Había sido un día largo y emocional para Katie Owen. Mientras manejaba de regreso a casa, sentía cómo todo se acumulaba: el inicio de clases, situaciones personales complicadas y una carga emocional que ya no podía ignorar.

Necesitaba hablar con alguien.

Katie tenía tres amigas de confianza a las que solía llamar en momentos así. Eran personas que siempre la ayudaban a ver con claridad y a volver su enfoque hacia Dios. Sin pensarlo demasiado, llamó a la primera. No contestó. Intentó con la segunda, tampoco. Luego la tercera… y tampoco hubo respuesta.

En ese momento, la frustración y la tristeza la sobrepasaron. Se orilló en la carretera porque ya no podía seguir manejando entre lágrimas. Sentía que, justo cuando más necesitaba apoyo, nadie estaba disponible.

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Fue ahí cuando tuvo un pensamiento muy claro: “¿Por qué soy tu cuarta opción?”

No lo sintió como un reclamo, sino como un recordatorio firme. Ese momento le hizo darse cuenta de algo importante: aunque buscaba apoyo en las personas correctas, no siempre acudía primero a Dios.

Entonces decidió orar. No fue una oración elaborada, sino sincera. Le habló a Dios con honestidad, expresando lo que estaba viviendo y cómo se sentía. Después de unos minutos, hizo una pregunta diferente: si no estaba destinada a pasar por eso sola, ¿había alguien específico con quien debía hablar?

mujer orando
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Casi de inmediato, pensó en otra amiga. No era parte de su círculo cercano y hacía tiempo que no hablaban. Dudó por un momento, preocupada por incomodarla, pero la impresión fue tan clara que decidió llamarla.

La mujer contestó rápidamente.

“Justo estaba pensando en ti. Has estado en mi mente estos días”, le dijo.

Katie se sorprendió. Al compartir lo que estaba viviendo, descubrió que esa mujer había pasado por una situación muy similar. No solo entendía lo que sentía, sino que podía ofrecerle una perspectiva real.

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La conversación fue exactamente lo que necesitaba. Escuchó palabras sinceras, consejos prácticos y una experiencia que le dio esperanza. Poco a poco, su carga emocional empezó a aligerarse.

Cuando terminó la llamada, Katie seguía detenida al lado de la carretera, pero ya no se sentía igual. Antes de continuar su camino, hizo otra oración, esta vez para agradecer. Sentía paz.

Ese día comprendió algo que no olvidaría: Dios no se molesta cuando buscamos apoyo en otras personas, pero sí quiere ser parte desde el inicio. Él no solo conoce lo que cada persona está viviendo, sino también sabe quién puede ayudar en el momento preciso.

Para Katie, no fue solo una experiencia emocional. Fue una forma clara de entender que Dios no es la última opción, sino la primera guía en medio de cualquier dificultad.

Fuente: LDS Living

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@masfe.org Para quienes no sepan de dónde es esta escena: si observan bien, están en este continente, en América. Sí, así es. Cuando Jesucristo resucitó, visitó este continente. Lo amo, y también realizó milagros. Pueden ver o recordar esta película llamada Testamentos. #jesucristo #religion #testamento #milagros ♬ sonido original – Masfe.org

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