer este sentimiento.

Aquí en Barbados no tenemos el privilegio de tener un templo tan cerca como para llegar caminando o incluso en autobús; a fin de llegar a un templo, debemos viajar muchos kilómetros en avión. Creo que es por eso que muchos miembros atesoran sus visitas al templo.

Finalmente, llegó mi oportunidad de ir al templo por primera vez. Pero, por alguna razón, sentía mucha ansiedad. El primer pensamiento que acudió a mi mente fue que aunque yo estaba dando mi mejor esfuerzo, no era suficiente; yo no era lo suficientemente digna. Eso me preocupó muchísimo. En verdad estaba esforzándome al máximo. Entonces, ¿por qué me sentía tan desanimada con respecto a ir al templo?

Resolví que, para una decisión tan importante como esa, necesitaba buscar una respuesta de mi Padre Celestial. ¿Deseaba Él que yo fuera, o realmente no era lo suficientemente buena?

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Templo de Bogotá, Colombia.

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Las siguientes dos semanas estuvieron llenas de continuos ayunos y de días en los que estuve de rodillas desde la mañana hasta la noche. Me esforcé al máximo por mantenerme cerca del Espíritu, y aunque muchas noches todavía me sentía un poco insegura después de orar de rodillas, estaba segura de que el Padre Celestial me respondería. Solo necesitaba tener paciencia.

El domingo siguiente, mientras me encontraba en la reunión de ayuno y testimonio, el Espíritu se sentía muy fuerte. Yo tenía los ojos cerrados mientras repartían la Santa Cena, y entonces recibí mi respuesta. Sentí como si el Padre Celestial me dijera: “Zariah, si viene de Mí, ¿cómo podría estar mal?”.

Cuando sentí esas palabras, se me llenaron los ojos de lágrimas y tuve un sentimiento de gozo incontenible. Sabía que el Padre Celestial había escuchado cada una de las oraciones que yo había ofrecido. Él sabía lo inepta que me sentía, pero también me recordó que, por medio de Su expiación, el Salvador puede ayudarnos a llegar a ser mejores cada día. Todos los sentimientos de ineptitud se disiparon en ese breve instante.

Cuando llegué a casa esa tarde, compartí mi respuesta con mi familia: que debía ir a la casa del Señor para hacer convenios especiales y sagrados que necesitamos para la vida eterna.

Cuando tuve las entrevistas tanto con el presidente de rama como con el presidente de misión, me sentí aún mejor con respecto a mi decisión. En ambas ocasiones, el Padre Celestial continuó asegurándome que había tomado la decisión correcta, que era digna y que era lo suficientemente buena.

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Templo de Sao Paulo, Brasil.

Ese sentimiento permaneció conmigo hasta que llegué a los jardines del templo. Cuando ingresé por primera vez dentro de esas paredes sagradas, sentí como si el Padre Celestial me abrazara y me dijera: “Bienvenida a casa”. Probablemente fue uno de los sentimientos más increíbles, uno que jamás olvidaré.

Estoy muy agradecida por mis padres y por su buen ejemplo, por haberme enseñado la importancia de ir al templo y por ayudarme a que me preparara para entrar en ese sagrado lugar. Pero ante todo, estoy agradecida por mi Padre Celestial, quien ha hecho posible que el cielo toque la tierra; por permitirnos hacer convenios sagrados no solo por nosotros mismos, sino también por los antepasados que no han tenido la oportunidad de hacerlos por sí mismos.

El templo realmente es una prueba del amor que el Padre Celestial tiene por nosotros. Muchas veces somos nuestros peores críticos. Tal vez haya ocasiones en las que nos sintamos imperfectos o desanimados, pero debemos recordar que no tenemos que ser perfectos para ser dignos. Si nos sentimos desalentados por nuestras faltas y sentimos que no somos lo suficientemente buenos, debemos recordar el sacrificio del Salvador y acudir a Él en busca de ayuda.

La expiación de Jesucristo hace posible que todos vayan al templo. Por medio del Espíritu, podemos saber que somos “suficientemente buenos”. No somos perfectos, y el Padre Celestial lo sabe, pero lo más importante es hacer todo lo posible para ser dignos, y esforzarnos por hacerlo todos los días. El templo es el lugar más importante en el que podemos estar, y estoy agradecida por haber entrado en él.

Este artículo fue escrito originalmente por Zariah Innis para ChurchOfJesusChrist.org  y fue publicado en ldsliving.com con el título “The Powerful Answer a Latter-day Saint Received After Wondering if She Was Good Enough for the Temple”.