El Apóstol Pablo declaró que Dios:

“De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de la habitación de ellos”. (Hechos 17: 26)

Pablo predicaba en el Areópago de Atenas. Los griegos de la época eran, sin duda, un pueblo altamente instruido, pero también era muy supersticioso y prejuicioso. El audaz mensaje de Pablo no solo cambió toda una creencia elitista, sino que también invitó al arrepentimiento. Predicó:

“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan. Por cuanto ha establecido un día en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón a quien ha designado, dando fe a todos al haberle levantado de entre los muertos”. (Hechos 17: 30 – 31)

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El mensaje de Pablo, que es el Evangelio de Jesucristo, o el Plan de Salvación, es para todos, en todas partes. Me encanta el pasaje de 2 Nefi 26:33, que refuerza la enseñanza de Pablo:

“[Dios] hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles”.

Quienes leen estos versículos no pueden creer que el racismo, un invento humano (terrible), sea consistente con el Evangelio y la vida cristiana.

El Presidente Gordon B. Hinckley dijo:

Pensaba que todos sentíamos gozo por la revelación que se dio al presidente Kimball en 1978.

Yo me encontraba en el templo en el momento en que eso sucedió. No hubo ninguna duda en mi mente o en la de mis colegas de que lo que se reveló fue la intención y la voluntad del Señor […]

Les recuerdo que nadie que haga comentarios ofensivos en cuanto a las personas de otra raza se puede considerar un verdadero discípulo de Cristo, ni tampoco puede considerar que esté en armonía con las enseñanzas de la Iglesia de Cristo […]

A lo largo de mi servicio como miembro de la Primera Presidencia he reconocido y hablado varias veces sobre la diversidad de nuestra sociedad; está a nuestro alrededor, y debemos esforzarnos por dar cabida a esa diversidad.

Reconozcamos que cada uno de nosotros es un hijo o una hija de nuestro Padre Celestial que ama a todos Sus hijos.

Hermanos, no hay cabida para el odio racial […] Si entre los que me estén escuchando hay alguien que esté predispuesto a esta práctica, vaya ante el Señor, pida perdón y deje de hacerlo.

sacerdocio

El Élder  Joseph W. Sitati, que es una Autoridad General (de África), enseñó algo que puede ayudarnos a entender por qué algunos negros recibieron el sacerdocio en 1978:

El amor de nuestro Padre Celestial ha sido evidente al hacer posible que todas las personas que viven y los muertos, de toda nación, ahora y en el futuro, reciban la exaltación en Su presencia, según el uso que hagan del albedrío. La norma y la bendición son las mismas para todos. Dios ha reafirmado que Él no hace acepción de personas […]

Por medio del profeta José Smith, el Señor reveló que el criterio determinante de la secuencia en la que se invita a las naciones gentiles incluye la capacidad de nutrir espiritual y temporalmente el reino de Dios al establecerse en la tierra por última vez.

Vemos que al comenzar a establecerse la Iglesia restaurada en la tierra, los profetas vivientes buscaron y siguieron la voluntad de Dios sobre la manera de llevar el Evangelio a las naciones.

He vivido para ver la época predicha por el profeta Zenós en la alegoría del olivo, cuando los justos de todas las naciones de la tierra participarían del convenio de Dios con Israel.

Con estas doctrinas e información en mente, comprendamos que los prejuicios raciales o étnicos no coinciden con el pueblo de Dios. Tengamos cuidado con las bromas racistas y los comentarios maliciosos sobre personas de otros países, culturas o etnias.

Dios se ofende cuando alguien se considera superior a los demás. Él dijo:

“No estimaréis a una carne más que a otra, ni un hombre se considerará mejor que otro”. (Mosíah 23: 7)

Todos somos iguales y podemos ser participantes del Don Celestial. ¡Tengamos eso siempre en mente!

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Lucas Guerreiro y fue publicado en maisfe.org con el título “O Racismo e o Evangelho de Cristo”.