Pregunta

¿Las parejas que no son Santos de los Últimos Días se separan después de la muerte hasta que alguien las selle en el templo? ¿Eso es cierto?

Respuesta

matrimonio y anillo poligamia
Imagen: Freepik

En la Conferencia General de octubre de 1908, Rudger Clawson compartió una enseñanza que, al leerla hoy, puede generar una duda muy válida: ¿qué pasa con las parejas que no fueron selladas en el templo? ¿Dios las separa después de la muerte?

Cuando entendemos esa enseñanza dentro del contexto completo de la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el panorama cambia.

El mensaje del élder Clawson se centró en la autoridad del sacerdocio y en la naturaleza eterna del convenio matrimonial. En aquella conferencia, él enseñó:

“Entendemos que ningún matrimonio es válido a la vista de Dios, a menos que sea efectuado por alguien que tenga autoridad… por el tiempo y por toda la eternidad”.

Esta declaración refleja una enseñanza importante de la Iglesia: para que un matrimonio continúe después de la muerte, la pareja debe recibir el sellamiento por la autoridad del sacerdocio.

pareja
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Eso no significa que los matrimonios civiles no tengan valor. Claro que lo tienen. Muchas parejas construyen relaciones reales, importantes y llenas de amor. Sin embargo, dentro de la doctrina de los Santos de los Últimos Días, esos matrimonios no se vuelven automáticamente eternos.

Ahora bien, también conviene mirar con cuidado lo que el élder Clawson no dijo. Él no explicó exactamente cómo viven las parejas en el mundo de los espíritus. Tampoco afirmó que Dios las separe emocionalmente o que dejen de reconocerse después de partir.

Su punto principal fue la autoridad necesaria para que un matrimonio llegue a ser eterno, no cada detalle de la vida después de la muerte.

Aquí entra una enseñanza clave: el mundo de los espíritus.

propuesta de matrimonio
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Según la doctrina de la Iglesia de Jesucristo, quienes no recibieron el Evangelio durante su vida no quedan sin esperanza. En la visión que recibió Joseph F. Smith, registrada en Doctrina y Convenios 138, se enseña:

“El Señor… organizó sus fuerzas y nombró mensajeros… para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas”.
(Doctrina y Convenios 138:30)

Más adelante, también se explica:

“Los muertos que se arrepientan serán redimidos, mediante la obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios”.
(Doctrina y Convenios 138:58)

matrmimonio
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Esta enseñanza cambia bastante la forma de ver el tema. Las personas que no recibieron el sellamiento en vida no quedan fuera para siempre. El Evangelio también llega al mundo de los espíritus, y cada persona conserva su albedrío para aceptarlo o rechazarlo.

Además, en los templos se realizan ordenanzas vicarias, como bautismos y sellamientos por personas que ya fallecieron. Pero esto es importante: esas ordenanzas no obligan a nadie. No le quitan a la persona su derecho a elegir. Más bien, le abren una puerta que quizá no tuvo abierta durante su vida.

Por eso, una pareja que se casó fuera de la Iglesia no pierde automáticamente la posibilidad de tener un matrimonio eterno. Si ambos aceptan el Evangelio en el mundo de los espíritus y alguien realiza el sellamiento por ellos en el templo, su matrimonio puede llegar a ser eterno.

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Y claro, ahí surge otra pregunta: ¿qué pasa con quienes nunca tuvieron una oportunidad real de conocer el Evangelio o de recibir las ordenanzas del templo?

Los líderes de la Iglesia han enseñado que Dios no dejará esas situaciones sin resolver. El presidente Dallin H. Oaks enseñó:

«Muchas de las privaciones mas serias de la vida terrenal se compensarán en el Milenio». 

En otras palabras, Dios no trabaja con injusticias ni con oportunidades incompletas. Él es justo y misericordioso. Él dará a cada persona una oportunidad real de recibir las bendiciones que ofrece.

pareja
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Por eso, más que enfocarnos en la idea de una separación, la doctrina de la Iglesia apunta a algo más esperanzador: la continuación de las familias. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” se enseña:

«El plan divino de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro».

Entonces, la respuesta más precisa sería esta: los matrimonios que aún no han recibido el sellamiento por la autoridad del sacerdocio todavía no tienen la promesa de continuar eternamente.

En ese sentido, la pareja aún no queda unida por un convenio eterno. Pero eso no significa que Dios separe para siempre a las parejas que no son miembros ni que les niegue la posibilidad de estar juntas.

matrimonio, personas tomándose de la mano
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La Iglesia no ha explicado en detalle si las parejas permanecen juntas física o socialmente en el mundo de los espíritus. Decirlo iría más allá de lo que se ha revelado.

Lo que sí se ha enseñado con claridad es que el matrimonio eterno requiere un sellamiento, y que Dios preparó una manera para que todos puedan recibir esa bendición, ya sea en esta vida o después.

Cuando leemos sola la declaración de Rudger Clawson, puede sonar dura. Pero al verla dentro de todo el panorama de la doctrina, el sentido cambia. No habla de una separación permanente. Habla de la autoridad divina y de la necesidad de ordenanzas sagradas.

manos con aros de matrimonio
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Y esas ordenanzas no se limitan solo a esta vida.

Mediante la predicación del Evangelio en el mundo de los espíritus, la obra que se realiza en los templos y el respeto al albedrío de cada persona, la doctrina de la Iglesia muestra a un Dios que busca unir a las familias, no dividirlas.

Dios no descarta las relaciones construidas con amor como si no importaran. Él invita a Sus hijos a recibir algo mayor: una unión eterna mediante las ordenanzas que preparó para ellos.

Fuente: Ask Gramps

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