Jueves Santo es uno de los días más significativos de la Semana Santa porque concentra enseñanzas esenciales del ministerio de Jesucristo. Para los Santos de los Últimos Días, no es solo una fecha simbólica, sino una oportunidad para reflexionar sobre convenios, servicio y la Expiación del Salvador.
Este día recuerda los acontecimientos de la noche anterior a la crucifixión de Jesús y marca el inicio del Triduo Pascual.
La Última Cena y la Santa Cena

Durante la Última Cena, Jesucristo instituyó una ordenanza que sigue siendo central en la vida de Sus seguidores. Al compartir el pan y el vino, enseñó que esos emblemas representarían Su sacrificio.
El Evangelio lo relata de manera directa:
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo convenio, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:26–28).
Para los Santos de los Últimos Días, esta enseñanza se conecta con la Santa Cena que se participa cada semana. Jueves Santo recuerda el origen de esta ordenanza y su propósito: renovar convenios y recordar siempre a Jesucristo.
En esa misma noche, Jesús dio un mandamiento que resume todo Su Evangelio. No habló de un amor superficial, sino de un amor que se demuestra con acciones.
Sus palabras fueron claras

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).
Este mandamiento se relaciona directamente con el compromiso bautismal de servir y acompañar a los demás. Jueves Santo invita a preguntarse si ese amor se refleja en la manera en que tratamos a nuestra familia, amigos y comunidad.
Uno de los momentos más impactantes del Jueves Santo ocurre cuando Jesús lava los pies de Sus discípulos. En ese contexto cultural, era una tarea reservada para los siervos, pero el Salvador la asumió para enseñar una lección profunda.
El relato bíblico dice:
“Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4–5).
Con este acto, Jesucristo enseñó que el liderazgo verdadero se basa en el servicio. Para los Santos de los Últimos Días, Jueves Santo recuerda que presidir y liderar en el Evangelio implica humildad y disposición para servir.
Getsemaní: obediencia en medio del dolor

Después de la cena, Jesús fue al huerto de Getsemaní. Allí comenzó el momento más intenso de Su sacrificio expiatorio. En oración, expresó Su angustia y, al mismo tiempo, Su completa sumisión a la voluntad del Padre.
El Evangelio de Lucas registra Sus palabras:
“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
Para los Santos de los Últimos Días, Getsemaní es central para comprender la Expiación. Jueves Santo permite detenerse en ese instante previo a la cruz, cuando el Salvador decidió cargar con los pecados, dolores y aflicciones de toda la humanidad.
Jueves Santo no es solo memoria histórica. Es una invitación personal a reflexionar sobre cómo vivimos nuestros convenios, cómo servimos a los demás y cómo confiamos en Dios cuando enfrentamos momentos difíciles.
Antes del dolor del Viernes Santo y de la esperanza del Domingo de Resurrección, este día recuerda que el discipulado cristiano se vive en decisiones concretas de amor, servicio y obediencia.
Fuente: churchofjesuschrist.org
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