Querido hijo en un futuro lejano,

Nunca pude pensar en buenos nombres para niños. Tuve una larga lista de nombres para niñas, pero los únicos nombres para niños en los que pude pensar se duplicaron como especias: albahaca, comino, pimienta. Por suerte, terminaste con un nombre que no vino de mi despensa.

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De cualquier modo, estoy agradecida de que estés aquí. Confío en que serás un buen hijo, hermano y si juegas bien tus cartas, un buen esposo y padre. Ahora, soy tu mamá, lo que significa que no soy un hombre. Entonces, sinceramente, no te puedo decir que entiendo todo lo que experimentarás. Lo que sí sé es que existen presiones sociales y culturales para hombres y mujeres con la finalidad de que actúen de cierta manera. Sin embargo, si existe algo que me gustaría que sepas sobre las emociones, es que estás permitido de tenerlas, sentirlas y demostrarlas. No estás limitado a un aspecto de las emociones porque seas un hombre.

Verás, se espera que los hombres sean fuertes, constituidos de algún material de Júpiter sin emociones. Lo veo en las expresiones del día a día, como “vamos hombre” o “se un hombre” o incluso, “¡deja de llorar como un bebé!” como si las lágrimas solo fueran un territorio para bebés.

También lo he observado en mujeres que dicen que los jóvenes con los que salen eran “muy sentimentales.” ¿Eran muy sentimentales o solo “sentimentales?” o ¿solo estaban demostrando sus emociones? Comprenderás que tu mamá encuentra matices en todo.

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Lo vi hace algunas semanas en la escuela secundaria durante la semana de los niños. Uno de los eventos para celebrar a los niños fue un partido de vencidas al mediodía. A veces, parece que el valor de un hombre es su peso y músculos, que un hombre es uno que va en busca de lo físico pero nunca explora sus emociones.

Deseo contarte algunas historias sobre los hombres de las escrituras que fueron capaces de equilibrar la masculinidad con la vulnerabilidad de sus emociones.

La primera historia se trata de los hijos de Mosíah. En pocas palabras, eran malvados de la tierra prometida, persuadían a las personas a dejar la iglesia y romper los mandamientos. Un día, un ángel apareció y los invitó a arrepentirse. ¡Funcionó! Los hijos de Mosíah se arrepintieron y buscaron reparar el daño que habían hecho. Incluso, decidieron que deseaban predicar el evangelio entre los Lamanitas, descritos afectuosamente como “sanguinarios.” En el mismo capítulo podemos leer:

Pues estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna pereciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar. (Mosíah 28:3)

Si hemos llegado tan lejos en nuestro estudio familiar de las escrituras, sabrás que los hijos de Mosíah no eran unos debiluchos. Arriesgaron sus vidas para enseñar un mensaje desconocido a un público que no era receptivo. Se burlaron de ellos; encarcelaron a algunos de ellos, quien sabe qué más sufrieron. Lo que pasaron implica seria dureza en la mente y las emociones. Sin embargo, sintieron tanto amor y preocupación por sus hermanos, y se manifestaron físicamente, tanto que temblaron.

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Los hijos de Mosíah eran Ammón, Aarón, Omner e Himni.

Cuando los hijos de Mosíah volvieron sus vidas  a Cristo, cambiaron su comportamiento de chicos malos. Sin embargo, nunca dejaron de ser hombres. De hecho, creo que estaban aprendiendo a amar y demostrar el amor que los ayudaba a ser hombres más fuertes, hombres que pudieran soportar cualquier tipo de dificultad.

No recuerdo que el profeta Jacob haya mostrado físicamente lo que sentía, pero no era necesario. Él lo dijo directamente. Al comienzo de un sermón, dijo: “hoy me agobia el peso de un deseo y afán mucho mayor por el bien de vuestras almas, que el que hasta ahora he sentido. Continuó diciendo que eso lo “apenaba” y “contristaba su alma.” Generalmente, en el mundo de hoy, los líderes hombres no hablan sobre sus preocupaciones; mostrar sus emociones los haría verse  “blandengues” o incluso, débiles. No obstante, Jacob no era ninguno de los dos. Jacob era ambos, un líder espiritual feroz y un orador inteligente. También era un maestro de las escrituras. Era un hombre, pero no tenía que sacrificar sus emociones para ser uno.

Si hubiera una competencia de vencidas en la escuela secundaria de Ammón, probablemente él no hubiera participado. No por desprecio, sino por falta de competencia. Ammón era un hombre de masa muscular. Además, era un hombre de sentimientos feroces. En Alma 27, en su camino a Zarahemla, se encontró con Alma. “He aquí,” las escrituras dicen, “este fue un encuentro gozoso.” Se pone mejor:

“Y tan grande fue el gozo de Ammón que lo colmó; sí, se extasió en el gozo de su Dios, al grado de que se le agotaron las fuerzas; y cayó a tierra otra vez.”

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Ahora, no estoy diciendo que tengas que salir y hacer expresiones de emociones dignas de arte. Pero, Ammón continúa enseñándonos una lección importante: cuando sientes, realmente sientes. Si te sientes triste, solo, feliz, nervioso, enojado o emocionado, exprésalo.

Existen muchos otros ejemplos en las escrituras: Nefi, cuyos ojos mojaron su almohada en la noche; José lloró cuando habló con sus hermanos, que lo vendieron a la esclavitud; y Pedro, que lloró amargamente después de negar al Salvador tres veces. No tienes que rechazar todas las cosas varoniles para ser emocionalmente vulnerable. Hay espacio para ambas.

No te puedo asegurar que las personas siempre serán receptivas a las expresiones de tus emociones como hombre. Tu disposición de consolar a un amigo puede exponerte a insultos e incluso a la exclusión de tus amigos. Sin embargo, no leemos historias sobre hombres que hicieron lo que otros hombres hicieron; leemos sobre hombres con coraje, que con valentía se opusieron a las normas sociales o culturales. También espero que puedas ser un hombre de coraje, ya que solo falta uno para marcar la diferencia.

Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy. – 3 Nefi 27:27

¿Recuerdas el verso más corto en la versión de la Biblia del Rey Jacobo? “Jesús lloró.” Jesús lloró con María y Marta por la muerte de su hermano. El Salvador lloró de gozo entre los nefitas por su fidelidad. Y lloró en el Jardín de Getsemaní donde sufrió por los pecados de la humanidad.

Hijo, no necesitas convertirte en un “hombre real” según los estándares del mundo.  Sin embargo,  espero que sigas al Hijo del Hombre, Jesucristo, cuyos mayores fortalezas fueron la compasión, la fe y la humildad.

Atentamente,

Tu mamá.

Artículo originalmente escrito por Anessa Rogers y publicado en mormonhub.com con el título “Jesus Wept, and I Want My Sons to Weep, Too.”