En la historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hay periodos que ya conocemos como la Primera Visión o la traducción del Libro de Mormón. Sin embargo, hay otros capítulos menos conocidos que también forman parte de la Restauración.

Uno de ellos es la Orden Unida, un sistema económico y espiritual que los primeros santos intentaron vivir para cuidar de los pobres, sostener la obra de la Iglesia de Jesucristo y aprender a consagrar sus bienes al Señor.

Aunque este esfuerzo duró pocos años, dejó principios que aún influyen en la forma en que la Iglesia de Jesucristo entiende el servicio, el bienestar y la responsabilidad sobre los recursos que Dios ha dado. Acompáñanos a descubrir de qué se trató la Orden Unida.

El origen: la ley de consagración

enoc; sión
La Orden Unida surgió con el fin de ayudar a los santos a vivir la ley de consagración como el pueblo de Enoc. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Orden Unida no surgió simplemente como una organización económica. Su raíz está en un principio más profundo que los Santos de los Últimos Días aun vivimos: la ley de consagración.

Desde los primeros años de la Restauración, el Señor enseñó a los santos que todo lo que existe pertenece a Él. En Doctrina y Convenios se declara claramente esta enseñanza:

«Yo, el Señor, extendí los cielos y formé la tierra… y todas las cosas que en ellos hay son mías».

Bajo ese principio, los santos eran invitados a consagrar sus bienes al Señor para que fueran utilizados para cuidar de los pobres, sostener la obra de la Iglesia de Jesucristo y edificar Sion. Básicamente este modelo buscaba crear una sociedad más justa y espiritualmente unida similar al pueblo de Enoc.

Las revelaciones enseñaban que los santos debían procurar ser “iguales en todas las cosas temporales” (DyC 78:3–11), lo cual no significaba que todos tuvieran exactamente lo mismo, sino que nadie quedara abandonado o en estado de necesidad.

La creación de la Firma Unida en 1832

José Smith; Sidney Rigdon
Dios mandó a los líderes de la Iglesia de Jesucristo a organizar una estructura administrativa. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Para poner en práctica estos principios, el Señor mandó a los líderes de la Iglesia de Jesucristo a organizar una estructura administrativa. Fue así como, en marzo de 1832, mediante revelación, el profeta José Smith fue instruido a establecer una organización conocida inicialmente como la Firma Unida.

El propósito de esta organización era coordinar las actividades comerciales y editoriales de la Iglesia, especialmente en 2 centros importantes de los santos: Ohio, donde se encontraba Kirtland y Misuri, donde los santos intentaban establecer Sion.

La Firma Unida fue formalizada en abril de 1832 y estuvo compuesta por varios líderes como Sidney Rigdon, Oliver Cowdery, Edward Partridge, Martin Harris, Newel K. Whitney, William W. Phelps, John Whitmer y Sidney Gilbert.  Más tarde también se unieron Frederick G. Williams y John Johnson.

Cada uno de ellos tenía responsabilidades específicas dentro del sistema de la Firma Unida.

Cómo funcionaba la Firma Unida

La Firma Unida requería que los santos pioneros administraran sus recursos con fidelidad y el excedente se utilizaba para bendecir a otros. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Firma Unida tenía una estructura basada en el principio de mayordomía. Esto significaba que los miembros no eran propietarios absolutos de los bienes que administraban, sino mayordomos responsables ante el Señor.

Este principio cobró sentido con las revelaciones de la época que enseñaban que si bien los miembros recibían una mayordomía como tierras, negocios u otros recursos, el Señor era el verdadero dueño de todo:

«Yo, el Señor, extendí los cielos y formé la tierra, hechura de mis propias manos; y todas las cosas que en ellos hay son mías. Y es mi propósito abastecer a mis santos, porque todas las cosas son mías». (Doctrina y Convenios 104:14-15)

Para cumplir con esa revelación, los miembros debían administrar sus recursos con fidelidad y el excedente se utilizaba para bendecir a otros. La misma revelación registrada en Doctrina y Convenios 104 explica que cada miembro debía recibir su mayordomía para poder sostenerse mientras servía en la obra del Señor.

Por ejemplo, algunos administraban almacenes de la Iglesia de Jesucristo, otros supervisaban la impresión de las Escrituras y otros manejaban propiedades o tierras.

En cada uno de esos casos, el objetivo era que la Iglesia de Jesucristo pudiera sostener sus actividades mientras también ayudaba a los necesitados.

El cuidado de los pobres

Uno de los propósitos de la Orden Unida era cuidar de los pobres como lo hizo Jesús. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Otro punto clave de la Firma Unida fue la revelación del Señor en cuanto a su propósito el cual era que:

“los pobres sean exaltados, de modo que los ricos sean humildes”. (DyC 104:16)

Esto reflejaba lo que el apóstol Joseph B. Wirthlin explicó muchos años después sobre la manera del Señor de ayudar:

“La manera del Señor consiste en ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas”.

En este modelo los pobres recibían ayuda y oportunidades para progresar mientras que los ricos aprendían a ser generosos y humildes. En otras palabras, la Firma Unida no se trató de una simple redistribción de bienes, sino de formar discípulos más semejantes a Cristo.

Desafíos y dificultades

La persecución fue una de las principales amenazas que afectaron la Orden Unida. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

A pesar de sus nobles objetivos, la Firma Unida enfrentó grandes dificultades. Entre los principales problemas estuvieron:

  • Problemas económicos: La Iglesia tenía deudas considerables debido a la compra de propiedades, la impresión de materiales y el desarrollo de asentamientos para los santos
  • Persecución y violencia: Cuando los santos fueron expulsados del condado de Jackson, Misuri, en 1833, la Iglesia de Jesucristo perdió la imprenta que administraba William W. Phelps y el almacén administrado por Sidney Gilbert.  Estas pérdidas afectaron gravemente las finanzas de la Firma Unida.
  • Debilidades humanas: Las revelaciones también mencionan la falta de fidelidad de algunos miembros, la avaricia y el quebrantamiento de convenios los cuales contribuyeron a las dificultades de la Firma Unida.

Ya para la primavera de 1834, los líderes de la Iglesia de Jesucristo estaban considerando disolver la Firma Unida debido a las deudas. Sin embargo, el 23 de abril de 1834, el profeta José Smith recibió una revelación registrada hoy como Doctrina y Convenios 104.

En esta revelación, el Señor instruyó que la Firma Unida debía reorganizarse y que las propiedades debían dividirse como mayordomías individuales. Finalmente, el Señor volvió a reiterar un principio clave: los santos debían compartir su abundancia con los necesitados.

Con el tiempo, el término Firma Unida se reemplazó por «Orden Unida» para describir de forma más general el propósito espiritual del sistema. Y con los años, este término también se usó para referirse a otros intentos posteriores de vivir la ley de consagración entre los santos.

Por esta razón, algunos miembros piensan que se trataba de un solo sistema continuo, cuando en realidad hubo varios intentos de vivir estos principios a lo largo del siglo XIX.

El fin de la organización

La crisis financiera fue uno de los factores más importantes que llevaron al fin de la Orden Unida. Imagen: Canva

A pesar de los esfuerzos por reorganizarla, la Orden Unida terminó cesando sus funciones en 1834. Entre las razones estuvieron las deudas acumuladas, las pérdidas económicas causadas por persecuciones y las dificultades logísticas de administrar propiedades y negocios en varios estados

Después de su disolución, otras estructuras de liderazgo de la Iglesia de Jesucristo asumieron las responsabilidades administrativas. Pero aunque la Orden Unida existió por un periodo relativamente corto, dejó principios que todavía forman parte del Evangelio restaurado. Entre ellos:

  • la doctrina de mayordomía sobre los bienes.
  • la responsabilidad de cuidar de los pobres y necesitados.
  • el principio de consagrar talentos, tiempo y recursos al Señor.

Hoy esos principios se reflejan en prácticas actuales dentro de la Iglesia de Jesucristo como las ofrendas de ayuno, el programa de bienestar de la Iglesia y el servicio y la ayuda mutua entre los miembros.

La Orden Unida fue un intento temprano de enseñar a los santos cómo vivir como el pueblo de Sion y aunque las circunstancias históricas cambiaron, ese ideal sigue siendo parte del corazón del Evangelio restaurado.

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