Últimamente he estado investigando mucho acerca de las ordenanzas salvadoras porque ha habido algunas cosas que simplemente no entendía sobre ellas. Por ejemplo, ¿Por qué son importantes las ordenanzas? ¿Son puramente simbólicas? ¿Qué gano al participar de esas ordenanzas?

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Mi investigación me llevó en un viaje sorprendente a través de las escrituras, las palabras de los profetas y la doctrina de Cristo. Salí con respuestas a preguntas que nunca supe que tenía.

Aquí hay una lista de las ordenanzas de salvación, de acuerdo con lds.org:

  • Bautismo
  • Confirmación
  • Ordenación al Sacerdocio de Melquisedec (para hombres)
  • Investiduras del templo
  • Sellamiento del matrimonio

Ahora, abordemos algunas de estas preguntas. ¿Podemos ser salvos sin las ordenanzas de salvación?

La Salvación versus La Exaltación

La Salvación

Lo primero que debemos entender es la diferencia entre las palabras salvación y exaltación. LDS.org le da seis definiciones a la palabra salvación, pero sólo vamos a enfocarnos en un concepto importante. Estaría dispuesto a apostar (sólo una suposición) que cuando alguien que no es SUD se refiere a “ser salvo”, se refieren a ser salvado de la muerte y un Infierno eterno y por ende se están refiriendo a encontrar un lugar en el Cielo por la eternidad.

En este sentido de la palabra, ¿son las ordenanzas salvadoras esenciales para “ser salvos”, según las creencias mormona? No. La resurrección de Cristo sirve como un regalo para cada ser humano que viene a la tierra, asegurando que todos resuciten y reciban la salvación de la muerte física.

Del mismo modo, la mayoría de las personas que alguna vez existieron recibirán un grado de gloria, o cielo. Solo unos pocos no lo harán. En ese sentido, “ser salvo”, (de la muerte y el Infierno tradicional) viene completamente a través de la gracia de Dios.

La Exaltación

El presidente Russell M. Nelson define la exaltación como “el más alto estado de felicidad y gloria en el reino celestial”. Aquellos que reciban exaltación tendrán la oportunidad de vivir con nuestro Padre Celestial por la eternidad y de llegar a ser como Él. Es cierto que la exaltación implica ser salvos, pero la salvación no implica necesariamente la exaltación.

¿Son las ordenanzas de salvación necesarias para la exaltación? Sí.

LDS.org declara claramente que “Algunas ordenanzas son esenciales para nuestra exaltación.” y que “éstas se denominan ordenanzas de salvación”. Pero en el contexto de las definiciones descritas anteriormente, podríamos pensar que son menos  “ordenanzas de salvación” y más “ordenanzas de exaltación” para ser un poco más claros.

¿Por qué las ordenanzas de exaltación son tan importantes?

 

templo de Trujillo

La exaltación y las ordenanzas de salvación, son mucho más que elementos en una lista que tenemos que marcar para ganar una recompensa eterna. Al hacer y cumplir los convenios asociados con cada ordenanza, ya estamos comenzando el proceso de llegar a ser como nuestro Padre Celestial. Nos convertimos en “participantes de la naturaleza divina”, como lo enseñan las Escrituras.

“Gracia y paz os sean multiplicadas mediante el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por medio de su gloria y virtud, por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia.”

Nos volvemos como Dios a través de ordenanzas, pero ¿cómo sucede eso? Sigue leyendo, querido amigo.

Poder a través de ordenanzas

Para está parte me apoyaré en lo que el Dr. Anthony Sweat escribió:

“Una de las bendiciones especiales de mi vida es que tengo pleno acceso a todos los dones, habilidades y recursos de mi esposa: su conocimiento, sabiduría, talentos, fuerza, bondad y hermosura. ¿Por qué soy tan afortunado de tener todos los recursos de Cindy Sweat a mi alcance? Bueno, porque me casé con ella. Le di mi vida y ella me dio su vida, y nos convertimos en uno: Somos los Sweat! (vaya qué nombre, amo a mis antepasados). Es la ordenanza del matrimonio lo que me conecta a todo eso y a ella; nos da acceso completo a lo que cada uno puede ofrecer al otro.

Ahora, ¿por qué te cuento esto sobre el matrimonio? Permítanme explicar con un versículo de Doctrina y Convenios: ‘Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad’. En otras palabras, las ordenanzas de evangelio nos dan acceso al poder de Dios en nuestras vidas y nos ayudan a ser más como Él. Así como una persona obtiene pleno acceso a los dones, habilidades y poderes de su cónyuge a través de la ordenanza del matrimonio, a través de las ordenanzas del Evangelio obtenemos acceso a los dones, habilidades y poderes de Dios.”

El Dr. Sweat luego enumera algunos ejemplos de atributos, dones, habilidades y poderes específicos asociados con las ordenanzas de salvación enumeradas al principio de este artículo:

Bautismo: la pureza o limpieza de Dios (Moroni 6:4)

El Espíritu Santo: la voluntad de Dios en mente y corazón (DyC 8:2-3; 68:4; 97:1)

El Sacerdocio: la autoridad y el poder de Dios (DyC 121:36)

Investiduras del templo: el conocimiento de Dios (DyC 95:8; 105:11)

Sellamiento en el templo: El crecimiento eterno de Dios (DyC 131:1-4; DyC 132:21-22)

Permaneciendo en “el camino del convenio”

ministrar

Es una frase que hemos escuchado mucho últimamente del Presidente Russel M. Nelson. “Manténgase en el camino del convenio”. Fue algo que enfatizó en su primera declaración formal como el decimoséptimo Presidente de la Iglesia y que continúa centrándose en este momento. Pero considerando la importancia de guardar las ordenanzas (y los convenios asociados) tal como lo enseñó el Dr. Sweat, ¿cuál es exactamente el camino del convenio en el que se supone que debemos permanecer?

Debido a que el poder de la Divinidad se manifiesta en las ordenanzas (y convenios asociados) del evangelio, uno podría decir que el camino del convenio es representativo al camino a la Divinidad tal como lo conocemos en esta vida mortal. “Sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne.” DyC 84:21

Nos mantenemos en el camino manteniendo nuestra parte del trato en referencia a nuestros convenios, con el fin de alcanzar la Exaltación, para vivir con Dios y finalmente llegar a ser como Dios. Esa transformación divina comienza ahora, en la medida que nuestras circunstancias mortales lo permitan.

“Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero.” DyC 130:18-19

Los poderes de la Divinidad

Cuando hablamos de llegar a ser como Dios, nuestras mentes a menudo saltan directamente a las habilidades únicas de Dios. Él puede mover montañas, hacer llover fuego desde el cielo y dominar los mares. Eso es fantástico, pero Dios no es Dios por lo que hace. Dios es Dios por lo que es. Lo que hace es sólo el resultado de quién es Él

Y si Dios deja de ser quien es:

“…las obras de la justicia serían destruidas, y Dios dejaría de ser Dios. Mas Dios no cesa de ser Dios, y la misericordia reclama al que se arrepiente; y la misericordia viene a causa de la expiación.”

Por lo tanto, cuando hablamos de los “poderes de la divinidad”, es algo más que el acceso a la capacidad cósmica sobrehumana, no se trata del poder divino para realizar grandes milagros, sino más bien del poder divino para realizar un cambio milagroso mucho más importante: cambiar quiénes somos. Cambiar nuestra naturaleza carnal a una divina. Deshacerse del hombre natural.

Es por eso que las ordenanzas exaltadoras son tan importantes, nos ponen en el camino del convenio, el camino de la divinidad. Nos dan acceso tanto al poder de Dios para cambiar las circunstancias externas, de ser necesarias, pero lo más importante, para convertirnos en seres más como Él. Llenos de justicia, misericordia, humildad, pureza, conocimiento y el amor puro de Cristo, tal como lo son Cristo mismo y nuestro Padre Celestial.

“Por consiguiente, amados hermanos míos, pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo; para que lleguéis a ser hijos de Dios; para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él, porque lo veremos tal como es; para que tengamos esta esperanza; para que seamos purificados así como él es puro. Amén.”Moroni 7:48

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado por mormonhub.com bajo el título: ““Saving” Ordinances, the Covenant Path, and the Power of Godliness