Pregunta
¿Debería casarme si tengo miedo de que mis futuros hijos tengan autismo?
Estoy comprometida con el hombre de mis sueños. Lo amo y estoy segura de que sería un gran padre, pero hay algo que me preocupa y me cuesta admitirlo.
Su hermano tiene autismo y necesita mucho apoyo en su vida diaria. Además, hay otro familiar suyo con esta condición. Aunque todos queremos muchísimo a su hermano, he visto lo difícil que ha sido para sus padres y tengo miedo de que nuestros futuros hijos también tengan autismo.
Los dos queremos formar una familia, pero no sé si estaría preparada para enfrentar los mismos desafíos que mis futuros suegros. Me siento mal por pensar así, especialmente porque conozco y quiero a su hermano.
Todavía no se lo he contado a mi prometido. Tengo miedo de lastimarlo y de que esto termine con nuestra relación. Sé que no hay ninguna certeza sobre cómo serán nuestros hijos, pero es una preocupación que no consigo superar.
¿Cómo puedo hablar con él sobre lo que siento? ¿Hay alguna manera de enfrentar este miedo sin perder nuestra relación?
Respuesta:

Cuando una pareja habla de tener hijos, suele imaginar los momentos felices: conocer a su bebé, verlo crecer y acompañarlo en cada etapa. Pocas veces se detiene a pensar qué sucedería si la crianza fuera diferente de lo esperado.
Pero tener hijos también significa aceptar que habrá situaciones para las que nadie estará completamente preparado.
El terapeuta familiar Geoff Steurer explica que sentir temor ante una responsabilidad importante no convierte a alguien en una mala persona. Lo que realmente importa es cómo maneja esa preocupación y qué decide hacer con ella.
En este caso, la joven conoce una realidad familiar que le genera incertidumbre. Sin embargo, la experiencia de sus futuros suegros no determina cómo sería su propia familia.

El autismo tiene un componente hereditario, pero no depende de un solo factor. Tener familiares autistas puede aumentar la probabilidad de que un niño también lo sea, aunque no permite asegurar que esto ocurrirá.
Por eso, antes de imaginar el peor escenario, puede ser útil acudir a asesoramiento genético. Un especialista podría ayudar a la pareja a comprender mejor sus antecedentes familiares y las limitaciones de cualquier estimación.
También conviene recordar que las personas autistas tienen capacidades, personalidades y necesidades de apoyo muy diferentes. La experiencia de una familia no representa todas las demás.
En medio de estas preocupaciones, hay una enseñanza de las Escrituras que puede ofrecer otra perspectiva:
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).
La fe no elimina las preguntas sobre el futuro, pero puede ayudar a enfrentarlas sin tomar decisiones únicamente por miedo.
Lo que debería conversar con su prometido

Hay algo que la joven todavía no ha considerado del todo: su prometido también merece participar en esta conversación.
Ella está imaginando cómo reaccionará, qué pensará de sus temores y si decidirá terminar la relación. Sin embargo, todavía no sabe qué siente él respecto a este tema.
Tal vez también se haya preguntado cómo sería criar a un hijo autista. Quizás tenga una perspectiva diferente debido a su experiencia con su hermano. No podrá conocer sus pensamientos mientras evite hablar con él.
La conversación tampoco necesita comenzar cuestionando la posibilidad de tener hijos juntos. Puede empezar reconociendo que desea formar una familia, pero que existen responsabilidades para las que teme no estar preparada.
Expresar esa inquietud con cuidado es muy distinto a dar por hecho que tener un hijo autista sería una desgracia.

Además, la pareja podría conversar sobre asuntos concretos: cómo distribuirían las responsabilidades de crianza, qué apoyo familiar tendrían y cómo enfrentarían situaciones inesperadas.
Estas preguntas son importantes para cualquier matrimonio, independientemente de sus antecedentes familiares.
Steurer también invita a reconocer que amar a alguien no significa tener que ocultar las dudas por miedo a decepcionarlo.
Durante el compromiso, ambos necesitan conocerse lo suficiente para decidir si comparten expectativas y están dispuestos a asumir las responsabilidades de formar una familia.

Puede que esta conversación resulte incómoda. Incluso es posible que descubran diferencias importantes sobre lo que esperan del matrimonio.
Pero evitar el tema no hará que esas diferencias desaparezcan.
Al final, la joven no tiene que fingir que sus preocupaciones no existen ni tomar una decisión apresurada. Puede buscar información, escuchar a su prometido y reconocer sus propios límites.
Tampoco necesita tener una respuesta para cada dificultad que pudiera aparecer en el futuro. Lo que sí necesita saber es si ambos pueden hablar de sus mayores temores sin dejar de tratarse con amor y respeto. Porque antes de decidir cómo enfrentarían juntos una situación inesperada, necesitan descubrir si pueden enfrentar juntos una conversación difícil.
Fuente: Meridian Magazine
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