Los milagros de los misioneros en Nueva York durante el 11 de septiembre

11 de septiembre

El 11 de septiembre de 2001, cambió drásticamente la vida de muchos en la ciudad de Nueva York. 

Los atentados terroristas de aquel día también dejaron una huella entre los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Aquí te compartiremos historias reales de misioneros y presidentes de misión durante el 11 de septiembre que fortalecerán tu fe en Jesucristo.

1. Impresiones del espíritu

Créditos: Louis Lanzano, Associated Press

Para el presidente de la misión Nueva York, Nueva York, Noel G. Stoker, el 11 de septiembre iba a ser una semana de cambios y transferencias.

Sin embargo, él había sentido que era necesario enviar a casa, una semana antes, a los misioneros en su último traslado con el fin de tener oportunidades educativas en la universidad.

18 misioneros terminaron su servicio una semana antes. 21 nuevos misioneros tenían que llegar a Nuevas York ese día.

Después del atentado, el avión que traía a los nuevos misioneros fue derivado a Colorado, donde fueron recibidos por el presidente de la Misión Denver, Colorado.

11 de septiembre

Créditos: Bill Biggart

El ataque ocurrió a las 8:46 de la mañana y los misioneros aun estaban en sus casas.

De haber sido una hora después, muchos misioneros, incluidos los de la zona cero, se hubieran encontrado en las calles y hubieran fallecido.

Los misioneros fueron una ayuda y apoyo muy grande para quienes atravesaron un momento de crisis.

“El Señor sabía que teníamos que estar aquí, en este momento”, dijo el presidente Stoker en 2001.

2. Un día de servicio

Amy Sancetta, Associated Press

El 11 de septiembre fue un día de servicio para el élder Joseph R: Seymour y el élder Seth Fillmore.

Ellos tomaron el tren subterráneo para dirigirse a la isla Ellis. Pero en la estación del World Trade Center, el lugar que albergaba las torres gemelas, los policías no permitieron que nadie subiera o bajara del tren. 

Los misioneros llegaron a la estación Battery Park, al sur de Manhattan, donde rápidamente se darían cuenta del caos que había alrededor suyo. 

Una pareja de Santos de los Últimos Días los vio y los llevó al edificio donde vivían para refugiarlos. Pero al llegar, la Torre Sur colapsó sepultando a todos los que se encontraban ahí. 

11 de septiembre

Los élderes resultaron ilesos y trataron de ayudar a quienes podían, madres y niños. Ellos trataron de regresar a Battery Park y usaron sus corbatas para cubrirse del polvo provocado por los escombros.

En el camino encontraron a una joven Santo de los Últimos Días que se había se parado de sus padres. 

Usando sus corbatas para atar sus manos y mantenerse unidos, buscaron refugio de lo sucedido, lejos de las nubes de humo y concreto.

Horas después, alrededor de las 2 de la tarde, los misioneros pudieron comunicarse con su presidente de misión.

Los élderes y la joven fueron evacuados a la ciudad de Nueva Jersey, al fin estaban a salvo.

3. Un gran “misionero”

Crédtios: Gulnara Samoilova, Associated Press

Ivan Carpio, nacido en Perú, se encontraba en Estados Unidos bajo una visa de trabajo. El joven de 24 años tenía un año de converso y esperaba con ansias poder servir una misión.

Su presidente de distrito, G. Lawrence Spackman, había conversado con él sobre los tramites que se debían realizar para que él pudiera salir a la misión. 

“Hermano Carpio, tenga fe y podrá servir en una misión”, le dijo.

Poco sabía que Ivan se ofrecería como voluntario para cubrir el turno de un amigo en su trabajo en el restaurante Windows of World ubicado en el piso 106 y 107 de la Torre Norte.

Ivan Carpio falleció aquel día, el único Santo de los Últimos Días que trabajaba en las Torres Gemelas.

Créditos: Mark Lenniham Associated Press

El presidente Spackman recordó: 

“[Ivan] estaba tan aliviado y tan feliz. Él se fue lleno de gozo. Yo me dirigí al auto y le dije a mi esposa: ‘Acabo de cometer un gran error. Le dije a un joven que iba a poder servir en una misión y ahora no podrá hacerlo. No sé por qué lo dije, y me siento terrible”.

La obra de Ivan sería al otro lado del velo. 

Su padre, después del funeral, se acercó al presidente Spackman.

“La última cosa que me dijo mi hijo fue que tenía que leer este libro [de Mormón] y orar al respecto. Ahora le digo, presidente, lo haré”.

El señor Carpio regresó a Perú, mientras que su esposa se quedó para seguir las enseñanzas de los misioneros y bautizarse.

La obra de Dios no será truncada

Lo sucedido por los terroristas no pudo detener la obra de Dios. Los misioneros prestaron servicio dentro y fuera de Nueva York, e incluso unieron sus fuerzas con la Cruz Roja. 

A pesar de que algunas personas habían sido endurecidas por el atentado, los misioneros siguieron predicando el evangelio, ablandando los corazones de aquellos que habían sido impactados por la tragedia.

El plan de salvación, el propósito y la naturaleza eterna de la vida, se convirtió en un punto primordial en la enseñanza del evangelio.

Para octubre de ese mismo año, muchos sintieron alivio al escuchar las palabras del profeta en la Conferencia General.

“La paz se nos puede ser negada por un tiempo… Pero Dios nuestro Padre Eterno velará por esta nación y todo el mundo civilizado que a acuda a Él … Vivamos dignos de las bendiciones de los cielos, cambiando nuestras vidas en donde sea necesario y con la vista puesta en Él, el Padre de todos nosotros. Él ha dicho: “Estad tranquilos y sabed que yo soy Dios””

Fuente: Church News

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