Los días que tenía bautismo no sólo fueron algunos de los días más felices de mi misión, sino que también fueron algunos de los más esperanzadores.

Tuve vívidos sueños en los que veía a mis conversos sellarse como familia, servir como obispos o presidentas de la Sociedad de Socorro y, en general, viviendo el Evangelio felices para siempre.

Sin embargo, ese no fue siempre el caso. Los misioneros pasan por una conmoción emocional y espiritual cuando escuchan que alguien a quien enseñaron, por cualquiera que sea la razón, se ha alejado de la Iglesia.

Es demasiado fácil para los misioneros culparse a sí mismos y llegar a sentir que su misión fue un fracaso. En mi caso, algunos de mis recuerdos más felices en la misión se volvieron tristes e incluso amargos.

Esos pensamientos no provienen de nuestro Padre Celestial. Él ama a Sus misioneros y quiere que ellos sientan la cálida aprobación de Su Espíritu.

Aquí hay tres verdades importantes que me ayudaron a sobrellevar los sentimientos que tuve cuando uno de mis conversos se inactivo en la Iglesia.

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1. Tu servicio todavía cuenta

Es tentador creer que a menos que tu converso sea sellado al cónyuge perfecto en el templo exactamente a un año después de su bautismo y luego sea llamado como Obispo, tu servicio misional de alguna manera no cuenta.

Eso no es verdad.

Tu servicio no pierde valor a los ojos de Dios cuando tus conversos parece no estar avanzando como querías. Mi cita favorita de “Predicad Mi Evangelio” se encuentra en el capítulo nueve y dice: 

“Usted es el medio del que Dios se vale para ayudar a Sus hijos.” 

La experiencia al ser la mano que Dios utiliza para ayudar a alguien, incluso si más tarde eligen dejar ir, es de significado eterno.

Observar cómo los conversos se inactivan me enseñó a apreciar una verdad que no cambia, que nuestro Padre Celestial siempre desea ayudar. Él sabía mejor que tú cómo actuaría Su hijo al final, pero aún así optó por comunicarse con ellos.

lorenzo snow

Lorenzo snow

Estaba dispuesto a sentir la decepción de su rechazo sólo para mostrarles que para Él son importantes. Debemos aprender a estar ansiosos y agradecidos de hacer lo mismo. La versión anterior de “Predicad Mi Evangelio” tenía esta cita del Elder Lorenzo Snow:

“No existe hombre mortal alguno más interesado en el éxito del élder que predica el Evangelio que el Señor que lo envió a hacerlo a los que son hijos Suyos.”

Nuestro Padre Celestial quiere que tus conversos tengan éxito incluso más que tú. Él ama profundamente a Sus hijos, lo suficientemente como para ayudarlos incluso cuando Él sabe que no lo seguirán. 

Si bien nuestro rol no siempre es fácil de cumplir en el plan de Dios, ser el medio en que el Señor se acerca a Sus hijos debe ser siempre un papel que respetemos y estemos orgullosos de haber realizado.

2. No significa que fuiste un mal misionero

Para ayudar a implementar el enfoque aprendido en la transmisión mundial para misioneros del 2017, mi misión comenzó a repetir la frase “actuaremos para enseñar el arrepentimiento y bautizar conversos” antes de salir de casa cada día.

Este mantra nos ayudó a aprender a priorizar nuestro tiempo, y, al menos en mí, también creó mucha presión.

Sentía que a menos que bautizara a un cierto número de personas y que todas esas personas se convirtieran en miembros fuertes y de por vida, no estaba logrando el objetivo de la obra misional, a pesar de mis mejores esfuerzos por ser obediente.

Eso no es verdad.

Predicad Mi Evangelio enseña: 

“Usted tiene éxito cuando es obediente, vive con rectitud y hace todo lo posible por ayudar a los demás a vivir el Evangelio.”

 Aunque me gusta esa frase, me sentí más tranquila con la adaptación de la historia de la vida de El Presidente Gordon B. Hinckley:

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“Mientras prestaba servicio misional en las Islas Británicas, mi compañero y yo le enseñamos el Evangelio a un joven a quien tuve el placer de bautizar. Era una persona culta, refinada y estudiosa. 

Me sentía muy orgulloso de ese talentoso joven que acababa de unirse a la Iglesia; pensaba que reunía todas las cualidades para algún día llegar a ser un líder entre nuestra gente.

Él se encontraba en el proceso de hacer la tremenda transición de converso a miembro. Durante un breve período antes de que yo fuera relevado, tuve la oportunidad de ser su amigo. 

Posteriormente fui relevado y volví a casa. A él se le confió una pequeña responsabilidad en la rama de Londres. No sabía nada de lo que se esperaba de él y cometió un error. 

El que estaba a la cabeza de la organización donde él prestaba servicio era un hombre al que puedo describir mejor como una persona con reducidos dotes de amor y propenso a la crítica. En una manera un tanto despiadada, confrontó a mi amigo que había cometido aquel pequeño error.

oración

Esa noche, el joven salió dolido y herido de aquel salón alquilado… Se dijo a sí mismo: ‘Si esa es la clase de personas que son, entonces no volveré’.

Se dejó arrastrar hacia la inactividad. Pasaron los años… Durante un [nuevo] viaje a Inglaterra, traté desesperadamente de encontrarlo… Volví a casa y por fin, después de una prolongada búsqueda, lo localicé. Le escribí y él me respondió, pero no hizo mención alguna del Evangelio.

Pasaron los años y ambos nos fuimos haciendo viejos. Él se jubiló y se mudó a Suiza, y en una ocasión en que me encontraba en ese país, me afané por encontrar el pueblo donde él vivía. 

Pasamos la mayor parte del día juntos: él, su esposa, mi esposa y yo. Lo pasamos de maravilla, pero era evidente que el fuego de la fe se había extinguido hacía mucho tiempo. 

Hice todo lo que pude, pero no me fue posible avivarlo. Continué con mi correspondencia; le envié libros, revistas, grabaciones del Coro del Tabernáculo y otras cosas, por las cuales me expresó su agradecimiento.

Él falleció hace unos meses; su esposa me escribió para darme la noticia. Me dijo: ‘Usted fue el mejor amigo que nunca tuvo’.”

servir en una misión

Me encanta esta historia por dos razones:

1. Incluso ese misionero, que creció para convertirse en el Presidente de la Iglesia, tuvo un converso inactivo; claramente, esta experiencia no es un indicador de su capacidad espiritual actual o potencial futuro para servir al Señor.

2. La historia del Presidente Hinckley muestra cómo debe ser el verdadero amor en la obra misional. No se enojó por las decisiones de su converso. El Presidente Hinckley le brindó su amor a este hombre y nunca se dio por vencido, a pesar de su falta de progreso espiritual. Nosotros deberíamos hacer lo mismo.

3. El albedrío es un regalo, no una maldición

Antes de mi misión, escuchaba a padres quejarse de que la vida sería mucho más fácil si pudieran tener acceso al albedrío de sus hijos. 

En mi misión, los misioneros expresaron frustraciones como “¡Ojalá pudiera hacer que la gente lea el Libro de Mormón!” O “Si tan sólo pudiera recibir un testimonio por ellos.”

Recuerdo haber deseado poder darle, de alguna manera, parte de la felicidad que sentía al vivir el Evangelio a los corazones de mis conversos para motivarlos a regresar al camino.

Si bien eso no es intrínsecamente malo, estos pensamientos nos conducen a sentimientos negativos para con el principio del albedrío. A menudo pensaba: “¿podría secuestrar a su albedrío por unos minutos?” Esta cita del Presidente David O. McKay me ayudó a ver lo contrario. Él dijo:

“Después de la concesión de la vida misma, el don más grande que Dios ha dado al hombre es el derecho de dirigir esa vida.”

El albedrío es uno de los mayores regalos de Dios para nosotros, aprendí que tenía que amarlo, y no resentirme. Todo el plan de salvación sería para nada sin el albedrío. Si te siente demasiado frustrado por las decisiones de un converso, intenta estudiar el principio del albedrío para ayudarte a recordar que es un don, no una maldición.

Un aprecio más grande por el don del albedrío también profundizará tu aprecio por el amor del Padre Celestial.

Recuerdo haber orado fervientemente en mi primera área para que un investigador al que habíamos estado enseñando durante un tiempo hiciera lo que eran, al menos en mi opinión, los pequeños cambios que necesitaba para que su vida comenzara a mejorar.

Mientras oraba, tuve la clara impresión de que así es como debe sentirse el Padre Celestial cada vez que tomo decisiones. Él puede ver tan claramente los beneficios de que yo tome una buena decisión, pero nunca me obligará a hacerlo.

“Not one is forgotten” por Yongsung Kim

Y, sin embargo, no importa cuántas veces tome la decisión equivocada, Él no deja de amarme ni me quita la capacidad que tengo de elegir. Confía en que nuestro Padre Celestial siempre amará a quienes enseñaste, independientemente de las decisiones que tomen.

Sea cual sea tu experiencia misional, recuerda que nuestro Padre Celestial todavía tiene trabajo para ti en la obra. Tu misión fue una inversión espiritual de la que Él tiene muchas ganas de aprovechar.

Confía en que tienes el potencial de hacer maravillas para el Señor por el resto de tu vida; no dejes que las decepciones pasadas debiliten tu fe en el futuro. Estoy aprendiendo a seguir adelante con Doctrina y Convenios 64:33 dándome ánimos:

“Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes.”

Este artículo fue escrito originalmente por Emily Abel y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “3 Things Missionaries Need to Remember When Their Converts Go Inactive