“¿Por qué tendemos a tratar mal a los que más amamos? ¿Por qué les decimos cosas que nunca le diríamos a alguien en el trabajo, en la Iglesia o en el mundo?”

Hoy fui a almorzar con un hombre de mi misma edad que me dijo que piensa que su esposa quiere divorciarse de él. 

Lo dijo en tono de broma, pero a medida que hablábamos más, me di cuenta de que estaba hablando en serio y con un poco de preocupación.

En lugar de reírme, le pregunté por qué creía que su esposa querría divorciarse de él. Él respondió rápidamente… “Es porque soy grosero con ella”.

Esto me sorprendió porque nunca había visto a este hombre tratar mal a nadie. En cada situación en la que lo había observado, siempre había sido amable, bondadoso y generoso. 

Lo conozco desde hace mucho tiempo… que se puede decir que he tenido suficientes interacciones como para saber cómo trata a las personas. “Grosero” …no es como lo describiría.

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Cuando dijo que a veces era grosero con su esposa, le dije que estaba sorprendido porque nunca lo había visto ser así con nadie. Él respondió: “Siempre tratamos mal a los que más amamos.”

Este hombre continuó explicando algunas de las situaciones en las que se permitió enfadarse por cosas sin sentido y decir palabras que nunca le diría a un extraño, un socio o un conocido. 

Me dijo que ama a su esposa. Que él quiere estar con ella. Y que él quiere hacerla feliz. Entonces, ¿por qué la trata mal?

¿Por qué tendemos a tratar mal a los que más amamos? ¿Por qué les decimos cosas que nunca le diríamos a alguien en el trabajo, en la Iglesia o en el mundo?

Podríamos decir y hacer cosas que son desconsideradas, irreflexivas o incluso malas para una esposa, un esposo, una madre o un padre, un hermano o una hermana, o un buen amigo … que nunca consideraríamos decirle o hacerle a un conocido. 

¿Por qué? ¿Dónde está la lógica?

Estás tomando por sentado la cercanía de una relación

Lamentablemente, cuando las personas sienten que tienen el control de una relación, tienden a dar por sentada dicha relación. 

Es casi como cuanto más nos acercamos a una persona, y cuanto más confianza se ha establecido, más se siente que la persona puede sobrepasar los límites de esa relación. Asumen que pueden hacer cosas que nunca le harían a personas que ni siquiera conocen ni quieren.

Por ejemplo, un joven generalmente tiende a cambiar su comportamiento por la chica con la que sale. Le dirá cosas bonitas, hará cosas bonitas y se esforzará por demostrarle que está locamente enamorado de ella. 

Nunca pensaría en gritarle, hacerle un comentario hiriente o ser demasiado crítico sobre quién es y lo qué hace. El joven sabe que si actúa de esa manera, esa linda jovencita se marchará y lo dejará en un abrir y cerrar de ojos. 

La humildad e inseguridad mantienen su negatividad carnal bajo control, por lo que, naturalmente, esta mujer se enamora de este hombre amable y amoroso. 

Un año o dos después de su matrimonio, la lengua del joven se vuelve un poco más suelta al vocalizar su negatividad. Pasan unos años más y el hombre podría tomar más libertad para vocalizar su desdén porque cree que prácticamente tiene esta relación asegurada. 

Él percibe que puede decir lo que quiera o actuar de la manera que desea porque existe una probabilidad muy pequeña de que su esposa tome alguna decisión al respecto. 

Todo esto, por cierto, puede también puede darse en el caso de una mujer, y en muchos casos es algo que puede suceder en ambas partes en la misma medida.

La persona que más amas se lleva la peor parte de tu mal humor, tus disgustos y tu actitud. Cuando das por sentado a tus seres queridos, vives una vida en la que tus prioridades se encuentran fuera de control.

Otro problema importante sucede cuando…

Nos aprovechamos de lo que sabemos sobre esa persona para causar un daño aún más grande

personas que amas

Tenemos una tendencia natural a utilizar el conocimiento que hemos adquirido mediante nuestra asociación íntima en contra una persona a la que amamos. Utilizamos ese conocimiento para reducirlos y obtener una ventaja sobre ellos en una discusión o desacuerdo.

Muchos de nosotros atacamos a alguien de tal manera en base al conocimiento que tenemos de sus debilidades. Es un instinto humano y carnal el aprovechar las armas a nuestra disposición para proteger nuestro propio territorio. Y eso… muchas veces es exactamente el problema.

Tratamos de proteger y defender quiénes somos, o nuestro punto de vista, usando todo en nuestro arsenal para desacreditar a la otra persona y “ponerla en su lugar”. Sabemos exactamente lo que debemos decir para molestarlos, herir sus sentimientos o hacerlos sentir insignificantes.

sellamiento en el templo

Sabemos qué hacer para irritarlos y sabemos cómo decirlo de una manera en que infligimos más dolor. Y todo esto se debe a que hemos conocido y amado a esa persona más que cualquier otra persona con la que nos hemos asociado en la vida.

Las escrituras apócrifas declaran que: “Las heridas causadas por azotes se quedan en la piel; las heridas causadas por la lengua rompen los huesos” (Eclesiástico 28:17). 

Y como dice Santiago “la lengua es un mal que no puede ser refrenado”, la menos que tú mismo lo hagas. Puedes domar tu propia lengua. Y al hacerlo, tus seres queridos también se sentirán inclinados a domar sus propias lenguas.

Es peligroso tratar mal a los que más quieres. El maltrato prolongado de un ser querido podría pasarte la factura y causar que tu mayor defensor en la vida se vuelva intolerante a tu presencia. 

¿Y luego qué?

¿Vendrá la desesperación? ¿El lamento? ¿El dolor? ¿El distanciamiento?

consolar

Espero que el hombre con el que fui a almorzar encuentre una manera mucho, mucho mejor de tratar a su esposa de cómo me trata a mí. Porque si él la trata como me trata a mí… entonces no tendrá ningún problema en casa. 

Espero nunca ser culpable de tratar a uno de mis seres queridos de una manera que disminuya el vínculo de amor que nos ha llevado años establecer. 

Mi esposa, mi hijo y mi hija, mi mamá y mi papá, mi hermana y mis amigos más cercanos… Por favor, asegúrense de recibir lo mejor de mí. Porque ustedes se lo merecen.

Fuente: gregtrimble.com