Si entraste a este artículo es porque estás buscando respuestas a algo que te sucede. Espero que esto te ayude e inspire a poder tomar la mejor decisión.

Muchos de nosotros hemos experimentado el dolor de ser ofendidos o lastimados por las personas que nos rodean. Es más difícil aceptar que las personas que amamos son las que causan ese dolor.

Hasta donde yo sé, perdonar a alguien es una de las cosas más difíciles que uno podría hacer. Pero, ¿por qué es difícil perdonar?

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Recuerdo la historia de una joven que una vez se enamoró y confió en alguien. Ella hizo todo lo posible para ser digna del amor de ese hombre. Comenzó a desarrollar habilidades para el hogar, se mantuvo activa en la Iglesia e incluso sirvió como misionera de tiempo completo.

Ella hablaba sobre su mejor experiencia en la misión. Hizo su mejor esfuerzo para ser fiel y leal al servicio del Señor. Prometió que pondría toda su energía y esfuerzo en ayudar a los demás a aprender acerca del Evangelio. Después de su servicio durante 18 meses, perdió al hombre que más amaba. Él le dijo que su relación ya no daba para más.

En ese momento, fue muy difícil para ella aceptar su disculpa. Incluso le preguntó: “¿Por qué me hiciste esto? ¿No soy lo suficiente buena para ti?” Pero, él nunca le dio una respuesta específica.

Lo único que ella puede recordar de ese día es lo mucho que su ex novio lamentaba todo.

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La mayoría de nosotros necesita espacio o tiempo para seguir adelante, pero ella lo perdonó justo antes de que separaran sus caminos.

Ella no obtuvo ninguna respuesta de él, pero sabía que había razones por las que esto sucedió. Hizo su parte para continuar con su vida.

Con el paso del tiempo, conoció a otro joven que luego se convirtió en su prometido. Su relación no fue fácil, tuvieron muchas discusiones. Las cosas simples se convirtieron en grandes problemas para ella. Temía ser lastimada nuevamente.

Tenía miedo de confiar porque pensaba que esta relación también podría fallar. Casi siempre estaba a la defensiva.

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La fecha de su boda se acercaba y, una noche, tuvo una gran discusión con su prometido. Ella dijo algunas cosas que realmente hirieron los sentimientos de él.

Al día siguiente, tuvieron una larga conversación. Ella recordó lo que su prometido dijo:

“Sé que tampoco te gusta esto. Sé que sueñas con una familia feliz. Pero, no puedo darte eso hasta que me perdones por mis defectos. Realmente te amo y quiero estar contigo para siempre. Quiero que estés segura de que esto es lo que quieres”.

Su respuesta no llegó de inmediato, pero se dio cuenta de que algo andaba mal. Reflexionó, leyó las Escrituras, fue al templo e incluso pidió consejos a sus padres. Descubrió que realmente no se había perdonado por su pasado. Olvidó perdonarse a sí misma por su relación fallida.

Su madre le compartió una escritura que dice:

“La caridad es el amor puro de Cristo, es benigna, no tiene envidia, no busca lo suyo, no se irrita fácilmente, no piensa el mal, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Ella trató de tener una última conversación con su novio anterior para pasar la página, pero no tuvo la oportunidad. Oró al Padre Celestial para que la ayudara a perdonar al hombre que la lastimó tanto.

La siguiente vez que se reunió con su prometido, ella le pidió disculpas y le dijo que ahora estaba lista para todo, para su boda. Tuvieron una boda hermosa y sencilla.

Recuerdo la vez que nos conocimos y le pregunté cuál fue la mayor bendición que recibió después de eso. Esperaba que ella dijera que fue su esposo, pero me sorprendió cuando dijo:

“Paz y libertad. Fue una experiencia inolvidable cuando dije ‘sí, acepto’ en el altar. Esa vez me sentí como si hubiera vuelto a nacer. Fue mi mayor victoria después de todo”.

Su historia me ayuda a darme cuenta de que perdonar no es solo pedir perdón o simplemente aceptar una disculpa, sino que es más profundo.

Cuando perdonas, es importante aprender a dejar ir, aceptar y comenzar de nuevo.

Perdonar a los demás te abrirá el camino a otras oportunidades para aprender, servir y amar. Estoy profundamente agradecida por la expiación de Jesucristo, que me ayuda a vivir y esperar la eternidad. Es dulce perdonar, olvidar y aprender del pasado.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Belle Alcibor y fue publicado en faith.ph con el título “Forgiving: My Greatest Victory”.