En los tiempos del Nuevo Testamento, la vida familiar se centraba en las casas en lugar de lo que llamaríamos la familia nuclear – un padre, una madre y sus hijos. Las casas de las personas ricas eran mucho más grandes que la vasta mayoría de casas. Sin embargo, todas compartían características en común. No solo incluían a los miembros de la familia extensa sino también sirvientes, esclavos y trabajadores.

Además, en el caso de aquellos con riqueza extrema, la cantidad de individuos considerados como “criados” – contadores, enfermeras, jardineros, sastres, barberos, cocineros, panaderos, guardias e incluso, secretarios, maestros, músicos, etc. Todos tenían un lugar – a excepción de los marginados, que Jesús amó y sanó.

En el gran grupo de los marginados se encontraban las personas que no pertenecían a ninguna casa, como los enfermos o los considerados pecadores graves.

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Al conocer esa realidad, el lenguaje de Hechos es revelador. Aprendemos que en una visión, Pedro recibe el mandamiento de predicar el evangelio a un soldado romano llamado Cornelio y a su “casa.”  Cuando Pedro llegó a la ciudad de Cesarea, Cornelio llamó a “dos de sus criados y a un devoto soldado”  (Hechos 10:7) así como a sus “parientes [familia extensa] y amigos más íntimos” (Hechos 10: 24). Lucas, el autor de Hechos, supone que todos sabemos que la casa de Cornelio incluyó a todas esas personas.

La pregunta que nos hicimos cuando intentamos escribir sobre Jesús y la familia fue lo que consideramos mientras leíamos el relato de Mateo sobre un diálogo de su madre, Mary, y sus hermanos que pedían verlo: ¿Cómo su declaración de que sus familiares eran sus discípulos fieles en lugar de sus “hermanos” y “madre” verdaderos, coincide con el concepto moderno de la familia nuclear (Mateo 12: 46-50)? A continuación, se mencionarán dos posibles respuestas:

1. Jesús creó, aún mejor, restauró la familia del Padre

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Para Jesús, las relaciones familiares que describimos al principio no se abandonaron sino que se organizaron de manera diferente mediante la expansión. Las antiguas casas segregadas se fusionaron con la nueva familia de Dios o Su reino. Entonces, la familia ideal no fue una nuclear, ni siquiera una casa tradicional. En cambio, fue toda la comunidad cristiana reunida. La membresía en la familia y el Reino llegó a través del bautismo, que simboliza un nuevo nacimiento que no siempre depende de los parentescos terrenales.

Por eso, los miembros se refieren unos a otros como hermanos y hermanas, que arrodillados reconocieron, “el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3: 14 – 15). Dejar a la familia o la casa tradicional significó unirse a una, nueva y serena. Además, significó regresar a la familia de Dios, nuestro Padre.

2. Jesús les enseñó a todos los miembros de la familia de Dios que tenían el mismo valor y alta estima

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Aquí, indudablemente, Jesús reconoció que la idea de un reino liderado por Dios, antes que por la jerarquía de una casa antigua, fue la familia verdadera o ideal. Definitivamente, Él también se dio cuenta de que Su doctrina sería vista como una paradoja de una preocupación real por Su propia familia, así como por otras familias en el Judaísmo tradicional, porque era una aparente renuncia a la familia, como se le conocía. Fue una idea provocativa en el contexto de una cultura donde la identidad, el valor, la posición social y la felicidad de una persona dependían de un lugar asignado dentro de la casa.

Sorprendentemente, Jesús dijo que la nueva familia era en realidad un reino donde el rey permitía que incluso los miembros de la casa “con menos valor” – los esclavos y las mujeres – también fueran Sus hijos y herederos reales.

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Esta amplia idea de la familia parece ilógica para las personas que viven en el siglo XXI, que sostienen a la familia nuclear (padre, madre y sus hijos) como la organización ideal.

Sin embargo, cuando entendemos que el término “familia nuclear” comienza a aparecer solo a principios del siglo XX y no es lo suficientemente amplio para describir la complejidad de las relaciones familiares reales, la enseñanza del Salvador sobre la familia es clara e inspiradora.

Además, lo que José Smith enseñó básicamente sobre cómo se debe organizar la familia es exactamente lo que Jesús tuvo en mente. Los rituales del templo, que se instituyeron en Nauvoo, Illinois, en la década de 1840 antes de la muerte del profeta, ampliaron las relaciones familiares y, cuando se llegaron a practicar, implicaron sellar a las familias juntas en cadenas genealógicas eternas. Las ceremonias modernas del templo llevaron a todos los hijos de Dios a Su Reino como Sus herederos. “Sellar” a Sus Hijos entre sí fue la forma de volver a unir a las familias terrenales de Dios.

Artículo originalmente escrito por James y Judith McConkie y publicado en ldsliving.com con el título “2 Ways Jesus Put the Broken Family Back Together.”