Moroni, hijo de Mormón, es un hombre impresionante. Fue el último profeta / historiador en escribir en las planchas de oro. Con sus propias manos, enterró el futuro Libro de Mormón en el cerro Cumorah. Como un ser glorioso y resucitado, enviado de la presencia de Dios, instruyó a José Smith durante cuatro años antes de entregarle las planchas.

Juan el Revelador lo vio en una visión:

“Y vi a otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo”. (Apocalipsis 14: 6)

Debido a su posición fundamental en la historia, Moroni es honrado en las torres de los templos Santos de los Últimos Días desde Ghana hasta Australia.

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Sin embargo, durante su vida, Moroni enfrentó el miedo, la ansiedad y la pérdida. En los primeros diez versículos de Mormón 8, Moroni hace un registro de todo lo que tuvo que enfrentar:

– He aquí que yo, Moroni… no tengo sino pocas cosas que escribir…

– Sucedió, pues, que tras la grande y tremenda batalla… los lamanitas persiguieron a los nefitas que se habían escapado a las tierras del sur, hasta que todos fueron destruidos.

– Y mi padre también murió a manos de ellos, y yo quedo solo para escribir el triste relato de la destrucción de mi pueblo…no sé si me matarán o no.

– Escribiría… si tuviera espacio en las planchas; pero no lo tengo

– Mineral no tengo

– Me hallo solo

– Mi padre ha sido muerto en la batalla, y todos mis parientes

capitan Moroni

– No tengo amigos ni a dónde ir

– Cuánto tiempo el Señor permitirá que yo viva, no lo sé.

– Los lamanitas han perseguido a mi pueblo, los nefitas… hasta que no existen ya

– Los lamanitas están en guerra unos contra otros

– Toda la superficie de esta tierra es un ciclo continuo de asesinatos

–  Ya no hay sino lamanitas y ladrones que existen sobre la faz de la tierra.

– Y no hay quien conozca al verdadero Dios salvo los discípulos de Jesús, quienes permanecieron en la tierra hasta que la iniquidad de la gente fue tan grande que el Señor no les permitió permanecer…

¿Te imaginas a Moroni escribiendo en las planchas con su corazón lleno de tristeza? Su angustia por su padre, familia y amigos, todos ellos sufrieron muertes violentas, es más de lo que se puede soportar. En su soledad, no le importaba a dónde ir o cuánto tiempo viviría.

Sin embargo, de alguna manera, a pesar de toda la oposición, la adversidad y la pérdida personal, recibe fortaleza. Termina los capítulos 8 y 9 del libro de su padre, encuentra mineral y hace nuevas planchas, resume los 15 capítulos de Éter, inserta su propio testimonio de fe y escribe su propio libro, con sus 10 capítulos de instrucción y testimonio.

¿Cómo podía él, deprimido como estaba, ceñirse los lomos, tener coraje y alcanzar un grado tan asombroso? Desde el capítulo 8 de Mormón hasta el final del Libro de Mormón, Moroni enseña, con ejemplos y palabras, su curso de 9 pasos sobre cómo superar la ansiedad y la depresión, que son el resultado de la pérdida y el temor.

9 pasos para superar la depresión según Moroni

1. Registró sus sentimientos y su situación. De ese modo, estableció una base para recordar su tristeza y medir su sanación.

2. En cierto momento se dio cuenta de que necesitaba dejar de lamentar su situación: “He aquí, ceso de hablar concerniente a este pueblo”. (Mormón 8:13)

3. Recordó quién era él y su familia: “He aquí, soy Moroni” (Mormón 8:12); “Soy hijo de Mormón y mi padre es descendiente de Nefi” (Mormón 8:13).

4. Se definió a sí mismo por su trabajo: “Y soy el mismo que esconde esta historia para los fines del Señor”. (Mormón 8:14)

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5. Aceptó el consuelo y encontró ánimos en las palabras de los demás. Recordó las palabras de su padre: “Hijo mío, sé fiel en Cristo” (Moroni 9:25). Recordó haber sido visitado por los Tres Nefitas: “Mas he aquí, mi padre y yo los hemos visto, y ellos nos han ministrado”. (Mormón 8: 11)

6. Él trabajó.

7. Tradujo las planchas jareditas y encontró a un amigo en el profeta Éter, que también vio a una civilización destruirse a sí misma. Moroni debe haber sentido una afinidad cuando leyó las palabras de Éter:

“Si el Señor quiere que yo sea trasladado, o que sufra la voluntad del Señor en la carne, no importa, con tal que yo me salve en el reino de Dios”. (Éter 15:34)

8. Moroni perdonó y encontró un propósito. En Moroni 1: 1, informó que los lamanitas estaban tratando de matarlo. Sin embargo, 3 versículos después explicó que su propósito era escribir algo que “tal vez fuera de valor para sus hermanos los lamanitas en algún día futuro” (Moroni 1:4).

9. Puso su confianza en Jesucristo y advirtió a todos: “[Amen] a Dios con todo su poder, mente y fuerza”, “no [nieguen] su poder” y sean “santificados en Cristo” (Moroni 10:32 -33).

Cuando me siento sola o desamparada y empiezo a tener pensamientos negativos, trato de pensar cuál de todos los principios que Moroni enseñó sobre el bienestar emocional puede ayudarme.

10 lecciones que aprendí de la fortaleza de Moroni

1. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo expresar mis sentimientos en un diario.

2. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo dejar de lamentar mis pérdidas, decepciones y dolor. No sé si esto es normal, pero cuando sucede algo realmente malo, quiero contarles a todos sobre ello.

Hace unos 5 años, nuestra familia sufrió un trágico accidente. Durante meses, se lo conté a todos los que me escuchaban: familiares, amigos, empleados en las tiendas que frecuentaba, vendedores telefónicos, extraños en la calle, reviviendo el trauma una y otra vez.

En un momento me di cuenta de que estaba atrapada en un patrón destructivo. Estaba perpetuando el dolor y no avanzaba hacia la aceptación o la sanación.

3. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo ganar valor al recordar a mis padres y antepasados. Mi padre luchó en la Segunda Guerra Mundial y sobrevivió. Mi madre sirvió a los demás, todos los días de su vida, a través de la música.

El abuelo Todd creó un gran jardín para ayudar a alimentar a la familia durante la crisis económica de 1929. La abuela Todd pasó su vida cuidando a los niños con amabilidad. La mayor alegría del abuelo Haymore fue enseñar el evangelio. La abuela Haymore hizo ropa para mí y para muchos, muchos, muchos otros.

4. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo ganar valor al recordar a mis Padres celestiales. Soy “un hijo de Padres Celestiales que me aman y, como tal, tengo naturaleza y destino divinos” (La familia: una proclamación para el mundo).

5. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo comenzar a trabajar y definir mi futuro al terminar figurativamente el registro de mi Padre, encontrar mineral y cumplir mi llamamiento.

6. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo recibir consuelo y fortaleza a través de las palabras de otras personas: escuchando las impresiones del Espíritu Santo, escuchando a los profetas, pasados ​​y modernos, y escuchando los consejos de otros que han pasado por lo que estoy pasando.

7. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo perdonar orando por aquellos que han hecho daño a mis seres queridos o a mí. Puedo perdonar haciendo el bien a los demás.

8. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo someter mi voluntad a la voluntad de Dios y reconocer que Él ve todo el iceberg mientras que yo solo veo la punta.

9. Puedo hacer lo que hizo Moroni. “[Amar] a Dios con toda [mi] alma, mente y fuerza”, “no [negar] su poder”, y luchar por ser “[santificado] en Cristo” (Moroni 10: 32-33).

10. Puedo hacer lo que hizo Moroni. Puedo esperar el glorioso día en el futuro, cuando realmente me reuniré con Él en el “agradable tribunal del gran Jehová” (Moroni 10:34).

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Esta es una traducción que fue escrita originalmente por Marilynne Todd Linford en latterdaysaintmag.com con el título “A Prophet’s Example of Working through Depression”.