Seamos sinceros, a veces, nuestras vidas pueden ser bastante difíciles. Algunos parecen pasarla peor que otros, atraviesan cosas que ni siquiera puedo entender.  Sin embargo, no puedes vivir sin pasar por al menos algunas amargas experiencias.

Dicho esto, las personas generalmente abordan sus desafíos de manera diferente. Algunas personas, por ejemplo, se preguntan “¿por qué a mí?” cuando enfrentan la adversidad. Otras, se preguntan “¿ahora qué?”

Examinaré cómo difieren estos enfoques, por qué el último enfoque es el mejor y cómo podemos llegar a ser Santos que formulen la última pregunta.

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El problema con el  enfoque “¿por qué a mí?”

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Lo sé, puede ser extremadamente fácil preguntar “¿por qué a mí?” Pero, cuando preguntas “¿por qué esto me está sucediendo a mí?” En realidad, te estás comparando con los demás. Básicamente, estás preguntando por qué esto, con lo que estás lidiando, no le pudo pasar a alguien más. Culpas a Dios y a los demás por tu mala fortuna. La envidia y los celos se filtran, y les deseas el mal a los demás.

No obstante, algo más sucede cuando preguntas “¿por qué a mí?” Tu experiencia ya difícil se vuelve incluso más insoportable. Permites que tu momento de adversidad te supere, y como resultado te vuelves muy infeliz.

Preguntar “¿por qué a mí?” no resuelve ningún problema, ni conduce al crecimiento personal o espiritual. Es un enfoque improductivo de la adversidad e incluso, puede conducir a una fe disminuida o destruida.

Por qué preguntar “¿ahora qué?” es un mejor enfoque

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¿En qué se diferencia preguntar “ahora qué” de “por qué a mí”? En pocas palabras, demuestra una perspectiva distinta, una actitud más positiva.

Aprendí este principio de la manera más difícil en la escuela secundaria. Estaba jugando en el equipo de básquet de la escuela en un juego muy importante: el juego decidiría qué equipo ganaría la liga. El equipo en el que estaba jugando era más talentoso, pero el juego estaba cerrado. En un punto, en el último cuarto de hora, el juego estaba empatado cuando, notablemente, la pelota rebotó en lo alto del zapato de un jugador del otro equipo y cayó directamente en la canasta.

Nunca antes vi una pelota rebotar en un zapato y caer en la canasta, tampoco creo que vuelva a ocurrir. La canasta fue algo que sucedió a casualidad, y sucedió contra nosotros. Pude  sentir que muchos de los jugadores de nuestro equipo, incluido yo, empezaron a pensar “¿por qué nosotros?” Estuvimos tan cerca de ganarle a este equipo, así que, ¿por qué no pudimos hacer que la pelota rebote en nuestro camino? Parecía que Dios estaba en contra de nosotros. Por cierto, dejamos que esa experiencia dictara el resto del juego y perdimos.

Si hubiéramos preguntado “¿ahora qué?” en lugar de “¿por qué a mí?” podríamos haber tenido un impacto más positivo en el juego.

En lugar de enfocarnos en cosas incontrolables, podríamos haber dicho, “Está bien, algo extraño acaba de pasar y nos dolió. ¿Qué podemos hacer en el próximo juego para mejorar las cosas?”

adversidadEl enfoque “¿ahora qué?” tiende a conducir al crecimiento. Nos ayuda a ver el futuro en lugar de permitir que nuestras adversidades del pasado nos desanimen. Nos ayuda a asumir la responsabilidad cuando se necesita, y nos ayuda a enfocarnos en las cosas que podemos controlar.  Sobre todo, conduce hacia una disposición más feliz y puede conducir hacia una mayor fe en Dios. 

El principio del crisol

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Un crisol es un contenedor de metal o cerámica (como se muestra en la imagen de arriba) en el que se puede someter a los metales a un intenso calor y presión. En un crisol, los metales pueden fundirse y reformarse, mezclarse y fortalecerse o purificarse.

A menudo, el crisol se utiliza como una analogía del crecimiento personal que puede ocurrir cuando uno enfrenta la adversidad extrema. En otras palabras, si las personas tienen la mentalidad correcta, su fe puede llegar a fortalecerse y purificarse. Además, pueden “ser taladas” con la finalidad de que Dios pueda reconstruirlas en lo que Él desea que sean.

Considera el principio del crisol cuando veas el siguiente video sobre la experiencia del Presidente Hugh B. Brown:

El Presidente Brown relata cuan “talado” se sintió, al igual que el grosellero entristecido, cuando se le negó un ascenso militar debido a su religión. Al principio, estoy seguro de que el Presidente Brown pensó “¿por qué a mí?” Pero su perspectiva cambió cuando recordó que a veces nos “talan” a fin de que Dios pueda convertirnos en algo mejor.

¿Cómo Nefi abordó la adversidad?

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Ahora, veamos cómo esto se desarrolla esto en el Libro de Mormón. Nefi, el profeta y héroe del Libro de Mormón, experimentó muchas circunstancias similares a las de sus hermanos, Lamán y Lemuel. Sin embargo, Nefi creció espiritualmente a partir de esos eventos, mientras que Lamán y Lemuel no lo hicieron. Parte de la razón del increíble crecimiento de Nefi fue su actitud positiva ante la adversidad.

Por ejemplo, cuando Nefi rompió su arco, “Lamán y Lemuel y los hijos de Ismael comenzaron a murmurar en gran manera” (1 Nefi 16:20). Para ser justo, romper un arco debió haber sido una gran prueba. Todos dependían del arco de Nefi para conseguir comida, por lo que la compañía esencialmente no sabía de dónde vendría su próxima comida. ¡La adversidad fue tan grande que incluso Lehi comenzó a murmurar y quejarse!

No obstante, la respuesta de Nefi fue diferente a la de Lamán y Lemuel. En lugar de quejarse por su mala suerte, Nefi miró hacia adelante. En lugar de preguntar, “¿por qué me pasa esto a mí?”, Nefi preguntó esencialmente, “¿qué puedo hacer ahora para resolver este problema que tengo?”

1 Nefi 16:23 nos cuenta que Nefi “hizo un arco de madera y una flecha de palo recto.” Luego, Nefi le preguntó a su padre a donde debía ir para conseguir comida, fue a cazar y fue recompensado. No permitió que sus circunstancias dictaran su éxito y el momento de adversidad ayudó a fortalecer su fe en Dios.

Escoge ser una persona “¿ahora qué?”

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El Élder Marion G. Romney dijo lo siguiente sobre nuestra elección de crecer a partir de las adversidades que enfrentamos:

“He visto el remordimiento y la desesperación en la gente que, en momentos de tribulación, han maldecido a Dios y muerto espiritualmente. Como así también he visto cómo otras personas se han elevado de lo que parecían ser pruebas imposibles de sobrellevar.”

“Finalmente, he buscado al Señor durante mis propias aflicciones y aprendido por mí mismo que mi alma se engrandecía como nunca antes al caer de rodillas por causa de la adversidad y la aflicción”

Asimismo, Barbara Johnson dijo, “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.”

No permitamos que nuestras adversidades nos detengan. En cambio, permitamos que nos refinen, fortalezcan y purifiquen. Aprendamos a desarrollar una actitud que permita el crecimiento espiritual y personal, incluso cuando enfrentemos la adversidad más amarga y difícil.

¿Cuáles son algunas de las cosas que has hecho para ayudarte a mantener una actitud positiva ante la adversidad?

Articulo originalmente escrito por Derek Lange y publicado en thirdhour.org con el título “Why You Should Be Asking “What Now?” Instead of “Why Me?” When Facing Adversity.”