En la costa sur del Perú, entre Nazca y Palpa, el desierto guarda uno de los enigmas arqueológicos más grandes del planeta, las Líneas de Nazca, enormes geoglifos que cubren más de 500 km² y que, mil años después de su creación, siguen generando debate.
Según National Geographic, algunas figuras alcanzan hasta 275 metros de largo. Hay líneas rectas que recorren kilómetros, formas geométricas, trapecios y más de setenta diseños figurativos como colibríes, monos, arañas e incluso un felino descubierto en 2020.
Pero más allá de su tamaño, ¿qué propósito tenían realmente?
Fe, cultura y nuevas miradas

En este contexto también surge el trabajo de la hermana María Gamero de Allington, autora del libro «El Propósito de las Líneas de Nasca».
Su estudio se enfoca en el análisis de su simbolismo y comparándolos con patrones similares en otros sitios arqueológicos. Desde una perspectiva personal y cultural, destaca la centralidad de la fe en las civilizaciones preincaicas.
Su aporte está en abrir una conversación distinta, donde el legado material también se conecta con creencias profundas.
La autora plantea que las civilizaciones antiguas no construían al azar, sino desde lo que creían.
Según su investigación, muchas de estas culturas desarrollaron sus obras en torno a una visión espiritual del mundo. No necesariamente una religión uniforme, pero sí una idea clara de lo sagrado y del propósito de la vida.
Los habitantes de la cultura Nazca no fueron la excepción.
Su enfoque no pretende reemplazar la arqueología académica, sino ampliar la conversación cultural y espiritual sobre el legado peruano.
Pero, ¿quiénes las hicieron y cómo?

Los responsables fueron los antiguos nazca, una cultura que habitó la región aproximadamente entre el 200 a.C. y el 800 d.C., con su centro ceremonial en Cahuachi.
Técnicamente, las líneas son geoglifos. Su construcción fue por el suelo del desierto que está cubierto por piedras oscuras; al retirarlas, aparece una capa de arena más clara debajo, creando un contraste visible desde gran altura.
No necesitaron tecnología aérea sino que trabajaban con patrones a escala, probablemente dibujados en tela, y luego los ampliaban en el terreno.
Lo importante es que las líneas no fueron hechas para ser vistas desde el cielo como un conjunto perfecto. Muchas se cruzan y se superponen, lo que sugiere que fueron trazadas en distintas etapas y con propósitos específicos.
A lo largo del último siglo, los investigadores han planteado que principalmente eran caminos ceremoniales, calendarios astronómicos, cultos de agua y expresiones del mundo sagrado de esa población.
¿Existe una relación real con el Libro de Mormón?

Desde el punto de vista histórico y académico, no hay consenso ni evidencia verificable que conecte directamente las Líneas de Nazca con los pueblos descritos en el Libro de Mormón.
Sin embargo, desde una reflexión más amplia, sí hay paralelos interesantes, algo que también dialoga con lo que propone el libro de Gamero de Allington al resaltar el rol central de la fe en las civilizaciones antiguas:
- Ambas narrativas sitúan civilizaciones complejas en el continente americano en épocas antiguas.
- Ambas resaltan sociedades profundamente religiosas.
- Ambas muestran pueblos capaces de grandes obras colectivas.
Pero paralelo no es sinónimo de prueba. La historia se construye con pruebas arqueológicas y lingüísticas. La fe, en cambio, ofrece una forma distinta de interpretar el pasado y darle significado.
El descubrimiento del “gato” y una hipótesis

En 2020 el Ministerio de Cultura de Perú anunció el hallazgo de un nuevo geoglifo de un gran felino en una ladera, fechado entre 200 y 100 a.C., de unos 37 metros de largo.
Algunos investigadores independientes han observado que las marcas lineales en la cola del felino son angulares y segmentadas. Los usuarios en internet han sugerido que podrían parecerse a los caracteres publicados en 1828 como muestra del llamado “egipcio reformado” mencionado por José Smith en relación con el Libro de Mormón.
Aquí es clave mantener la claridad histórica. El Libro de Mormón afirma abarcar aproximadamente del 600 a.C. al 400 d.C., un período que coincide en parte con la cronología nazca.
Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia arqueológica aceptada por la comunidad académica que vincule directamente las Líneas de Nazca con el “egipcio reformado” o con pueblos descritos en el Libro de Mormón.
La comparación visual de símbolos no constituye prueba lingüística. En epigrafía, las similitudes formales pueden surgir de manera independiente en culturas distintas. Es una hipótesis interesante, pero sigue siendo una hipótesis.
El enigma continúa

Las Líneas de Nazca siguen generando más preguntas que respuestas. No fueron pistas de aterrizaje extraterrestres, simples adornos, ni parecen tener una única explicación.
Probablemente combinaban ritual, cosmovisión, territorio y organización social y quizás la lección más interesante sea que las culturas antiguas eran más sofisticadas de lo que a veces imaginamos.
El misterio de Nazca no necesita teorías espectaculares para ser fascinante. Su grandeza está en la capacidad humana de crear significado en medio del desierto.
En cuanto a su posible conexión con el Libro de Mormón, el debate sigue abierto, pero la evidencia histórica disponible hoy no permite afirmar una relación directa.
Lo que sí podemos afirmar es que las Líneas de Nazca nos recuerdan que América tuvo civilizaciones profundas, organizadas y espirituales, al igual que el Libro de Mormón.
