En un mundo donde el éxito suele medirse por resultados, títulos o reconocimiento, hay personas que nos recuerdan que la verdadera constancia se demuestra en aquello que decidimos no abandonar, incluso cuando todo cambia.
Ese parece ser el caso de Ken Niumatalolo, entrenador universitario de fútbol americano, obispo y un hombre que ha aprendido a liderar tanto en el campo de juego como en el reino de Dios.
Durante décadas, Ken ha dirigido equipos competitivos al más alto nivel del deporte universitario en Estados Unidos.
Ha celebrado victorias importantes, enfrentado temporadas difíciles y vivido la presión constante de una profesión donde los resultados pueden cambiarlo todo. Pero, según él mismo explica, nunca ha permitido que sus circunstancias temporales definan su fidelidad al Señor.
Un liderazgo más allá del deporte

Muchos lo conocen por su carrera como entrenador. Durante quince años fue el entrenador principal de la Academia Naval de Estados Unidos, donde se convirtió en el entrenador con más victorias en la historia del programa.
Hoy lidera al equipo de San José State University, mientras intenta volver a superar expectativas en un entorno deportivo cada vez más competitivo.
Sin embargo, al mirar hacia atrás, Ken reconoce algo que no siempre tuvo claro. Lo que parecía ser solo una oportunidad profesional, en realidad también era parte de un propósito espiritual.
“Pensé que estaba allí por el fútbol, pero ahora entiendo que también estaba allí para hacer la obra del Señor”.
A veces creemos que Dios nos coloca en ciertos lugares por nuestras metas personales, cuando en realidad también nos está dando una oportunidad para bendecir a otras personas.
De presidente de estaca a obispo

Mientras entrenaba uno de los programas más conocidos del fútbol universitario, Ken también servía como líder del sacerdocio. En 2019 hizo historia al convertirse en el primer entrenador principal de División I que también servía como presidente de estaca al mismo tiempo.
Hoy, además de dirigir a cientos de atletas, sirve como obispo de su barrio en California.
Eso significa entrevistas, consejo espiritual, ministración, reuniones y acompañar a miembros en momentos importantes de sus vidas. Todo mientras sigue preparando partidos, entrenamientos y temporadas enteras.
Puede parecer demasiado para una sola persona. Pero su ejemplo muestra algo importante.

Los convenios con Dios no se viven cuando nos sobra tiempo. Se convierten en la prioridad que organiza todo lo demás.
El presidente Russell M. Nelson enseñó:
“A medida que guardemos nuestros convenios con Dios, podremos acceder al poder divino que necesitamos para enfrentar cada desafío”.
Ken parece vivir exactamente así.
Las temporadas difíciles también enseñan

Después de años exitosos, Ken también enfrentó derrotas dolorosas. Fue despedido de uno de sus cargos, ha sentido presión y frustración como cualquier otra persona.
Pero nunca ha cuestionado al Señor ni sus convenios. Él mismo explicó que, incluso durante los años más difíciles, su fe en el Evangelio no se movió.
“Los momentos difíciles no son para alejar al Señor. Son para aferrarnos aún más a Él”.
Esa idea recuerda una verdad sencilla pero profunda.
“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” – Proverbios 3:5.
La estabilidad espiritual no significa ausencia de problemas. Significa saber dónde sostenernos cuando los problemas llegan.
Un ejemplo que también quería dejar a sus hijos

Dos de sus hijos también trabajan hoy como entrenadores. Han elegido una profesión exigente, competitiva y llena de incertidumbre.
Pero Ken espera que el mayor legado que ellos hayan recibido sea que su padre permaneció firme en el Evangelio, tanto en los años de abundancia como en los años de escasez.
Eso conecta con una enseñanza poderosa del programa Ven, sígueme, al estudiar la vida de José en Egipto ya que hubo años de prosperidad y años de hambre, pero Dios seguía guiando la historia.
Lo mismo ocurre con nosotros, habrá temporadas donde todo parezca avanzar bien. Otras donde sintamos que estamos perdiendo terreno, pero los convenios siguen siendo un ancla segura en ambas etapas.
La verdadera victoria no aparece en el marcador

Ken Niumatalolo sigue siendo competitivo y sigue trabajando para construir un mejor equipo, pero también sabe que hay victorias más importantes que cualquier campeonato.
Seguir adelante sin dejar que las circunstancias definan nuestra relación con Dios.
Eso también es liderazgo, no siempre podremos controlar los resultados, pero sí podemos decidir permanecer cerca del Señor.
“Por tanto, no temáis, rebañito; haced lo bueno” – Doctrina y Convenios 6:34.
Porque al final, la verdadera medida de una vida no está en cuántas veces ganamos, sino en cuán firmes permanecimos en nuestros convenios mientras jugábamos nuestro partido.
Fuente: Deseret News
