Cada suicidio es una pérdida que deberíamos lamentar y tratar de prevenir en el futuro, está en nosotros ayudar a nuestros hermanos y hermanas LGTB+

Cuando el ejército alemán invadió Bélgica durante la Primera Guerra Mundial, surgió un rumor entre las potencias aliadas de que los soldados alemanes habían asesinado brutalmente a un bebé belga. Muchas personas afirmaron haber visto al bebé, la prensa informó que aquel acontecimiento fue un hecho, y pronto se convirtió en una creencia aceptada.

Los historiadores ahora reconocen este “acontecimiento” como algo mitológico.

No hay una evidencia sólida o confiable de que tal bebé haya existido, sin embargo fue una historia terrible que todos los que ya se oponían a las Potencias del Centro parecían querer creer.

Este es un excelente ejemplo de un fenómeno visto en otros lugares: si una creencia encaja en un marco o narrativa que es respaldado firmemente sobre un tema cargado de emociones, entonces esta creencia adquiere una vida propia muy respetada.

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Lamentablemente, este tipo de información errónea se ha producido en ocasiones con respecto al suicidio, un área delicada que merece nuestra atención constante, análisis cuidadosos y continuos esfuerzos de intervención.

En ocasiones, el nexo de creencias interrelacionadas con respecto a los suicidios de personas LGBT+ entre los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha sido tergiversado o exagerado públicamente.

Ciertamente, a diferencia del caso belga, hay muchos casos de Santos de los Últimos Días LGBT+ que se han quitado la vida trágicamente. Cada suicidio es una pérdida que deberíamos lamentar y tratar de prevenir en el futuro.

La complejidad de la perspectiva completa del suicidio es un importante punto de partida para una conversación pública productiva. Los expertos en salud mental en asociación con GLAAD, un grupo de defensa LGBT+, aconsejan no vincular “una política específica (o la falta de esta)” con el suicidio o la prevención del suicidio. 

Además, aconsejan no normalizar “el suicidio presentándolo como la consecuencia lógica por actos de bullying, rechazo, discriminación y exclusión que las personas LGBT+ a menudo experimentan”.

Todas las comunidades, incluidas, y especialmente las comunidades de fe, pueden y deben hacer más para intervenir y ayudar a quienes experimentan signos de tendencias suicidas.

Los cristianos en general, y los miembros de la Iglesia de Jesucristo específicamente, deben estar a la vanguardia para expresar y comunicar compasión y consuelo, y para extender preocupación genuina a aquellos que pueden sentirse al margen o que experimentan emociones negativas, depresión o sentimientos de aislamiento.

Sin embargo, en lugar de reconocer el valor del apoyo en las comunidades de fe, en los últimos años se ha vuelto común escuchar a personas que afirman que ciertas investigaciones prueban que la religión en sí misma está impulsando algunas de las tendencias suicidas. 

Como investigador con años de experiencia en esta área, permítanme ser claro: la afirmación realizada en ciertas ocasiones de que existe un fenómeno de suicidio masivo establecido entre los Santos de los Últimos Días LGBT+ directamente atribuible a la teología de los Santos de los Últimos Días (o sus políticas) no está respaldado por datos actuales e investigación académica.

Nuevamente, tal como los expertos en salud mental en asociación con GLAAD lo plantean: 

“Las causas subyacentes de la mayoría de las muertes por suicidio son complejas y no siempre son obvias de manera inmediata. Hacer suposiciones apresuradas sobre esas causas, incluso cuando se basan en comentarios de familiares o amigos o en informes de los medios de comunicación, puede dar lugar a declaraciones que luego puedan resultar ser inexactas”.

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Es difícil evaluar rigurosamente las afirmaciones sobre la causalidad de suicidio según los estándares revisados ​​por pares. Es posible que la gente se sorprenda ante la poca evidencia que hay sobre las afirmaciones secundarias relacionadas tales como, en palabras de una celebridad, Utah ha experimentado un aumento en el suicidio “debido a la vergüenza [que los adolescentes LGBT+] sienten en la Iglesia Mormona”.

Lamentablemente, estas creencias a veces han cobrado vida propia, independientemente de su validez.

He hablado con colegas estudiados y eruditos en ciencias sociales que toman la correlación entre la teología y el suicidio como un hecho, incluso cuando se enfrentan con información contradictoria, incluidos números objetivos y oficiales que no proporcionan ninguna evidencia para tal afirmación.

Los grupos o individuos altamente visibles que intentan usar números de casos de suicidio para presionar a la Iglesia a cambiar su teología, a veces informan estadísticas sombrías que muestran tasas de suicidio muchas veces más altas de lo que pueden confirmar los números oficiales. 

Finalmente, la blogósfera y los artículos académicos no revisados ​​por pares dan voz a las personas que intentan vincular varias estadísticas, algunas más confiables que otras, en un intento de brindar apoyo a la narrativa de que las decisiones provenientes de Salt Lake son responsables de la muerte de un gran número de miembros LGBT+.

Esta información no solo es a menudo inexacta, sino que va en contra de las pautas de GLAAD y, de hecho, puede hacer más daño que bien en algunas personas LGBT+. 

Si bien hay emociones y sentimientos de duelo genuinos y comprensibles que rodean el suicidio y las tendencias suicidas en la comunidad LGBT+ y otros, a veces entre los defensores hay una agenda autoadmitida involucrada de usar los suicidios para forzar a la Iglesia a dejar de lado su teología heteronormativa sobre la Madre Celestial y el Padre Celestial.

Si, por ejemplo, se puede establecer empíricamente que la teología de la Iglesia sobre este asunto está “causando” muertes LGBT+, entonces, según ese argumento, la Iglesia no tendría más remedio que cambiar sus enseñanzas sobre el matrimonio. Dejaré que los teólogos y filósofos discutan la validez de este razonamiento, no obstante, este esfuerzo sería erróneo basándonos en fundamentos de ciencias sociales.

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Las ciencias sociales como un todo han, en su mayor parte, evitado tratar de establecer conexiones causales firmes entre las creencias teológicas específicas de la religión y los diferentes resultados sociales y personales. Hay un par de buenas razones para esto. Una es la fusión entre la teología, las normas y la cultura.

Incluso si un estudio, que utiliza datos de panel y efectos fijos, establece que las tasas de suicidio LGBT+ son más altas en las subdivisiones de un condado con altas poblaciones de Santos de los Últimos Días, o un estudio longitudinal, de gran escala, con casos controlados de Santos de los Últimos Días LGBT+ seleccionados al azar muestra tasas de suicidio más altas para aquellos que se quedaron en la Iglesia (los estudios hasta ahora ni siquiera han comenzado a acercarse a este nivel de rigor), aún sería una pregunta abierta en cuanto a si la causa fue un efecto de la teología o de algún elemento de la sociedad o cultural dentro de la comunidad religiosa.

Definir y poner en práctica las creencias teológicas es inherentemente difícil. ¿Sería la teología misma, o un énfasis o aspecto particular de la teología?

Como lo ha demostrado la historia de la religión, las personas pueden leer declaraciones de creencias bastante simples de maneras drásticamente diferentes. Tratar de incluir las creencias teológicas en las preguntas de una encuesta requiere tratar de meter los matices de un seminario de teología de posgrado en un instrumento diseñado para llegar también a los que deciden abandonar la escuela secundaria.

Esto no quiere decir que no pueda haber estudios que indiquen de manera sugestiva cierta tendencia de una forma u otra; mi propia investigación publicada ha tratado de hacer algo de esto. 

Hasta que podamos asignar aleatoriamente diferentes creencias a las personas y seguirlas para medir sus resultados posteriores, cualquier intento de relacionar rigurosamente una creencia teológica a un resultado en particular es, en el mejor de los casos, poco convincente. 

Por mi parte, no espero que un artículo con referencias de oro, revisado por expertos, que conecta definitivamente la posición heteronormativa de la Iglesia sobre las familias con las tasas más altas de suicidio de sus miembros LGBT+ se publique en un futuro próximo.

Las personas que intentan presionar a la Iglesia para que cambie sus creencias tendrán que buscar sus tácticas retóricas en otra parte.

Sin embargo, como se mencionó anteriormente, hay muchos problemas secundarios que, aunque no abordan directamente esta conexión entre los suicidios, la teología y las personas LGBT+, están algo relacionadas incluso si estas afirmaciones, por sí mismas, no proporcionan evidencia confiable para la narrativa entre el suicidio, la teología y los LGBT+. 

Por ejemplo, ¿hay una crisis de suicidio de personas LGBT+ en Utah? ¿Tienen los Santos de los Últimos Días LGBT+ más tendencias suicidas que sus contrapartes seculares? ¿Existe una relación entre la ortodoxia de los Santos de los Últimos Días, los miembros LGBT+ y la salud mental? 

Con rumores estadísticos e insinuaciones sobre este tema, es difícil entender qué estadísticas tienen fundamentos y cuáles no.

Por ejemplo, la tasa de suicidio más alta que la media de Utah a menudo está vinculada a una narrativa explicativa más amplia de que las tasas más altas están directamente atribuidas a los padres que rechazan a los jóvenes Santos de los Últimos Días LGBT+. 

Si bien es cierto que Utah tiene una tasa de suicidio superior a la media (junto con prácticamente todos los demás estados de la región), y que las personas LGBT+ tienen un mayor riesgo de suicidio, ningún estudio ha probado que las tasas de suicidio de personas LGBT+ en Utah son estadísticamente significativamente más altos que los de los estados comparativos circundantes.

Hay buenas razones para esto, ya que esta estadística sería muy difícil de encontrar, ya que el denominador (la población total LGBT+) es probablemente una cifra “gris” (difícil de calcular con precisión) en un estado intensamente conservador como Utah. Por lo tanto, no hay evidencia suficiente para justificar la afirmación de que hay una epidemia de suicidios de personas LGBT+ en Utah.

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Hay una epidemia de suicidios, y dado que las personas LGBT+ corren un mayor riesgo de suicidio que la población general, podemos suponer que, en igualdad de condiciones, los suicidios de personas LGBT+ son una parte importante de la crisis total de Utah. 

Los que convierten esta tragedia en un arma, generalmente infieren que hay algo en particular en Utah que se relaciona con los factores de estrés que las minorías con diferente orientación sexual sienten en los Estados Unidos, pero no hay evidencia científica social sólida para afirmar eso.

Sobre la pregunta de si la religión entre los Santos de los Últimos Días LGBT+ alimenta los problemas de salud mental que pueden conducir al suicidio, el hecho es que la literatura sobre la religión y salud mental LGBT+ es compleja. 

En general, la religión (tanto como un comportamiento social como una cosmovisión) está asociada a una amplia gama de beneficios para la salud mental, sin embargo las personas LGBT+ arraigadas en tradiciones religiosas conservadoras a menudo experimentan discriminación y otras experiencias que generan estrés, por lo que las interacciones y contrapolaciones de estas dos fuerzas se desarrollan de manera que reflejan los puntos de vista teológicos matizados y multifacéticos de las mismas personas LGBT+ que siguen una religión. 

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Lo que sabemos es que no hay una conclusión clara de una línea que demuestra empíricamente cómo un creyente LGBT+ debería vivir su vida para maximizar su salud mental.

¿Es responsable la Iglesia y sus prácticas y teología de los suicidios? 

No, pero si seguimos promoviendo la idea de que todos los Santos de los Últimos Días LGTB+ que tienen depresión y tendencias suicidas, entonces aquellos que son más vulnerables a esta idea puedan comenzar a creerla. Fomentar esta creencia puede lastimar a las personas LGTB+, especialmente a los jóvenes LGBT+.

Ahora más que nunca, necesitamos una comprensión profunda de las ciencias sociales y la investigación empírica bien consideradas, junto con una apreciación respetuosa y matizada de la posición de las personas, y el respeto mutuo y la voluntad de ayudar a nuestros seres queridos que pueden estar en diferentes lados de estas preguntas complejas. 

Fuente: Public Square