“Independientemente de tus creencias o afiliaciones políticas, es importante reconocer que el privilegio verdaderamente existe en nuestra sociedad.”

Antes de comenzar a expresar mis sentimientos, tengo que dejar una cosa en claro.

No importa quién seas o de dónde seas, las únicas personas que son verdaderamente privilegiadas en esta vida son aquellas que entienden que la piña en la pizza está bien, y que el helado de vainilla con chispas de chocolate es uno de los alimentos esenciales en el Reino Celestial. Sus vidas serán bendecidas y prósperas.

Si no estás de acuerdo… Bueno, supongo que puedo desearte la mejor de las suertes. Definitivamente la vas a necesitar.

Desafortunadamente, el privilegio no se reduce a nuestras preferencias alimentarias. Eso haría que la vida fuera un poco más fácil y más simple.

El privilegio es un tema de debate en casi todos los aspectos sociales de nuestras vidas.

Raza. Género. Capacidad. Clase social. Educación. Ubicación. Tipo de familia. Personalidad.

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No tengo la intención de hablar sobre cuánto “privilegio” hay en la sociedad, o en qué medida afecta la vida de las personas. Esto tampoco es una declaración política o expresión de mis ideas sobre cómo funciona nuestra sociedad.

Más bien, es un recordatorio de una responsabilidad MAYOR que muchos de nosotros olvidamos en nuestra vida cotidiana como miembros investigadores, nuevos y fieles de la Iglesia de Cristo.

Y no te preocupes, dejaré el debate de la piña en la pizza fuera de esto… por ahora.

La realidad del “privilegio” en el mundo de hoy

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Independientemente de tus creencias o afiliaciones políticas, es importante reconocer que ese privilegio (ten en cuenta que no mencioné qué tipo de privilegio) verdaderamente existe en nuestra sociedad.

Durante el fin de semana, en el Día del Trabajo, pude disfrutar de una caminata con mi padre, hermanos, tío y algunos primos. Fue una hermosa caminata en un hermoso día ademas de ser un día de descanso necesario de la universidad.

Puedo nombrar al menos a 10 personas que no tienen la misma oportunidad de disfrutar de esa caminata porque están en silla de ruedas. Puedo nombrar al menos 10 más que nunca tuvieron la oportunidad de ir a la universidad porque sus familias los necesitaban para ayudarlos a mantenerse económicamente.

Esas situaciones estaban fuera de su control. Algunas personas simplemente nacen en mejores situaciones. Algunas personas tienen, de alguna manera, una vida más fácil.

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El privilegio no es inherentemente malo o bueno. Simplemente es. Existe en el mundo que nos rodea.

Sin embargo, para muchos, la palabra “privilegio” desencadena emociones fuertes.

A algunos les resulta indignante pensar que tienen algún tipo de ventaja en la vida porque piensan que es un ataque a su arduo trabajo y carácter. Otros lo encuentran deprimente, casi como una señal de que no tienen ninguna posibilidad de triunfar en el mundo.

Esto realmente no es una cuestión de quién tiene razón o no. Personalmente, sé que no puedo hablar con la experiencia de vida de alguien más, todo lo que puedo hacer es hablar de mi propia experiencia de vida.

Tuve padres que siempre podían poner comida sobre la mesa. Pude disfrutar de casi cualquier tipo de actividad deportiva o de ocio del que quise participar. Nunca tuve que preocuparme de que alguien me mirara y se preguntara si realmente pertenecía al lugar donde me encontraba.

Por otra parte, soy un hombre blanco, nacido en los Estados Unidos. ¿Es esta la única calificación para el privilegio en este mundo?

Algunos dirán que sí. Otros dirán que el privilegio es sólo un mito.

La ironía es que, hasta cierto punto, todos tienen razón y todos están equivocados.

La verdad sobre el “privilegio”

En un mundo rebosante de opiniones y contención, sólo una verdad básica y eterna es cierta.

Piensa en tus días en la Primaria. ¿Cuál era una de las primeras cosas sobre las que todos aprendimos a cantar? “Soy un hijo de Dios, y Él me ha enviado aquí.”

O tal vez recuerdas una de las primeras cosas que memorizaste. “Creemos en Dios el Eterno Padre…”

¿Quién es Dios? Es nuestro Padre.

Como hijos de Dios, todos tienen el mismo potencial para llegar a ser como Él. Ya sean ricos o pobres, con o sin discapacidades, hombre o mujer, blancos o negros.

Todos y cada uno de nosotros fuimos colocados en un tiempo y lugar diferente. Ninguna situación es una mayor expresión del amor de Dios. A Sus ojos, todos nosotros siempre seremos iguales.

Puede que la sociedad se vuelva en contra nuestra. Puede que no podamos alcanzar un cierto estatus. Puede que experimentemos prejuicios y dolor a nuestro alrededor. Pero siempre seremos amados por nuestro Padre Celestial.

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Por esta razón, aquellos que creen que el privilegio no existe tienen algo de razón, pero también están un poco equivocados.

Piénsalo, si ninguno de nosotros experimentara ciertas ventajas en la vida, ¿no sería el mundo igual?

Quizá sea las cosas sean más fácil para un hombre blanco en esta sociedad, pero no creo que a Dios le importe a que clase social pertenezca. Dios quizo que todos tuviéramos ciertos “privilegios” en esta vida, Él necesitaba que las personas fueran y sean únicas y diferentes con el fin de que Su Plan se lleve a cabo. 

De una manera u otra, todos experimentamos este privilegio. Por ejemplo, por más que yo quiera, nunca tendré el mismo vinculo que una madre tiene con sus hijos; así mismo, el Padre también le prometió a algunos en la vida preterrenal que recibirían primero el Evangelio. 

El privilegio no es un tema por el que debamos discutir, hay mucho de eso en el mundo. Lo que necesitamos son personas que recuerden que hacen los discípulos con ese privilegio. Necesitamos siervos de Dios que reconozcan su sagrada responsabilidad en esta vida. 

El privilegio de nuestro Salvador

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Yo diría que la persona más privilegiada que caminó sobre la tierra fue nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

En cierto sentido, no tenía todas las características que marcarían el privilegio típico de nuestra sociedad. No nació en una familia rica. No ocupó ningún tipo de posición alta en una jerarquía política.

Pero era judío. Para los romanos eso no significaba nada. Para todos los demás en Jerusalén, Galilea y todas las demás áreas circundantes, eso significaba todo.

Sin embargo, Su verdadero privilegio vino al ser el Hijo Unigénito del Padre. Tenía un conocimiento perfecto del plan de Dios. Él fue el único que hizo posible nuestra salvación.

¿Qué hizo con su privilegio?

Para una mujer condenada debido a su problema de sangre, Él declaró abiertamente en una multitud “Hija, tu fe te ha sanado” (Marcos 5:34).

Al hombre “lleno de lepra”, despojado de todos sus privilegios sociales a causa de su enfermedad, mientras tocaba su piel enferma le declaró: “Quiero; sé limpio” (Lucas 5: 12-13).

Un día con Jesús

A una mujer abatida y juzgada digna de muerte por su pecado, Él la consoló: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).

Finalmente, le suplicó al Padre que “apartara de [Él] esta copa”, pero por cada hombre, mujer y niño que había nacido o que nacerá, se sometió con amor y humildemente en esa misma oración dijo: “pero no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”(Marcos 14:36).

Su privilegio no era un estatus que usaba contra lo demás. Tampoco fue su falta de riqueza o estatus social (en las jerarquías judías o romanas) una razón para que se rindiera.

Más bien, usó Sus privilegios como una oportunidad para llegar a aquellos que necesitaban sanación. Ya sea que se sentara entre pecadores y publicanos, o sanara a ciegos sentados a los lados de las calles, reconoció Su necesidad de amar y servir donde quiera que iba.

Su privilegio fue una herramienta para ayudar a otros a que tengan fe en Él como el Salvador del mundo.

Nuestra sagrada responsabilidad

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Cada semana, hacemos convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Cristo y recordarlo siempre. Essa no debería ser una promesa pasiva, sino una forma activa de vivir.

Todos nosotros hemos venido a la tierra en un momento específico, en un lugar específico y bajo circunstancias específicas, porque Dios confía en que nosotros podemos ser lo que Él necesita que seamos.

¿Es más fácil para algunos prosperar más que otros en esta sociedad? Claro. ¿Hay injusticias en la forma en que las personas tratan a los demás? Sin duda. ¿Pero, habrá alguna vez un tiempo en el que todos vivamos en una igualdad de condiciones? Absolutamente. Cuando Cristo vuelva a reinar personalmente sobre la tierra.

Hasta entonces, es nuestra responsabilidad sagrada como Sus discípulos ser testigos de Él. En todo momento. En todas las cosas y en todos lugar.

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Para preparar al mundo para la Segunda Venida de nuestro Salvador, debemos reconocer que todos tenemos algo que ofrecer que otros no tienen. Necesitamos reconocer que TODOS necesitan amor y apoyo, y que Dios ha puesto personas en nuestro camino porque tenemos la capacidad de ayudarles de una manera que nadie más podrá.

El debate común sobre el privilegio se centra en cómo tener éxito en esta sociedad, pero ignora el potencial divino que todos tenemos para ser como Dios. En última instancia, no importa quién sea de qué género, raza o qué trabajo tenga… Todos somos amados por nuestro Padre Celestial.

Dios pretendía que el privilegio fuera una herramienta, no un obstáculo, para ayudar a nuestras familias y a nuestro prójimo a obtener la Vida Eterna, ser lleno de gozo y tener felicidad perfecta.

Este artículo fue escrito originalmente por Conner Johnson y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Privilege Is Not a Problem, It’s a Responsibility You Should Love