Duró menos de 30 segundos, sin embargo, aquella oración dejó a muchos de los adultos en la habitación con los ojos nublados y a mí con una mente a mil por hora.

Yo conocía al inquieto niño de 5 años – que se esforzaba por ver sobre púlpito de la Primaria – después de haberle enseñado el año anterior. Su habilidad para integrar a Mario en cada lección de la Primaria me hizo querer al otro fan de Nintendo; no obstante, muy a menudo me quedaba pensando si es que él obtenía nuevos conocimientos sobre el Evangelio en nuestras clases.

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Por el contrario, su oración me dijo que él entendió lo esencial y que los entendía de una manera tan profundamente simple que era impresionante.

“Amado Padre Celestial, te agradecemos que podamos estar con Jesús hoy en la Primaria. Por favor ayúdanos a estar con Jesús todos los días.”

En un año entero de lecciones bien planificadas, nunca podré enseñarle a este niño de 5 años lo que él me enseñó en 30 segundos de oración.

En todo el tiempo que pasé minuciosamente recortando actividades con temas del Evangelio y discutiendo con los niños de Primaria ¿cuándo fue la última vez que reconocí que todo ese trabajo y preocupación debería girar en torno a llevarnos a ellos y a mí a Jesús?, ¿Cuándo fue la última vez que me detuve y me deleité por estar con mi Salvador en ese instante?, ¿Cuándo fue la última vez que agradecí sinceramente al Padre Celestial por la Iglesia, por el Día de Reposo, por la Primaria, por la oportunidad de estar con Él todos los días?, ¿Cuándo fue la última vez que hablé con mi Padre Celestial como lo haría con un amigo cercano?

Jesús

Jesus Christ by Greg Olsen

Como nuestro Profeta y Apóstoles a menudo nos recuerdan, el mensaje de Jesucristo es simple: “Ven, sígueme.”

Muchas veces cuando escucho esa invitación, me imagino tratando de seguir los pasos de Cristo abriéndome camino a través de la distancia inalcanzable que separa Sus perfecciones de mis debilidades, también me imagino esforzándome hasta las eternidades por esa lejana y borrosa meta de algún día llegar a ser como Él.

Es glorioso comprender que tenemos la eternidad y la gracia infinita para alcanzar nuestro potencial divino, sin embargo esa simple oración primaria pone la invitación de Cristo en una perspectiva inmediata.

Al decir “ven, sígueme” Cristo nos invita a no sólo a seguir su camino, sino a estar con Él ahora, a hablar con Él y sentirlo, y deleitarnos en su amor y conocimiento hoy.

En lugar de mirar hacia el futuro por la eternidad, ¿cómo puedo tomar momentos de cada día para estar con Cristo y permanecer en Su presencia?

La oración de aquel niño de 5 años captura las palabras del Elder Dieter F. Utchdorf de una forma tan hermosa: “Este hermoso Evangelio es tan sencillo que un niño lo puede comprender, y a la vez es tan profundo y complejo que tomará una vida —incluso una eternidad— de estudio y descubrimiento para comprenderlo cabalmente… Ruego que nos enfoquemos en “la sencillez que es en Cristo” y que permitamos que Su gracia nos eleve y nos transporte.” (“¡Funciona de Maravilla!”)

No necesitamos esperar esa eternidad de estudio y de esfuerzo para estar con Cristo. Sólo tenemos que orar. Sólo tenemos que ir a la Primaria. Sólo necesitamos “quedarnos tranquilos y saber” y, en esos momentos de simplicidad divina, podemos sentir lo que significa obtener la vida eterna y el cielo aquí y ahora.

Este artículo fue escrito originalmente por Danielle B. Wagner y fue publicado por ldsliving.com el título: “The Prayer from a 5-Year-Old That Changed How I Speak to God