George Floyd, Derek Chauvin y la Enemistad

George Floyd Enemistad

Mientras mi hijo y yo mirábamos “La misión”, una película de Robert De Niro y Jeremy Irons con la impresionante banda sonora de Ennio Morricone, comenté que el nombre de la película podría mejorar y cambiarse a “Las Vidas Guaraníes Importan”. 

La película cuenta la historia de la conquista española y portuguesa aprobada por la Iglesia Católica de Brasil y su oposición: los indígenas guaraníes que se aliaron con un pequeño grupo de sacerdotes jesuitas.

Se me ocurrió que “______ Vidas Importan” podría ser un movimiento que ocurre a lo largo de la historia, con solo unos breves descansos durante un periodo de paz general.

Todas las circunstancias que conducen a los movimientos de “______ Vidas Importan” tienen una cosa en común: la enemistad.

También te puede interesar: Sanando las heridas del racismo 

El establecimiento de la enemistad

Hace años asistí a una clase que me hubiera permitido llevar un arma de fuego oculta. El instructor, un marino retirado, dejó en claro que la única manera de salir de la situación con alguna normalidad psicológica cuando se trata de quitarle la vida a alguien, incluso cuando es en defensa propia, es clasificando a la persona muerta a tus pies como un animal y no como un ser humano en absoluto.

Esta sugerencia muestra la necesidad universal, generalmente implícita, de la estratificación de valores cuando se inflige daño a otro ser humano. La estratificación de valores es la práctica de colocar a los seres humanos en una jerarquía de valores de acuerdo a ciertas clasificaciones.

El instructor de transporte oculto de armas indicó que la estratificación explícita de valor psicológico, coloca mi vida y la vida de los miembros de mi familia no solo como algo más importante que la vida de la persona que podría quitar en defensa propia, sino como superior, como lo es un ser humano a un animal. 

No puede haber enemistad sin estratificación. La enemistad es la categorización de otros humanos como inferiores a nosotros y, por lo tanto, dignos de maltrato.

Así fue con los españoles y los portugueses y la estratificación que colocaron por encima de los guaraníes. Así fue con los traficantes de esclavos, los propietarios de esclavos y todos los que no participaron en el rescate y la liberación de esclavos desde el momento en que los primeros europeos llegaron a las costas de Estados Unidos hasta la actualidad. Así fue con la conquista de los Estados Unidos y la subyugación de las poblaciones nativas americanas, así fue con los nazis, y así sigue siendo en la actualidad.

Algunas estratificaciones son más insidiosas que otras. La esclavitud es peor que la imposibilidad de poder sufragar. Sin embargo, la diferencia entre la clasificación de un esclavo negro en el sur de los Estados Unidos hace un siglo y medio, y una mujer antes de su derecho al sufragio es de grado y no de tipo.

Cualquier otro progreso que haya tenido lugar, el progreso en general ha sido lento y gradual. Y nuestro tiempo actual parece haber hecho poco para abordar el problema más amplio y permanente de la enemistad. Quizás es por eso que el conflicto sobre la raza parece haberse intensificado en nuestros días.

La enemistad por el bien de la guerra

el Salvador

La guerra muestra enemistad en todo su horrible esplendor. Se podría argumentar que se necesitó la enemistad de los políticos del lado estadounidense para enviar hombres jóvenes, en su mayoría de la clase media estadounidense, para pelear una guerra insensata en Vietnam.

La estratificación de valores implícita, cargada de elitismo, de tales políticos tomó la forma de la determinación de la prescindibilidad en aras del intervencionismo equivocado. No soy el único en concluir que la clase dominante estadounidense estimaba con enemistad a miles de jóvenes de clase media, tratándolos como herramientas prescindibles para fines geopolíticos.

El elitismo justificado por la enemistad en el presidente Lyndon Johnson, quien puso los dos pies en el acelerador de la guerra, se demostró de múltiples maneras. Su insistencia al colocarse como el ser humano más valioso del planeta se captura al menos parcialmente en el siguiente incidente: Cuando Johnson aterrizó en una base de la Fuerza Aérea, un joven oficial dirigió al Presidente a un helicóptero diciéndole: “Señor, su helicóptero está por aquí”. Johnson respondió: “Hijo, todos son mis helicópteros”.

Por otro lado estaba el terrible comportamiento de los propios soldados. Para que matar sea tolerable, los soldados estadounidenses necesitaban deshumanizar a los soldados y civiles vietnamitas, etiquetándolos como “gooks”, formas peyorativas de dirigirse a ellos, (así como los alemanes eran “krauts” y los japoneses eran “japs” durante la Segunda Guerra Mundial). 

Este acto de enemistad disminuyó la autodestrucción psicológica inevitable y devastadora que viene de quitarle la vida a otra persona. Esto también es cierto para los soldados vietnamitas y la deshumanización de los estadounidenses. 

En el frente interno, los veteranos vietnamitas fueron recibidos por un público hostil que los llamó “asesinos de bebés”, lo que se suma a la enemistad general de la guerra. Es de destacar que la enemistad de la guerra no siempre se desarrolla como racismo. La enemistad es algo mucho más grande.

La horrible pérdida de vidas, valores, inocencia, familia y felicidad no trajo ganancias que pueda calcular (con la posible excepción de algunas de las más grandes protestas del rock and roll jamás creadas). La enemistad es causada por la guerra en un círculo vicioso cada vez más amplio, sin importar las elaboradas justificaciones presentes en cada lado para excusar su propio desprecio. La violencia crea odio y el odio genera violencia.

El miedo a la ampliación de los conflictos y la violencia en Estados Unidos existe ahora en ambos lados del espectro político.

Los resultados inevitables de la enemistad

El 25 de mayo a las 8:15 de la noche en Minneapolis, la estratificación del valor humano del oficial Derek Chauvin resultó en el asesinato de George Floyd. Este asesinato es sólo un pequeño universo de una estratificación de valor mucho más grande en los Estados Unidos.

Parece que nuestra propensión intelectual heredada a clasificar las cosas en el mundo ha sido tan exitosa que existe la tendencia a aplicar categorías a todas las personas. Esto nos lleva a taxonomías humanas que incluyen al valor y la moralidad. 

Como los humanos son valorados como menos valiosos y, quizás, como malvados (por enemistad), existe una justificación para tal maltrato. Una vez que la categorización es arraigada como parte de un sistema social más amplio, es difícil cuestionar su validez a menos que haya algún cambio trascendental.

Derek Chauvin no es responsable de la creación de su categorización en gran parte heredada. Sin embargo, es responsable tanto de su contribución a su calcificación en general como de su actuación individual.

La destrucción del sistema se considera, especialmente para los estadounidenses, como una gran virtud. Es, después de todo, lo que hicieron los fundadores de la nación.

La cita de Thomas Jefferson, “sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, es la mejor forma de romper el sistema, aunque mal ejemplificado por Jefferson y los otros fundadores.

Hay cierto crédito moral alcanzado entre los fundadores, especialmente cuando tenemos en cuenta la ética moral y racial de la época. La esclavitud era aborrecible para muchos de los fundadores que eventualmente cedieron como un compromiso solo para que los estados del sur se unieran a la Unión.

El problema para algunos de los primeros líderes, incluido Thomas Jefferson, era la definición exacta de la palabra “hombres”. En este caso, Jefferson sólo se refería a los hombres (no a las mujeres), hombres blancos con propiedades por cierto. 

La declaración tomada en su pureza nominal es honorable en verdad. La ejecución de la misma fue sin duda una mejora sobre las prácticas de estos tiempos inmemoriales. La proclamación de Jefferson merecería un 10 si se califica en una curva para aquel tiempo, pero no obtiene más que un 1 en una escala absoluta debido a cómo se aplicó.

La religión

importancía de la religión

Los resultados de la religión, especialmente el cristianismo, deberían, si se siguen, dar lugar a prácticas y sociedades pacíficas e igualitarias, pero a menudo se quedan cortas. Quizás se espera demasiado.

Los humanos cristianos también son humanos griegos, estadounidenses, latinos, africanos, republicanos, humanistas y libertarios que heredan el bagaje social con frecuencia basado en la enemistad. Dicho de otra manera, los cristianos con frecuencia dejan que su religión se filtre a través de su ideología política o grupal, lo que resulta en una cosmovisión enrevesada que apenas sería reconocible para Jesús.

A un siglo después de Su muerte, el cristianismo se convirtió en una estructura social, una ideología política, un lenguaje codificado. Jesús trató de separar Sus enseñanzas del alcance del César, pero esta división no duró mucho. 

¿Cómo es que las personas que defienden la religión cristiana produjeron las Cruzadas? ¿Cómo es que dos religiones cristianas estuvieron en guerra durante décadas en Irlanda del Norte?

La lista de atrocidades desesperantes asociadas de alguna manera con las personas de fe es larga. En la película “La misión”, los jesuitas fueron los cristianos que actuaron de acuerdo con la admonisión de Jesús y de Pablo con el fin de obtener resultados igualitarios incluyendo sacrificios de su parte.

Los “cristianos” mucho más numerosos, como los conquistadores, a duras penas podrían ser llamados con ese nombre si es que sus acciones fueran la medida de su cristianismo.

Pero hubo jesuitas y aquellos como ellos, como en ese entonces y ahora, que se negaron a dejar que su religión fuera deformada por sus sociopolíticas y, por lo tanto, rechazaron la enemistad.

Mi propia religión no es la excepción. Estamos conformados por múltiples ideologías y nacionalidades junto con nuestros diversos antecedentes no cristianos asociados. Con demasiada frecuencia, también dejamos que nuestra religión se desvíe y se deforme involuntariamente por la influencia de nuestra herencia sociopolítica, algo que aparece dolorosamente en nuestra propia historia. Esto es tanto una vergüenza como un reconocimiento de la típica realidad humana.

A primera vista, incluso el Libro de Mormón sugiere una cierta estratificación de valores, aunque esto ciertamente no se confirma cuando el mensaje del libro es tomado en su totalidad.

Dios les dijo a los nefitas, como en el Antiguo Testamento, que fueran endógamos por un periodo de tiempo (un matrimonio dentro de un grupo específico según lo requerido por costumbre o ley), llegando así a identificar a los forasteros por el tono de su piel de una manera que es desafiante para los lectores modernos (2 Nefi 5:21).

El mensaje principal y predominante, sin embargo, está en relación a la mínima equidad y en su perfecto estado, la igualdad.

Los defensores de los defensores (Alma y los hijos de Mosíah) en el libro eran quienes amaban la vida de aquellos fuera del grupo con el que se identificaban, tanto o de igual, manera que a los suyos.

Las propias acciones de Jesús en el Nuevo Testamento hacia los “forasteros” y el dar Su vida por todos, encarnan el máximo ejemplo de esto. Y tal vez de manera previsible, el evento culminante del Libro de Mormón —la visita de Jesús al continente americano— en la batalla entre la enemistad y la equidad, marcó el comienzo de una disolución completa y notable de la estratificación del valor humano y, por lo tanto, la enemistad.

“No había ladrones, ni asesinos, ni lamanitas, ni ninguna especie de -itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios”. -4 Nefi 1:17

Ciertamente, para los miembros de La Iglesia de Jesucristo, tomar señales del Libro de Mormón requerirá una disminución de la enemistad hasta que llegue a cero, junto con un sentido más fuerte de igualitarismo y sacrificio personal.

El cristianismo ciertamente no es la única religión que a veces sufre de elitismo. Cada vez que hay una afirmación, válida o no, de que un grupo es el pueblo elegido, la tendencia humana es crear una estratificación de valores donde el “nosotros” se encuentra en la parte superior y todos “ellos” siguen a continuación.

De hecho, esto es sin duda cierto para todas las comunidades humanas. Entre los grupos no religiosos, profesionales, académicos y de otro tipo, el elitismo, y por lo tanto la enemistad, es omnipresente. Pero con estos, no hay un llamado de contrapeso disponible para acceder a un estándar más alto como se da con las enseñanzas de Jesús y otros líderes espirituales.

Las influencias sistémicas e individuales

Desde el asesinato de George Floyd, ha habido un llamado a un cambio estructural tan fuerte como nunca antes lo había visto. Una de las evidencias de la fuerza de este llamado es el cambio de actitud con respecto a Colin Kaepernick.

Cuando Kaepernick se arrodilló por primera vez durante el himno nacional en un partido de fútbol americano de la NFL, fue vilipendiado hasta el punto que hubo movimientos para boicotear a la NFL, siendo la administración de la liga de fútbol poco entusiasta en su apoyo. En la actualidad, incluso Nascar, un bastión de los blancos conservadores del sur, ha prohibido la bandera confederada en sus eventos. 

El valor de la moneda social de Kaepernick se ha incrementado hasta el punto de que recibe elogios por parte de grandes personalidades del deporte como Brett Favre, Pete Carroll, Megan Rapinoe y otros, tanto por su declaración como por la forma en que eligió llevarla a cabo.

Parece ser que nos encontramos en un punto crucial. Las actitudes públicas han cambiado proporcionando una oportunidad única que podría desperdiciarse si no lo hacemos bien. Deben cambiar dos cosas para que el alejamiento de la enemistad sistémica tenga poder de permanencia.

Una es que los corazones y las mentes humanas de cada individuo deben cambiar, la otra es que debe haber cambios sociales más grandes en el sistema que no favorezcan a algunos a expensas de otros. Si ambas cosas no suceden, habrá más George Floyds y protestas violentas.

La economía como sistema

Se han hecho fuertes argumentos de que dos de las muchas razones por las cuales las personas de color, especialmente los hombres de color, están encarcelados en ratios mucho más altos que sus homólogos blancos, asiáticos o hispanos son el prejuicio racial y una representación legal inferior.

Combinados, estos ayudan a darnos cuenta de la cantidad desproporcionada de personas de color encarceladas versus las personas blancas per cápita. Los datos de la investigación de Pew muestran que en el 2017 habían 1,549 prisioneros de color por cada 100,000 adultos de color, casi seis veces la tasa de encarcelamiento para las personas blancas (272 por 100,000) y casi el doble de la tasa para los hispanos (823 por 100,000).

Dadas las realidades económicas del ingreso promedio, es mucho más difícil que un hombre negro reciba una defensa a la par que un hombre blanco. La justicia ciega, un ideal digno, no es tan ciega cuando las desigualdades financieras influyen tanto en la equidad de los resultados. Ser capaz de organizar una defensa fuerte y, por lo tanto, costosa no debería ser el privilegio de sólo los ricos.

Lamentablemente, cualquier alternativa a un sistema legal basado en la economía, en donde han sido juzgados, tiene resultados mucho peores, como en años de los gulags de Stalin, donde solo un grupo de oligarcas determinó el destino de ricos y pobres por igual para acabar con cualquier oposición política. Para 1936, los Gulags tenían más de 5 millones de prisioneros. 

Otra ilustración se encuentra hoy en Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro ha tomado el control del poder judicial y de la rama legislativa del gobierno. Aunque no veo una alternativa factible y viable a un sistema de justicia basado en la economía, sí veo formas de mitigar el impacto. 

Una forma es reformar nuestro actual sistema de justicia penal de manera que despenalice las infracciones del malum prohibitum. Según prisión policy.org:

“Durante cuatro décadas, Estados Unidos ha participado en un experimento global sin precedentes para hacer que cada parte de su sistema de justicia penal sea más expansiva y más punitiva. Como resultado, el encarcelamiento se ha convertido en la respuesta predeterminada de la nación ante el crimen, con, por ejemplo, el 70 por ciento de las condenas que resultan en confinamiento”.

Además de la cantidad incomprensible de prohibiciones por las cuales uno puede ser encarcelado, se intensifica la interpretación constitucional por parte de los tribunales, tal como lo desarrolló Tahir Duckett en la revista “The Atlantic”.

“… En el derecho penal, los tribunales han reducido en varias ocasiones el alcance de las protecciones de la Constitución en los últimos 50 años, el período de tiempo que coincide con el aumento del encarcelamiento masivo, sin requerir que el gobierno demuestre que estas limitaciones estén justificadas”.

En la parte inferior, el problema a la cabeza es la enemistad, que crea un sistema de justicia retributivo en lugar de uno de rehabilitación. Los hombres de color tienen más posibilidades de perder en un sistema de justicia punitivo y acelerado, y también diría que tienen más posibilidades de ganar en un sistema basado en la misericordia y la restauración, la dignidad y la calidad de vida.

La Justicia y Misericordia

Si colocaras la Justicia y la Misericordia en cualquier extremo de un continuo con un punto de apoyo en el medio, podría decirse que el gobierno de los Estados Unidos podría soportar el peso de un yunque en el lado de la justicia y simples plumas en el lado de la misericordia.

Las demandas por justicia son ubicuas. La justicia incluso se ha introducido en nuestro lenguaje de misericordia con términos como “Justicia social”. El problema con exigir lo que debería llamarse Misericordia, como Justicia, es que no hay un enfoque en el verdadero punto central del asunto: la reforma legal.

Dicho de otra manera, la Justicia generalmente equivale a una condena y, por lo tanto, a resultados punitivos, mientras que la Misericordia representa la liberación. Los tribunales penales en los Estados Unidos están orientados en gran medida hacia la condena y, por lo tanto, se basan en castigos.

¿Qué pasaría si los tribunales estuvieran más orientados hacia la misericordia y la reconciliación, como se refleja en el creciente movimiento hacia la justicia restaurativa?

Portugal puso a prueba un sistema legal basado en la Misericordia para delitos de drogas. Los resultados fueron asombrosos. A medida que se despenalizaron las drogas en el 2001 y el dinero destinado previamente a los encarcelamientos costosos se desplazó hacia la rehabilitación de las mismas, al contrario de casi todas las predicciones del desastre que se produciría ante este cambio, casi todas las estadísticas relevantes mejoraron.

La relación con las altas tasas de encarcelamiento de personas de color en los Estados Unidos es la siguiente: una persona de color no necesitaría depender tanto de una defensa legal adecuada y, por lo tanto, costosa si es que las sanciones no fueran tan estrictas, sino más centradas en la rehabilitación, y si es que muchas de las actividades no violentas fueran despenalizadas.

Dicho todo esto, parece estar integrado en nuestra psique nacional que el castigo por los delitos es el mejor elemento de disuasión. Los datos, sin embargo, simplemente no lo confirman. Parece que muchos candidatos, especialmente para el cargo de Procurador General, se muestran con una campaña de ser “severos contra el crimen”, lo que significa respuestas punitivas al crimen (incluso el crimen que no tiene víctimas).

Los resultados penales de justicia severa hacen lo suficiente como para alentar un mayor comportamiento criminal. Dos de los cuales son la asociación forzada de los delincuentes moderados con sus homólogos mucho más reincidentes en el sistema penitenciario, junto con la falta asociada de oportunidades de empleo y una calificación permanente sobre quienes son una vez cumplida su sentencia.

Por más aterrador que suene la frase “Defund the Police” (Desfinancien a la Policía) como una etiqueta, entiendo su intención como un llamado al equilibrio de la Misericordia y la Justicia sistémicas. Dicho de otra manera, es un replanteamiento y una reconstrucción de elementos que protegen a la sociedad civil. Es un llamado a eliminar la enemistad sistémica.

El favorecimiento sistémico

Hay un trabajo arduo y prolongado para aquellos que desean reducir la enemistad reflejada en los sistemas que nos rodean. La despenalización es un ejemplo. La política de guerra es otra.

Los cambios descritos regularían, especialmente, las escalas de justicia en favor de una oportunidad más equitativa para los hombres de color y, por lo tanto, para las familias de estos, pero también para la de todos los estadounidenses.

Junto con el trabajo a largo plazo, universal y continuo de erradicar la enemistad en nuestros propios corazones y mentes humanas, existe una oportunidad inmediata para abordar la fuente de la enemistad sistémica asociada con nuestra herida nacional y supurante de inequidad para con las personas de color.

Y en el camino para lograrlo, nos exijamos permanecer abiertos a las ideas que no se alinean con nuestros prejuicios o perspectivas anteriores. Como lo dijo un abatido oficial de policía esta semana: “Si estás en lo correcto o no, no es importante en este momento. Nadie está escuchando. Cualquier acción justificada está siendo tergiversada”.

Podemos hacer algo mejor que eso. Y por el bien de los más vulnerables entre nosotros, debemos hacerlo mejor.

Este artículo fue escrito originalmente por David Grant y fue publicado originalmente por publicsquaremag.org bajo el título “George Floyd, Derek Chauvin, and Enmity

| Para meditar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *