5 mitos tóxicos sobre los hombres en la Iglesia de Jesucristo

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Aparentemente hay diferencias significativas entre los hombres y las mujeres de la Iglesia de Jesucristo.

Uno ingresa a una clase de la Sociedad de Socorro y parece que encuentras mujeres con increíbles materiales didácticos, alimentos para compartir y un espíritu apacible, mientras que en el Cuórum de Élderes parece suceder todo lo contrario.

Uno asiste a la sesión de mujeres de la Conferencia General y parece que escuchas palabras de afirmación, mientras que en la sesión del sacerdocio uno aprende cada detalle de lo que está mal.

Si bien estas son exageraciones, resaltan algunos de los mitos tóxicos que a menudo tenemos sobre los hombres en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Hoy analizaremos cinco de estos mitos y la razón por la que son dañinos para todos los miembros de la Iglesia.

MITO #1: “El Sacerdocio” solo hace referencia a los hombres

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

¿Alguna vez has escuchado algo parecido?

“Nos gustaría agradecer al sacerdocio por bendecir y repartir la Santa Cena”.

Sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a referirnos a los hombres que tienen oficios y llaves del sacerdocio como el sacerdocio mismo, sin embargo, el sacerdocio no es una sola persona o un grupo de personas.

El sacerdocio es el poder de Dios que se utiliza para bendecir a Sus hijos y hacer avanzar Su poderosa obra. El presidente Dallin H. Oaks declaró:

“Algunas de nuestras expresiones, como “las mujeres y el sacerdocio”, transmiten una idea equivocada, pues los hombres no son “el sacerdocio””.

santos de los últimos días

Imagen: La Iglesia de Jesucristo

En otra ocasión enseñó:

“Si bien a veces nos referimos a los poseedores del sacerdocio como “al sacerdocio”, nunca debemos olvidar que el sacerdocio no es propiedad de nadie y que no esta incorporado en los que lo poseen; es un encargo sagrado que debe utilizarse para el beneficio de hombres, mujeres y niños por igual”.

Cuando reconocemos que el sacerdocio no es un poder que solo es de y para los hombres utilizamos mejor la autoridad de Dios sobre la Tierra y recordamos que es la bendición de nuestros Padres Celestiales para todos mediante las responsabilidades asignadas a Sus dignos hijos.

MITO #2: Los hombres no son tan serviciales como las mujeres, por eso Dios les ha dado el sacerdocio

Imagen: Shutterstock

En un intento por explicar porqué el Señor escogió a los hombres para que posean la mayoría de las llaves y los oficios del sacerdocio (y, por lo tanto, la mayoría de los llamamientos de liderazgo en la Iglesia), muchos han afirmado que a los hombres se les dio el sacerdocio debido una supuesta falta de servicio.

Probablemente has escuchado comentarios como:

“Las mujeres son más espirituales. Las mujeres son más amorosas y propensas a servir a los demás. Los hombres necesitan el sacerdocio para alcanzar el mismo nivel de desinterés y madurez espiritual que tienen las mujeres”.

Hay mucho que aclarar con estas suposiciones peligrosas, sobre todo para la forma en que valoramos y honramos tanto a los hombres como a las mujeres en la Iglesia.

¿Por qué algunos creen que las mujeres son más espirituales que los hombres? Es un tema complicado con múltiples explicaciones potenciales y variables humanas.

¿Qué significa la espiritualidad? Las expresiones de espiritualidad con frecuencia se asocian con lo que nuestra sociedad llamaría rasgos más femeninos.

Ejemplos de esto incluyen compartir sentimientos y experiencias personales durante las lecciones y discursos, expresar emoción al dar un testimonio y empatizar con los demás.

Imagen: Shutterstock

Los hombres, especialmente aquellos que no se ajustan a las normas de género o se doblegan ante la presión que se les impone, pueden tener dificultades en lo que respecta a permanecer en una iglesia que parece no valorar su contribución.

El élder D. Todd Christofferson enseñó:

“Hay demasiadas películas de Hollywood, series de televisión y de cable e incluso avisos comerciales que representan al hombre como incompetente, inmaduro o egocéntrico; esa degradación cultural del hombre está causando un efecto dañino”.

Si bien poseer el sacerdocio es parte del proceso de refinamiento de los hombres, no se nos ha dado ninguna indicación de que provenga de una falta en su naturaleza.

Es más, Dios utiliza los dones únicos de Sus hijos cuando extiende llamamientos específicos, en lugar de basarse en sus faltas y defectos.

MITO #3: Los hombres no pueden evitar sexualizar a las mujeres

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La castidad ha sido durante mucho tiempo un principio para ambos sexos. En 1969, el presidente David O. McKay instruyó:

“En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no existe más que una norma de moralidad. Ningún joven tiene más derecho que una jovencita de faltar a la castidad. Cuando un joven pide una recomendación para llevar al altar a una joven pura, se espera que él pueda brindar la misma pureza que pretende recibir”.

Por mucho tiempo, la castidad se ha centrado únicamente en la virtud de la mujer dejando la culpa sobre sus espaldas.

Las religiones conservadoras con frecuencia afirman que los hombres son seres débiles que no tienen control sobre sus impulsos sexuales y deben apoyarse en la modestia y la castidad de las mujeres para combatir la tentación.

Fuente: Shutterstock

Esto se encuentra en oposición a lo que Dios ha enseñado acerca de la divinidad de Sus hijos y el poder de Su plan.

Si bien todos los hermanos y hermanas en Cristo deben apoyarse unos a otros en la búsqueda de la virtud, todos debemos asumir plena responsabilidad por nuestros pensamientos, elecciones y acciones.

Decir que los hombres no tienen control sobre su cuerpo es restringir su albedrío y uno de los mayores dones de Dios.

Lo cierto es que todos nosotros debemos luchar con el hombre natural porque seremos tentados de diversas maneras. La meta de todos los hijos e hijas de Dios es despojarse del hombre natural y volverse uno con Cristo.

MITO #4: Los hombres necesitan casarse para que una mujer los impulse a ser más rectos

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Imagen: Canva

Ahora bien, como la mayoría de estos mitos, hay verdaderos principios escondidos detrás de los engaños del adversario. Un cónyuge sí debería inspirarnos a ser mejores.

El presidente Spencer W. Kimball enseñó:

“Y un buen criterio para saber si una persona podría ser la adecuada para ustedes es este: en su presencia, ¿tienen pensamientos más nobles, aspiran a realizar mejores obras, desean ser mejores personas de lo que son ahora?”

El adversario tergiversa esta verdad y coloca la carga sobre la esposa haciéndola responsable de cambiar al hombre.

En lugar de estar igualmente unidos en espiritualidad y dedicación al Señor, a veces vemos a un joven descarriado y esperamos que se case con una buena mujer para que pueda cambiar su vida.

Imagen: Shutterstock

Sí, todas las relaciones requieren que toleremos las fallas de la otra persona y progresemos juntos. Sí, ningún hombre o mujer es perfecto y el matrimonio es una institución divina que nos ayuda a mejorar.

Pero, ¿se encuentran las mujeres estancadas en los polos extremos, eligiendo hombres espiritualmente muertos solo porque su labor es inspirarlos a cambiar?

El amor del Salvador debe ser el principal factor motivador de la rectitud en cada discípulo de Jesucristo.

MITO #5: Si un hombre es mayor y está soltero, algo malo debe tener

Imagen: Canva

Que un hombre pase de los treinta y tantos, y no esté casado, hace que probablemente muchos piensen: “Si no está casado, es porque hay algo malo con él”. Si esta persona fuera mujer, nos sentiríamos incómodos al hablar de ella de esa manera.

Por supuesto, hay situaciones en las que un hombre o una mujer poseen fallas que pueden hacer que un matrimonio feliz no esté en su futuro a menos que decidan cambiar; pero, por lo general, los buenos hombres solteros de la Iglesia se encuentran bajo el escrutinio del juicio constante.

Estos hombre son fieles, trabajadores y viven una vida consagrada. Al igual que la mayoría de mujeres, sus deseos de casarse no se han cumplido por una razón que puede ser desconocida para ellos así como para nosotros.

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Imagen: Canva

En lugar de criticar a las personas en nuestras mentes, deberíamos centrarnos en cambiar nuestra perspectiva y la de los demás.

El estar casado o no estarlo, no influye en la dignidad de una persona y no debe usarse para juzgar el carácter de alguien. Debemos esforzarnos por tratar a los demás con la dignidad y el respeto que merecen como hijos amados de Padres Celestiales con una naturaleza e identidad divinas.

A medida que empecemos a descubrir lo que Dios siente por todos Sus hijos, seguiremos la invitación de la presidenta Linda K. Burton cuando dijo:

“¿Se unirán a mí en busca de la ayuda del Espíritu Santo para que nos enseñe cómo podemos elevarnos unos a otros en nuestras funciones complementarias como hijos e hijas de nuestros amados padres celestiales y que hemos hecho convenio?”.

Fuente: Ldsdaily

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