Hay ciertos obstáculos o barreras que están en contacto con el infinito, cosas que se interponen en el camino y nos impiden disfrutar del tipo de cercanía con nuestro Padre Celestial que podríamos tener. Es posible que todos brindemos ejemplos de dichos obstáculos. Pero, permíteme compartir algunos:

1. Distracción y preocupación

Seguramente, ningún obstáculo es más prevalente que la distracción y la preocupación.

Cuando sea el momento de la oración, debemos dejar de lado las cosas del mundo, incluso las cosas buenas para ocuparnos de lo mejor. No nos apresuremos a llegar a la presencia divina, como tampoco nos apresuraríamos a entrar a la oficina del presidente de la Iglesia o del presidente de los Estados Unidos. Con frecuencia es útil, antes de comenzar a orar, disminuir la velocidad, sentarse con calma, escuchar música inspiradora, leer varios versículos de las Escrituras y reflexionar sobre lo que estamos a punto de hacer, literalmente acercarnos al trono de Dios.

2. Servir a dos señores

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Otro obstáculo para una vida efectiva de oración es la hipocresía o el intento de llevar dos vidas diferentes. Por lo tanto, supondríamos que una persona que es mundana durante el día podría tener grandes dificultades para orar efectivamente durante la noche.

El Élder Howard W. Hunter dijo:

“Henry Ward Beecher dijo una vez: ‘No está bien que un hombre ore por la crema y viva por la leche desnatada.’ Eso fue hace un siglo. Ahora tenemos ante nosotros el peligro de que muchos tal vez oren por la leche desnatada y no vivan eso en absoluto.” (Ensign, noviembre de 1977, pág. 52).

Nuestras vidas son tan buenas como nuestras oraciones, nuestras oraciones son tan buenas como nuestras vidas. Es decir, cuanto más fieles nos volvamos al guardar los mandamientos del Señor y pongamos primero lo primero, más abriremos las puertas de la comunicación con los cielos y nos sentiremos más cómodos con las cosas y los seres santos.

3. Falta de consideración e indiferencia

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Uno de nuestros defectos más comunes es hacer nuestras oraciones regularmente, pero sin mucha intención, reflexión o devoción, excepto cuando suponemos que realmente necesitamos la ayuda de Dios. El Élder Hunter explicó:

“Si la oración no es más que un grito espasmódico en los momentos de crisis, entonces es algo totalmente egoísta, y llegamos a considerar a Dios algo así como un mecánico o una agencia de servicios que nos ayuda únicamente en nuestras emergencias. Debemos recordar al Altísimo día y noche, siempre, no sólo en los momentos en que todo otro apoyo ha fallado y desesperadamente necesitamos ayuda. Si hay algún elemento de la vida humana sobre el cual tenemos un registro de éxito milagroso y valor inestimable para el alma del hombre, es la comunicación en oración reverente y devota con nuestro Padre Celestial.” – Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Howard W. Hunter, “Ayuda desde lo alto.”

Una práctica que he encontrado particularmente beneficiosa, especialmente cuando me descubro recitando palabras en lugar de estar realmente en contacto con Dios, es entregarme en una oración en la que le pida al Señor absolutamente nada, pero en cambio solo exprese una sincera gratitud por mis bendiciones. Este tipo de oración rinde importantes dividendos y establece el alma como pocos otros esfuerzos.

4. Fatiga

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El entrenador Vince Lombardi sabiamente dijo que la fatiga nos hace cobardes.

Asimismo, la fatiga hace extremadamente difícil disfrutar nuestras oraciones. Tal vez, no siempre es sabio que nuestras oraciones sean lo último que hagamos todos los días. Puede que valga la pena orar bien ocasionalmente antes de ir a dormir, mientras que nuestras mentes y nuestros cuerpos están en el modo de hacer más que pronunciar frases trilladas.

Hubo varias veces a lo largo del transcurso de los años en que uno o dos de los niños me convencieron de ver una película con ellos, quizá un viernes por la noche. En ese momento, me pareció que inevitablemente me quedaría dormido en el suelo o en el sofá. Más de una vez, entré a mi dormitorio, cerré la puerta e hice una oración antes de bajar a ver la película.

5. Falta de sinceridad y exceso de complicaciones

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Dos claves para una oración significativa, incluso una oración pública, son la sinceridad y la sencillez.

No tenemos que impresionar a nadie, no debemos temer a las críticas de nadie. Nuestras palabras se dirigen a Él, que sabe todas las cosas, incluyendo los deseos de nuestro corazón (DyC 6:16).

Por eso, es sabio pronunciar las palabras que realmente sentimos. En la obra de Shakespeare, “Hamlet”, Claudio deja de orar porque no estaba siendo sincero en sus oraciones y dice:

“Vuelan mis palabras bien alto, pero mis pensamientos se quedan aquí abajo. Palabras sin pensamientos, jamás llegan al Cielo.” (Acto III, Escena III)

El Profeta José Smith enseñó con respecto a la oración:

“Sean claros y sencillos y pidan lo que quieran, lo mismo que si fueran a la casa de un vecino y le dijeran, quiero pedirte prestado el caballo para ir al molino.” (Andrus and Andrus, They Knew the Prophet, 100).

Como parte de su oración personal a Dios, Zenós exclamó:

“Sí, eres misericordioso con tus hijos, cuando te invocan para ser oídos de ti, y no de los hombres; y tú los oirás.” (Alma 33:8)

6. Tiempo

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Espero que cuando nos pidan orar, reduzcamos la velocidad, nos tomemos nuestro tiempo y oremos con el corazón. A menudo, me siento mal cuando las personas se apresuran en hacer una oración  como si fuera una formalidad o algo que se necesite ofrecer lo más rápido posible. Esto ocurre especialmente al final de la oración. A veces, las personas están tan ansiosas por terminar con la oración que corren en el nombre de Jesucristo como si estuvieran corriendo hacia una línea de meta.

Esto no le puede agradar al Padre de nuestro Señor, que también es nuestro Padre. Debemos terminar nuestras oraciones con la dignidad y el respeto trascendente que merece Aquel que sufrió por nuestros pecados y nos rescató con su sangre, a saber, el Salvador de toda la humanidad.

Si tú y yo oramos sinceramente, de corazón, pronunciando nuestras palabras con seriedad y claridad, especialmente las palabras finales, “en el nombre Jesucristo,” comenzaremos a sentir el poder y la influencia sagrada en nuestras vidas que testifican que el Señor nos escucha y está contento con nosotros.

7. Irregularidad

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Una de las cosas más necesarias en nuestras vidas de oración es la regularidad. A algunas personas les resulta útil orar en el mismo lugar. Un hombre que conozco reservó un lugar especial en su hogar, un lugar que con el transcurso de los años se convirtió en un tipo de arboleda sagrada y personal. Cuando entraba a esa habitación, naturalmente sentía una presencia sagrada debido a que con el paso de los años ahí había experimentado algunos de los pensamientos más profundos y algunos de los sentimientos e impresiones más dulces de su vida. Esa habitación se convirtió para él, casi en un lugar sagrado dentro de su propio hogar.

Hace casi 50 años, un hombre me enseñó algo que cambió mi vida. Dijo de manera muy sencilla: “Cuando salgas de la cama por la mañana, nunca dejes que tus pies toquen el suelo primero. Siempre deja que tus rodillas lo toquen primero.” Te recomiendo ese poco de sabiduría práctica, especialmente si te resulta difícil hacer una oración regular y significativa por la mañana.

Me ha sorprendido que muchas personas que nunca considerarían ir a dormir sin hacer una oración en la noche, no hayan logrado desarrollar el hábito de orar por la mañana. Tal vez, mi lado práctico esté por aquí, pero pienso que hay muy pocas cosas peligrosas o perjudiciales que me puedan suceder entre el momento en que recuesto mi cabeza en la almohada por la noche y el momento en que me levanto a la mañana siguiente. Pero, hay muchos desafíos, tentaciones y decisiones que debo enfrentar a lo largo del día y necesito toda la ayuda que pueda obtener.

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Desde mi punto de vista, las oraciones nocturnas son extremadamente importantes, pero las oraciones matutinas son vitales.

Hay oraciones y oraciones. A veces, nuestras oraciones son expresiones alegres de gratitud. En otras ocasiones, deseamos el tipo de contacto espiritual y asociación cercana que exigen nuestros esfuerzos más arduos y disciplinados.

Cada uno de nosotros puede refinar y purificar su vida a través de una mayor atención a la regularidad, la intensidad y la calidad general de nuestras oraciones. Nosotros, que hemos sido llamados a obrar debemos aprender a orar sin cesar, a estar en contacto con el infinito cuando nos sintamos contentos y cuando nos sintamos devastados, para expresar los anhelos más profundos de nuestra alma cuando prosperemos y cuando seamos humillados hasta el polvo.

Nosotros, que somos agentes, debemos comunicarnos constantemente con nuestro Señor a fin de asegurarnos de que lo que digamos y hagamos sea exactamente lo que Él habría dicho y hecho (DyC 64:29).

Este artículo es una adaptación del libro “Men of Influence: the Potential of the Priesthood to Lift the World”, escrito por Robert L. Millet, y fue publicado originalmente en ldsliving.com con el título “7 Roadblocks Keeping You From the True Power of Prayer.”