A pesar de no tener citas por la pandemia, mi meta sigue siendo el matrimonio

amor matrimonio

Soy una gran creyente en las resoluciones de Año Nuevo. Me encanta que el comienzo de un nuevo año sea un momento en el que muchas personas piensen en nuevas formas de mejorar.

Cada año, al menos una de mis resoluciones de Año Nuevo se centra en mi vida amorosa. Tener algún tipo de objetivo como ese con suerte le dice al universo que estoy lista para poder casarme.

A principios de 2020, decidí establecerme la meta de “dedicar al menos 30 minutos a la semana a una actividad que pudiera terminar en una cita”, y eso significaba hablar con alguien después de la Iglesia, hablar con un chico después de clases de instituto, o utilizar una de esas aplicaciones de citas en línea.

Para mi sorpresa, esos 30 minutos resultaron muy fructíferos. Durante las primeras 10 semanas de 2020, tuve más citas de las que había tenido en los últimos años.

También te puede interesar:8 consejos esenciales de las Escrituras para el matrimonio

Entonces llegó la pandemia.

En ese momento, pensé que la resolución de Año Nuevo de 2020 sería la única que no completaría del todo. En efecto, a finales de 2020, marqué esa meta como un objetivo no alcanzado.

No fue hasta una conversación que tuve en 2021 que mi perspectiva cambió. Sí, no he tenido una cita desde marzo de 2020. Pero, en muchos sentidos, las cosas que hice en su lugar me prepararon para el matrimonio de formas que nunca pensé.

Aquí te comparto tres de las lecciones que aprendí durante este tiempo.

1. Conoce tu alma

Al comienzo de la pandemia, Church News publicó una serie de artículos con consejos de miembros de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles. 

Una cita del élder Jeffrey R. Holland comenzó a resonar en mi mente durante las primeras semanas de la primavera de 2020.

“Aquellos momentos nos invitan a mirar dentro de nuestra alma y ver si nos agrada lo que podemos ver”, dijo.

Unos meses más tarde, apareció en un video de Instituto “Elijah Interfaith” y en sus comentarios hizo eco de una declaración similar:

“Es una experiencia interesante, ser la única persona en la habitación y preguntarte si te agrada esa compañía… Eso es algo que no siempre tengo la oportunidad de hacer”.

Al comienzo de la pandemia, me encontraba sola con más frecuencia que antes. Tuve la bendición de trabajar desde casa, por lo que no veía a mis compañeros de trabajo, a quienes me había acostumbrado ver a diario. 

Mi compañera de cuarto regresó a su casa. Las reuniones de la Iglesia no se llevaban a cabo. Me pasaba días sin ver a otra persona cara a cara.

Estuve sola durante quizás el tiempo más largo de mi vida. Y en esos momentos de consuelo, tuve la oportunidad de reflexionar sobre el estado de mi alma y si me agradaba mi propia compañía.

Cuando comencé a reflexionar sobre eso, identifiqué algunas áreas en las que podía mejorar, no solo espiritualmente, sino también mental y emocionalmente. Al reconocer estas partes de mí misma, recordé la historia sobre el grosellero del presidente Hugh B. Brown.

El élder D. Todd Christofferson repitió esta historia en la Conferencia General de abril de 2011, y de repente me identifiqué con ese pequeño arbusto; me sentí abrumada al pensar el crecimiento que enfrenaría.

A medida que pasaban los meses y seguía trabajando, sentí que el Maestro Jardinero me convertía en algo mejor de lo que jamás había imaginado.

No pretendo ser una experta en matrimonios ni relaciones románticas; pero espero que cuando encuentre a mi esposo, sea nuestra meta mejorar juntos. 

Para poder hacer eso con otra persona, primero tuve que aprender a hacerlo por mí misma. Aunque todavía tengo mucho por crecer y mejorar, estoy agradecida por este tiempo y por lo que me ha enseñado sobre mi persona.

2. La importancia de renovar nuestros convenios

santa cena

El 12 de marzo de 2020 ciertamente fue un día interesante. Fue el primer día que mi equipo de trabajo empezó a trabajar desde casa. Dentro del caos que vino de aprender a comunicarnos de manera online, nos enteramos que todas las reuniones de la Iglesia se suspenderían en todo el mundo.

Tuve un sentimiento de preocupación cuando me di cuenta de que no tendría la oportunidad de participar de la Santa Cena a menos que le pidiera ayuda a alguien. 

He buscado el nombre de la fobia para “el miedo a pedir ayuda”. Hasta ahora no he podido encontrarlo, pero definitivamente es una fobia que tengo.

Justo una semana antes de eso, incluso antes de que el COVID-19 fuera declarado una pandemia, había estado en la casa de un amigo el domingo para cenar junto con su familia. Me dijeron que podía visitarles en cualquier momento. Aquella noticia significó que había llegado el momento de poner esa invitación a prueba. 

Con cierto nivel de temor, les envié un mensaje de texto y les pregunté si tenían planes con la “iglesia”. Era uno de esos mensajes de texto que escribes y luego pasas mirando durante varios minutos antes de presionar el botón “enviar”.

Lo envié y mi ritmo cardíaco se disparó. 

Luego, afortunadamente para mí y mi frecuencia cardíaca, me respondieron casi de inmediato. Su obispo les había dado la autorización de hacer la Santa Cena en casa.

Y así comenzó la tradición semanal de tener una “Iglesia en casa” mientras las reuniones se encontraban suspendidas.

La Santa Cena cobró otro significado para mí durante la pandemia. Y no fue porque se estaba administrando en un lugar que no era un centro de reuniones. La oportunidad de participar de la Santa Cena se volvió más valiosa para mí.

El Salvador ha dicho: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo”. –Apocalipsis 3:20

verdad

Salir de mi zona de confort para poder participar de la Santa Cena cambió mi experiencia. Sentí que estaba demostrando que realmente quería participar de las bendiciones de la Santa Cena. Que quería dejar entrar al Salvador a mi vida.

Y realmente sentí que lo hizo.

Poder tener aquellos momentos sagrados me hicieron pensar en cómo quería que fuera mi futuro hogar. Quiero que mi hogar sea un lugar por donde more el Salvador.

Y cuando me di cuenta de eso, hice cambios en mi propio hogar, especialmente con mi adoración dominical.

Creo que el espíritu de gratitud también me dio una nueva perspectiva de la Santa Cena. Cada vez que participaba de ella en aquella sala de estar, pensaba en lo bendecida que era por tener la oportunidad de renovar mis convenios.

Santa Cena

Ese sentimiento ha continuado ahora que las reuniones de la Iglesia se han reanudado en donde vivo. Miro a los poseedores del sacerdocio, cuyos nombres a menudo no conozco debido a que me mudé a un nuevo barrio durante la pandemia, y siento una gran gratitud por ellos.

¿Se dan cuenta de lo que me están permitiendo hacer?

Espero que sepan que son el medio por el cual el Salvador puede entrar en mi vida más plenamente. Espero que sepan que esta es la forma principal en que renuevo mis convenios mientras espero que los templos vuelvan a funcionar con normalidad. Espero que sepan cuánto significa esta ordenanza para mí.

A través de estas experiencias, siento que mis convenios también se han vuelto más importantes para mí, y creo en mí que una mayor gratitud por ellos, me ha preparado para algún día participar en el convenio del sellamiento.

3. Corre hacia el Salvador

ansiedad

En una de mis últimas conferencias de zona como misionera, la esposa de mi presidente de misión compartió una enseñanza con nosotros: 

“Corran hacia el Salvador lo más rápido que puedan, y cuando encuentren a alguien que pueda correr a la misma velocidad que ustedes, preséntense a esa persona”.

Eso realmente se me quedó en la memoria, pero no fue hasta después de la pandemia que comprendí lo que significaba “correr” hacia el Salvador. 

Y sí, asistía a la Iglesia, leía mis Escrituras y oraba, sin embargo el Señor nos dijo: “¿Qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, Aun como yo soy ”.

Yongsung Kim, “I will give you rest”

Piensa que parte de correr hacia el Salvador es esforzarnos por llegar a ser como Él.

Las formas en las que he tratado de incorporar esto en mi vida son probablemente demasiado personales como para compartirlas, pero me he encontrado estudiando una y otra vez el discurso de la Conferencia General de octubre de 2020 del élder Scott D. Whiting, “Llegar a ser como Él”.

Tal vez puedas encontrar allí tus propias respuestas.

En los últimos once meses, he visto la diferencia en mi vida, entre los momentos en los que progreso gradualmente en el camino que lleva al Salvador y los momentos en los que corro hacia Él. 

Y la parte hermosa de Su amor es que aunque tropiece, Él nunca me dejará, por el contrario extenderá su mano hacia mí y me levantará.

Fuente: ldsliving.com

| Para meditar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *