El siguiente artículo fue escrito por el Élder Fred A. “Tony” Parker y compartido en una edición especial de la revista Ensign como celebración de la revelación que extendía el sacerdocio a todos los miembros hombres dignos de la iglesia.

Crecí al sur de los Estados Unidos en la década de 1960. Nieto de esclavos, nací y crecí en el centro de la ciudad de Atlanta, donde no puedes vivir sin presenciar el racismo. Fui a la escuela donde había bebederos separados para “personas de color.” Me han llamado de todas las formas posibles. Cuando eso sucede, lastima.

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Pero, eso lastima más cuando sucede en la iglesia, en un lugar donde deberíamos saber mejor.

Desde que me uní a la iglesia en 1983, ha habido ciertas ocasiones en que me he sentido juzgado, traicionado o menospreciado por mi color. Me han dicho que debía ser mejor para el básquet porque soy negro. Me han llamado “congo” cuando alguien se ha enfadado conmigo. Cuando me llamaron como presidente de estaca, me enteré que una persona que no me conocía había dicho, “La única razón por la que lo llamaron fue porque necesitaban un presidente de estaca negro, aquí en el sur.”

No todos en la iglesia tienen un problema con el racismo, solo unos cuantos. Pero, el racismo existe en todas partes así que por su puesto a veces te toparás con aquellos en la iglesia. Entonces, ¿cómo respondemos cuando algo nos lastima? Y ¿cómo nos curamos?

Responder a la herida del racismo

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Élder “Tony” Parker, cuera presidente de estaca en Atlanta, con sus consejeros

Como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cómo responder cuando nos sentimos muy lastimados u ofendidos.

Cuando fui víctima del racismo, tuve éxito en enfrentarlo, perdonar a la persona y abordar el problema. Si alguien dice algo para lastimar mis sentimientos, tengo que encontrar una manera de ayudar a esa persona a entender por qué lastima. No solo es una oportunidad de perdonar sino de construir una relación para que la persona no solo mire a Tony Parker como el estadounidense-africano sino como un hijo de Dios. Jesús enseñó el perdón (Mateo 19: 21-35) y Él nos enseñó que cuando nos sentimos ofendidos, debemos hacérselo saber a la persona y solucionarlo (Mateo 18:15).

Él NO dijo que dejáramos de ir a la iglesia, aunque sea lo que hace la mayoría que se siente ofendida. Sin embargo, dejar la iglesia no es la respuesta, ya que eso significa dejarlo a Él, Su evangelio y Su poder para sanar (Juan 6: 67-68). Más aún, si tengo una lengua hiriente, no regresar a la iglesia no es lo que debo hacer para ayudarme a darme cuenta de que necesito cambiar mi lengua.

Mi experiencia con la restricción                           

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Comencé a investigar la iglesia en 1979. Cuando me enteré sobre la antigua restricción del sacerdocio para los negros, los misioneros nunca pudieron satisfacerme en cuanto a las razones de esa restricción. No lo podía entender.

Al final, después de cuatro años de investigar, no hubo una persona que me ayudara a responder mis preguntas. Nunca hablé con el obispo al respecto. Acepté la invitación de los misioneros para descubrirlo por mí mismo, leer el Libro de Mormón y luego, preguntarle al Señor para saber si era verdadero. Mi respuesta vino orando, estudiando y sintiendo el Espíritu.

Cuando me bauticé, no tenía todas las respuestas ni sabía toda la historia. Pero, el Señor me llevó a un punto en el que podía avanzar con fe porque había llegado a la conclusión de que unirme a la iglesia era lo correcto y de que estaba siendo guiado por razones que sobrepasaban mi propio entendimiento.

Encontrar la curación por medio del Salvador

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Descubrí que para superar el dolor, independientemente de la causa, nuestra fuente de curación y conversión es Jesucristo (3 Nefi 9:13; DyC 112:13), y la iglesia es Su medio para llevarnos a Él a través del aprendizaje de Su evangelio y la participación de las ordenanzas con el fin de que podamos ser sanados.

Esa sanación para mí ha llegado por medio de la renovación de mi relación de convenio con Cristo semanalmente a través de la Santa Cena. Él puede ayudarnos si estamos dispuestos a tomar lo que nos lastima o con lo que estamos luchando y ponerlo en el altar.

“Señor, no soy perfecto. Tengo este problema que me está molestando. Entonces, la voy a poner aquí. Y me voy a comprometer a hacer lo que me digas. Señor, ayúdame a andar por este camino contigo.”

Para ser parte de Su pueblo, tenemos que ser uno en Cristo. Sin embargo, nuestra relación con Cristo es personal antes que colectiva. Antes de que sea uno con los demás, incluyendo mi familia, yo, Tony Parker, debo tener una relación con Jesucristo y mi Padre Celestial que sea sólida, genuina, sincera, directa y que continuamente mejore cada día. Luego, a medida que me acerque a Cristo de manera individual, nos acercaremos juntos como barrio, estaca e iglesia.

Artículo originalmente escrito por lds.org y publicado en ldsliving.org con el título “Why One Man Decided to Join the LDS Church Even After Facing Difficult Questions About the Priesthood Ban.”