Durante la Semana Santa, los pensamientos de la mayoría de cristianos se enfocan inevitablemente en los últimos días del Salvador.

Muchos hablan de la cruz, del sepulcro vacío y de Su resurrección, pero entre cada uno de esos sucesos hay una verdad que a menudo pasa inadvertida: Jesucristo caminó el sendero más solitario.

Esa verdad fue compartida como parte de un mensaje pronunciado por el presidente Jeffrey R. Holland, quien fue presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, titulado “Nadie estuvo con Él” y que hoy es recordado como parte de su legado de fe.

Acompáñanos a recordar este discurso que sin duda te conmoverá el corazón cuando te sientas solo.

Un llamado a la audiencia

soledad; soltería; desafíos
La soledad no distingue edad, estado civil ni fortaleza espiritual. Imagen: Shutterstock

Desde el inicio de su mensaje, el presidente Holland dirigió sus palabras a una audiencia específica: personas en estado de soledad

Ya sean personas solteras, viudos, padres que han perdido hijos, hijos que han perdido padres, matrimonios rotos, misioneros que extrañan a su familia, personas sin trabajo, etc. Básicamente habló a todos porque:

“En una palabra, puede incluirnos a todos nosotros en diferentes épocas de nuestra vida”.

La soledad no distingue edad, estado civil ni fortaleza espiritual y para ilustrar ese sentimiento, el presidente Holland abordó la jornada más solitaria del Salvador cargando Él solo con la salvación de la humanidad.

Rechazado por todos

Jesucristo
Jesús fue rechazado por líderes religiosos de su propio pueblo como Poncio Pilato y juzgado injustamente. Arte: Ecce Homo por Antonio Ciseri

Según el presidente Holland, la soledad de Cristo no comenzó en Getsemaní ni en la cruz, sino que se fue intensificando. Él fue rechazado por líderes religiosos de su propio pueblo y juzgado injustamente:

“¿Qué más necesidad tenemos de testigos? ¡Es [digno] de muerte!”, exclamaban las personas a su alrededor.

Por si fuera poco, Cristo también fue interrogado por líderes políticos gentiles. Uno de ellos fue Poncio Pilato, el mismo que lo entregó para ser crucificado a pesar de que no hallaba culpa en Él.

El presidente Holland no dejó pasar ese momento desapercibido y señaló con firmeza:

“Las manos recién lavadas de Pilato nunca pudieron haber estado más manchadas ni más sucias”.

Inmediatamente después de esa escena vino el rechazo popular. El pueblo dio libertad a Barrabás y condenó al Hijo de Dios. Una ironía que resume la tragedia de aquel momento.

El dolor grande de su soledad

Uno de los dolores más grandes del mundo ocurrió cuando Judas entregó a Jesucristo. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Entre todos los rechazos que sufrió, el presidente Holland se centró en uno de los posibles momentos más dolorosos que sufrió el Salvador: la traición de Judas Iscariote.

El presidente Holland expresó este momento con palabras fuertes:

“Nunca en la historia del mundo se ha comprado tanta infamia con tan poco dinero”.

Pero aparte de eso, el Salvador también sufrió soledad por parte de Sus discípulos más cercanos. Ellos lo dejaron solo orando en el Getsemaní y luego de que lo capturaron, Pedro, uno de sus apóstoles más fieles, lo negó tres veces.

“Fue así que, por necesidad divina, el círculo de apoyo alrededor de Jesús se hace más y más pequeño, dando un significado al corto versículo de Mateo: ‘…todos los discípulos, dejándole, huyeron’”, expresó el presidente Holland.

Su soledad llegó al punto mayor durante Su crucifixión en el que Jesús experimentó la retirada momentánea del consuelo de Dios. El presidente Holland revela que Dios no lo abandonó por falta de amor, sino por necesidad:

“Para que Su expiación fuese infinita y eterna, Él tenía que sentir lo que era morir no sólo física sino espiritualmente, sentir lo que era el alejamiento del Espíritu divino, al dejar que la persona se sintiera total, vil y completamente sola”.

Para cumplir Su propósito, Cristo tuvo que conocer, en carne propia, cómo se siente la humanidad sin el poder del Espíritu.

La victoria de Cristo y la promesa de Semana Santa

Debido a que Jesús caminó totalmente solo por el largo y solitario sendero, nosotros no tenemos que hacerlo. Imagen: Shutterstock

Finalmente, tras sufrir tanta soledad, el presidente Holland testificó que la fe triunfó incluso cuando todo parecía perdido. Cuando el sacrificio se completó, el Salvador pudo declarar:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Ese fue el momento más glorioso de la historia: Cristo consumiéndose en la soledad para traer redención a todo el mundo. Valiéndose de ese punto, el presidente Holland cerró su discurso con un mensaje central:

“Debido a que Jesús caminó totalmente solo por el largo y solitario sendero, nosotros no tenemos que hacerlo”.

Pero el discurso no acaba solo con esa frase de  consuelo, sino con un llamado del presidente Holland a no repetir las escenas de abandono. Ese llamado es un compromiso de permanecer al lado de Cristo incluso en medio de la soledad.

Para ver el discurso completo, dale clic aquí. Aunque el presidente Jeffrey R. Holland ya no se encuentra entre nosotros, su testimonio permanece vivo. En esta Semana Santa, recordémoslo a través de esta enseñanza central que nos dejó en su discurso: Cristo estuvo solo para que tú no lo estés.

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