Pocas relaciones en las Escrituras son tan fascinantes como la de Jesucristo y Juan el Bautista. Ambos fueron enviados para cumplir misiones sagradas que cambiarían la humanidad.

Sin embargo, más allá de sus misiones divinas, muchos se preguntan si había también un vínculo familiar entre ellos. Según el relato de la Biblia, Jesús y Juan el Bautista eran parientes a través de sus madres, María y Elisabet.

El Evangelio de Lucas describe que entre ellas había un parentesco el cual se revela mediante una conversación entre el ángel Gabriel y María:

“Y he aquí, tu parienta Elisabet también ha concebido hijo en su vejez” (Lucas 1:36).

Por esa razón, tradicionalmente se ha considerado que Jesús y Juan el Bautista eran primos, aunque lo más preciso sería decir que eran parientes cercanos.

Un vínculo que inició antes de nacer

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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Lo que hace especial la relación entre Jesús y Juan no es solo el lazo familiar, sino la forma en que Dios preparó a ambos para sus misiones desde antes de su nacimiento.

Uno de los momentos más conmovedores del Nuevo Testamento ocurre cuando María visita a Elisabet. Ambas mujeres estaban esperando hijos. María llevaba en su vientre al Salvador, mientras que Elisabet esperaba a Juan el Bautista.

El relato describe que cuando Elisabet escuchó el saludo de María, ocurrió algo inusual:

“Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre” (Lucas 1:41).

Llena del Espíritu Santo en ese momento, Elisabet reconoció que María sería la madre del Mesías prometido.

Para los Santos de los Últimos Días, este episodio representa una evidencia de que la misión de Juan estaba vinculada a la de Jesucristo desde el principio. Incluso antes de nacer, Juan sería un testigo del Salvador.

El que preparó el camino

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Jesús y Juan el Bautista. Imagen: La Iglesia de Jesucristo

La misión de Juan el Bautista había sido anunciada siglos antes por los profetas. Su responsabilidad era preparar a las personas para recibir a Jesucristo. Isaías profetizó acerca de él cuando escribió:

“Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino de Jehová”.

Para cumplir su misión, Juan predicó el arrepentimiento, invitó a todos a volver a Dios y bautizó a quienes deseaban cambiar. Gracias a eso, muchas personas estuvieron espiritualmente preparadas para reconocer a Jesús como el Salvador.

Jesús mismo habló de la grandeza de Juan, declarando:

“Entre los nacidos de mujer, no hay mayor profeta que Juan el Bautista”.

Las revelaciones modernas registradas en Doctrina y Convenios también enseñan que Juan fue preparado especialmente para esta misión.

“Cuando tenía ocho días de edad, el ángel de Dios lo ordenó para este poder” (Doctrina y Convenios 84:28).

De esta forma, el servicio de Juan el Bautista formó parte del plan divino de Dios mucho antes de nacer.

El bautismo que marcó el inicio de todo

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Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Uno de los acontecimientos más significativos de la relación entre Jesús y Juan ocurrió a orillas del río Jordán. Cuando Jesús acudió para ser bautizado, Juan se sintió indigno de realizar la ordenanza y le dijo:

“Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”.

Sin embargo, el Salvador respondió:

“Permítelo ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia”.

Ese momento nos enseñó tres verdades fundamentales del Evangelio: la necesidad del bautismo, la importancia de la autoridad divina y la perfecta humildad de Jesucristo.

Además, durante el bautismo de Jesucristo se manifestó claramente la Trinidad divina. El Hijo sumergiéndose en el agua, el Espíritu Santo descendiendo como paloma y la voz del Padre desde los cielos declarando:

“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

Juan el Bautista y la Restauración del Evangelio

Se cumplen 195 años desde que se restauró el Sacerdocio
La pintura, «Upon You My Fellow Servants», de Linda Curley Christensen y Michael Malm, 2012, óleo sobre lienzo, representa a Juan el Bautista confiriendo el sacerdocio de Aarón a José Smith mientras Oliver Cowdery se arrodilla a su lado. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La influencia de Juan el Bautista no terminó con su muerte. Una de las creencias de los Santos de los Últimos Días es que Juan participó también en la Restauración del Evangelio en estos tiempos.

En mayo de 1829, él se apareció como un ser resucitado a José Smith y Oliver Cowdery con el fin de restaurar el Sacerdocio Aarónico, por lo cual declaró:

“Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón”.

Este acontecimiento otorgó a Juan un lugar singular en la historia sagrada, ya que no solo preparó el camino para Cristo durante Su ministerio terrenal, sino que también ayudó a restaurar la autoridad del sacerdocio en nuestra época.

Una lección para todos los discípulos de Cristo

La relación entre Jesucristo y Juan el Bautista fue mucho más que un vínculo sanguíneo. Imagen: Más Fe

Luego de revisar todos estos hechos bíblicos, tenemos razones suficientes para afirmar que la relación entre Jesucristo y Juan el Bautista fue mucho más que un vínculo sanguíneo.

Si bien afirmamos que ambos eran primos por medio de María e Isabel, su relación se consolidó al trabajar juntos por el mismo propósito desde sus misiones especiales.

Jesús y Juan el Bautista no solo fueron dos familiares unidos por la sangre, sino que fueron dos siervos de Dios unidos por una misión eterna.

Y gracias a ambos, millones de personas han podido acercarse más a Dios y comprender mejor Su plan de salvación.

Fuente: Ask Gramps

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