Parece haber una creencia generalizada, especialmente entre aquellos que han lastimado a otros, de que con el perdón viene la restauración de la confianza. En otras palabras, si la persona ofendida no confía en la persona que la lastimó y no reanuda la misma relación con ella. Entonces, la persona ofendida no ha perdonado realmente. Nada más lejos de la verdad.

Perdonar es soltar la amargura. Es sentir amor fraternal por alguien que te ha lastimado y no tenerle resentimiento. Eso es. Eso es todo. No, no implica poner a la persona que te lastimó en una posición para herirte nuevamente. No implica librarla de las consecuencias de sus acciones. El perdón debe darse sin reservas. La confianza se debe ganar.

El Señor nos dio el mandamiento de perdonar. Él nunca nos dio el mandamiento de confiar.

La diferencia entre “soltar” y permitir que alguien te lastime

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Si contrato a una niñera que no cumple con alimentar a mis hijos y cambiar el pañal del bebé, puedo dejar mi enojo a un lado. No tengo que intentar arruinar a esta persona. Puedo darle mi opinión. No tengo que hablar mal sobre esa persona, aunque puedo advertir a otros padres que me pidan mi opinión. Eso es perdón. Sin embargo, no voy a pedirle a esta persona que cuide a mis hijos nuevamente porque esa persona ha perdido mi confianza.

Con frecuencia, los cónyuges, familiares o amigos abusivos y / o desleales quieren que sus seres queridos los perdonen y creen falsamente que el perdón hará que la relación “vuelva a ser como antes”.

Sin embargo, no se dan cuenta de que, si su relación puede volver a ser como antes, esto solo ocurrirá cuando se recupere la confianza. A menudo, confiar otra vez requiere mucho más tiempo que perdonar, es decir, soltar la malicia y el deseo de castigar.

Algunas veces, la persona que fue lastimada y / o engañada termina justificadamente la relación mientras dice: “Te perdono”. Esto es totalmente coherente porque el perdón reemplaza el odio por el amor y desearle el bien a alguien no restaura su posición para lastimarte o traicionarte nuevamente.

El Élder Jeffrey R. Holland enseñó magistralmente:

“’Perdonad, y seréis perdonados’, enseñó Cristo en tiempos del Nuevo Testamento; y, en nuestros días: ‘Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres’. No obstante, es importante que cualquiera de ustedes que viva con verdadera angustia tenga en cuenta lo que no dijo. Él no dijo: ‘No se les permite sentir dolor verdadero ni pesar real por las devastadoras experiencias que hayan tenido por culpa de otra persona’. Ni tampoco dijo: ‘A fin de perdonar totalmente tienes que volver a una relación tóxica, o volver a circunstancias destructivas y de maltrato’. No obstante, a pesar de las ofensas más terribles que nos puedan sobrevenir, solo podemos elevarnos por encima de nuestro dolor al poner los pies en la senda de la sanación real. Tal senda es la senda del perdón que anduvo Jesús de Nazaret, quien nos invita a cada uno de nosotros: ‘Ven, sígueme’”.

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En tu vida, es bueno ser indulgente. Es bueno para tu salud emocional y mental abandonar la amargura. Cuando alguien que te lastimó está verdaderamente arrepentido y lo muestra con su comportamiento, y tú o tus hijos desean una buena relación con esa persona, es bueno hacer las paces y restablecer el vínculo.

Sin embargo, también es saludable protegerte de la negligencia, la deslealtad o el abuso reiterados de cualquier tipo. Los límites se pueden establecer y mantener. Perdonar no es lo mismo que confiar.

La confianza solo se puede restaurar cuando la persona que te lastimó se arrepiente, reconoce el dolor que causó y está dispuesta a tomarse el tiempo y esforzarse para ganarse esa confianza.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Jonathan Decker y fue publicado en ldsliving.com con el título “Latter-day Saint Therapist: Forgiveness Doesn’t Mean Trust”.