“Todo sucede por alguna razón”, me dicen a menudo. Aunque millones creen esto, no creo que sea cierto. Tratar de dar sentido y orden al sufrimiento al azar y a la injusticia es como esperar ver una pintura de Rembrandt o un Monet en un charco de vómitos, otro inevitable subproducto humano. Este impulso primordial de encontrar sentido en todo está basado en un apetito impío para controlar todo. Sin embargo, el plan de Dios no era que él (o nosotros) pudiera controlar todo excepto que, a través del albedrío, la gran mayoría quedaría fuera de control. En consecuencia, aceptar la aleatoriedad y la injusticia de la vida es parte de aceptar a Dios.

Me estremezco casi todas las veces que escucho a alguien decir que “todo sucede por una razón”. Me encojo cada vez que escucho a alguien decir que Dios nos da pruebas para que podamos aprender de ellas. ¿Sabes como suena eso para alguien que no ha comido una comida normal en tres años y vive por un tubo de alimentación? ¿Sabes como suena eso a alguien que ha visto a un sinnúmero de niños inocentes tratando de recuperarse de las secuelas del abuso sexual? Es ridículo pensar que un Dios bueno y justo quisiera que un niño sea abusado sexualmente. Es ofensivo para mí pensar que Dios me privó intencionalmente de comida durante tres años para “aprender mi lección”.

Ese Dios es un Dios falso. No es el Dios de amor que yo conozco. Estas cosas pasan. La gente hace malas elecciones que lastiman a otros. El cuerpo hace cosas extrañas y aleatorias que no entendemos y no podemos controlar. Dios no está imponiendo su control en todo. No es el dueño de las circunstancias.

De hecho, el papel de Dios no es primordialmente controlar o cambiar tus circunstancias. Él está ahi para ayudarte a lidiar con ellas. Su poder se siente con mayor fuerza no en la creación de una majestuosa araña de cristal, esas que se colocan en lugares elegantes o incluso en colocarla en el lugar correspondiente, sino en restaurarla cuando nosotros u otros la hayamos destrozado y partido en un millón de piezas.

Él no dirige la orquesta de la vida. Él nos da tapones para aliviar el ruido estrepitoso de una sinfonía enloquecedora. Dios no desea las tribulaciones de la vida. Él es el conserje humilde y servicial, que fielmente llega a la escena para ayudarte. Dios no causa ni desea el sufrimiento, sino que lo usa como una forma para la comunión con los mortales. Así que decir que “todo sucede por una razón” tiene tanto sentido para mí como culpar a unos paramédicos por un accidente.

El sufrimiento aleatorio, injustificado es simplemente parte de la mortalidad, un subproducto inevitable del albedrío. Pero eso no significa que el sufrimiento tiene que ser completamente insensato. Los que sufren a menudo preguntan, “¿Qué se supone que debo aprender de esto?” Creo que una mejor pregunta es, “¿Qué puedo enseñar?”

Así que si estás sufriendo, por favor no escuches a la gente que dice que “todo sucede por alguna razón”. Por favor ignora a la gente que te está diciendo que Dios debe tener algo realmente importante para que aprendas. Eso es una tontería. Sí, puedes aprender del sufrimiento. De hecho, aprenderás del sufrimiento. Pero eso no significa que Dios quiera o quisiera tu sufrimiento.

Cuando la gente te diga que tienes una lección importante que aprender de tu sufrimiento, dile cortésmente: “No, tengo algo importante que enseñar.” Enseñale a la gente, a través de tu gracia y dignidad en el sufrimiento, lo que significa soportar. Enséñales lo que significa perseverar. Enséñales lo que realmente significa tener esperanza. Enséñales, por ejemplo, que puedes ser feliz en el sufrimiento. Enséñales a amar.

Enséñales que estás con Job, quien dijo: “He aquí, aunque él me matare, en él confiaré.” (Job 13:15) Enséñales y muéstrales cómo ser como Pablo, que fue azotado, golpeado, apedreado  Náufrago, robado, traicionado, muerto de hambre, enfermo y encarcelado (2 Corintios 11: 23-33), pero dijo: “Pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, tanto para estar saciado como para tener hambre, tanto para tener abundancia como para padecer necesidad.Todo lo puedo en Cristo que me fortalece “(Filipenses 4: 11-13).

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Jesucristo

Estar fundamentado en Cristo es simplemente vivir su mandato de amar a los demás. Ama tu forma de salir de la tormenta. Amar a los demás. Deja de pensar en ti mismo y en tus problemas. Deja de centrarte en lo que no puedes hacer y simplemente haz lo que puedas por los demás. Ama tu forma de salir de la tormenta. Como he dicho repetidamente, si vives tu vida con amor, vives tu vida con Dios, porque Dios es amor. Así es como caminas con Dios diariamente. Así es como encuentras su presencia en su aparente ausencia. Este caminar con Dios es el factor estabilizador de la vida. Es lo que da orden a un mundo caótico que está girando fuera de control.

No, no todo pasa por una razón. Pero tu sufrimiento puede darte una razón para vivir, para seguir intentando, para enseñar a otros, y para ser un instrumento en las manos de Dios para ayudar a traer su presencia de vuelta al mundo … para ti y para todos aquellos a tu alrededor.

Para más ideas  sobre el sufrimiento y la utilización del amor como un poderoso mecanismo para afrontar el sufrimiento, puede leer los libros  GethsemamnesiaBuilt to Love, escrito por el autor de este artículo,

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