Una nueva perspectiva de la parábola de la “Oveja perdida”, que reafirmara lo importante que eres para el Señor y tu esfuerzo por seguirlo. 

Muchas veces, en nuestro deseo por vivir los mandamientos de Dios, nos enfocamos en todo lo que debemos evitar para seguir siendo rectos y justos.

Pero esta tendencia puede volverse peligrosa cuando empezamos a ver la vida como lo hacían los fariseos, quienes se fijaron tanto en mantenerse limpios del mundo que lo cuantificaron todo, se enfocaron en la obediencia externa y convirtieron los mandamientos en una vara de medir al resto.

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No deberíamos ver el Evangelio como una serie de limitaciones o reglas.

Por el contrario, deberíamos ver el Evangelio como lo ve Cristo, buscando todo lo bueno que podemos gracias a él y todo el cambio que podemos hacer por él.

Por supuesto que vamos a fallar. Y a menudo, nuestras caídas serán más dolorosas porque nos hemos encontrado en un lugar de progreso más alto. 

Lo que no debemos olvidar es que todos fuimos puestos aquí, en esta tierra, para ser probados y hasta veces, heridos. Incluso Jesucristo fue herido, sin embargo fue eso lo que hizo que Su expiación y Su triunfo sobre la muerte fueran tan extraordinarios.

caminar

Esta búsqueda de algo más me recuerda a la parábola de la oveja perdida, pero a una versión que escuché donde dicha parabola fue cambiada de una manera singular.

Piensa, por un momento, en la oveja perdida y en las 99 que están a salvo.

Ahora invierte los roles. Hay 99 ovejas perdidas contentas y ajenas a lo sucedido comiendo pasto y sólo una oveja que salió en busca de su Pastor.

Cuando el buen pastor finalmente encuentra a esa oveja, es probable que ella este herida, asustada y con frío. Habrá caído, vagado y olvidado su propósito de vez en cuando, pero una y otra vez, la oveja se levantó y se esforzó por seguir a su Pastor.

Mientras que el resto de ovejas se encontraba complacida en el campo diciendo: “Estamos felices de no estar perdidas”, la única oveja que se esforzó y perseveró será la única que será llevada sobre los hombros del Buen Pastor.

Él es el único que la puede llevar a casa.

Él es el único que celebrará su regreso.

caminar sobre las aguas

“Jesus walks on the water”, Anónimo

Ahora lo llevaremos a la práctica. Mientras que el resto de nosotros estamos en la Iglesia pensando “estoy feliz de no haber cometido ningún error”, nos estamos perdiendo totalmente del punto principal.

No, no necesitamos pecar para darnos cuenta de nuestra dependencia a nuestro Salvador, pero de una manera u otra, debemos darnos cuenta de que todos estamos perdidos.

Es posible que veamos vislumbres del Buen Pastor de vez en cuando en nuestras vidas, pero todavía no hemos regresado a casa. Todavía estamos en el camino, a punto de ser encontrados.

La Iglesia de Jesucristo

Eso significa que necesitamos esforzarnos constantemente. Necesitamos buscar qué más podemos hacer y quiénes podemos llegar a ser, sin sentir temor al fracaso. Necesitamos el poder, el amor y la gracia de Cristo en todo momento.

Debemos reconocer que todos estamos perdidos, sólo que de diferentes maneras. El juicio o los cambios bien intencionados en el recorrido hechos por el resto de ovejas no ayudarán a la que está perdida.

Sólo el toque personal y la guía del Pastor puede ayudar verdaderamente a que todos los que están perdidos sean encontrados. Los que no reconocen que están perdidos son los más perdidos de todos porque no aprenden a confiar en Cristo.

Síndrome de Impostor

Entonces, en lugar de preocuparnos y fijarnos en todo lo que no podemos hacer o todo lo que tenemos que hacer en la Iglesia, enfócate en todo lo bueno que puedes hacer. Enfócate en encontrar al Salvador, comprendiendo que, al final, seremos las ovejas que serán encontradas.

Él es el que nos levanta, quien nos hace ser más de lo que podríamos ser sin Su ayuda, y quien nos lleva a casa para estar nuevamente con nuestros Padres Celestiales.

Este artículo fue escrito originalmente por Danielle B. Wagner y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “A New Take on the Parable of the Lost Sheep That Will Change How You See Yourself in the Church