Quizás el dios más importante de la mitología de la antigua Mesoamérica, y seguramente uno de los más complejos y difíciles de entender, es Quetzalcóatl.

Al tratar de apreciar el papel de este dios de la Mesoamérica precolombina, es vital, primero, distinguir entre el dios mítico mismo y el legendario sacerdote tolteca y rey Topiltzin Quetzalcóatl, con quien es confundido frecuentemente.

Segundo, es esencial prestar mucha atención a las fechas y ubicaciones de los diversos elementos de la mitología.

El dios Quetzalcóatl

El nombre azteca “Quetzalcóatl” significa “serpiente emplumada”, en referencia al hermoso plumaje azul y verde del ave quetzal. En los dialectos mayas se le conoce como Kukulkán.

Existe evidencia arqueológica del culto a Quetzalcóatl desde al menos el primer siglo en Teotihuacán, el gran centro urbano y complejo de templos cuyas famosas pirámides se encuentran cerca de la moderna Ciudad de México.

Los elementos iconográficos del culto a Quetzalcóatl se remontan a años anteriores, sin embargo su adoración a alcanzó su mayor significado entre los toltecas de Tollan (Tula), los mayas posclásicos de Yucatán y los aztecas después del año 900 después de Cristo.

Quetzalcóatl

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Sin embargo, debemos tener en cuenta que las fuentes escritas existentes más importantes sobre las leyendas de Quetzalcóatl se derivan de las traducciones al español y las descripciones de la historia, religión, literatura y leyendas aztecas del siglo XVI (después de la conquista).

No se sabe hasta qué tiempo se pueden rastrear muchos de los elementos de las leyendas de Quetzalcóatl, y es difícil saber con qué precisión fueron entendidas y registradas por los españoles.

Quetzalcóatl

Quetzalcóatl

Mitológicamente, Quetzalcóatl juega un papel importante tanto en la creación del universo como en la creación de la cultura, incluido el descubrimiento de la agricultura, la ciencia, las artes y el fuego. Con frecuencia es adorado como el dios patrón de la ciencia y el aprendizaje.

En tiempos míticos, él participó de un sacrificio primordial, en el que descendió al inframundo, burló al dios de los muertos, Mictlantecuhtli, y rescató a la humanidad del poder de la muerte.

A partir de entonces, ascendió al cielo, donde se convirtió en la estrella Venus de la tarde y la mañana (en azteca, Tlahuizcalpantecuhtli).

El rey sacerdote Topiltzin Quetzalcóatl

Topiltzin Quetzalcóatl

Los templos dedicados a Quetzalcóatl a menudo se ubicaban en el centro de las ciudades mesoamericanas, y sus ritos estaban estrechamente asociados con las fases astronómicas de Venus.

Pero las leyendas aztecas también registran la historia del rey-sacerdote Topiltzin Quetzalcóatl (“Nuestro joven príncipe”), quien gobernó la paradisíaca ciudad de Tollan en aquella época dorada.

Aunque los aztecas asociaron la legendaria ciudad de Tollan con las ruinas del siglo XI de la ciudad tolteca de Tollan, donde el culto a Quetzalcóatl fue especialmente importante, cualquiera que sea su relación precisa con la historia secular, la ciudad de Tollan de Quetzalcóatl es vista como la principal ciudad mítica.

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Se dice que Quetzalcóatl tuvo una visión cósmica del dios Ometeotl (Dios de la creación) y que gobernó bajo su autoridad. En su gobierno, Tollan fue el centro del orden ceremonial, la rectitud, la abundancia y la riqueza, la armonía social y la brillantez artística.

El sacrificio humano fue prohibido por Quetzalcóatl, quien gobernó con misericordia y justicia.

Como el perfecto rey sacerdote, Topiltzin Quetzalcóatl se convirtió en el modelo a seguir para los líderes mesoamericanos posteriores, legitimando el orden social, religioso y político de los reyes y sacerdotes que afirman gobernar después de él y bajo su autoridad. De hecho, los mismos sumos sacerdotes aztecas fueron llamados “Quetzalcóatl”.

Sin embargo, este orden perfecto fue destruido por la intervención del malvado Tezcatlipoca (“Espejo humeante”), quien, por el poder de un espejo mágico de obsidiana, engañó a Quetzalcóatl para que traicionara sus votos sacerdotales.

Tezcatlipoca

Fue entonces que Tezcatlipoca usurpó su autoridad, exigió sacrificios humanos y la época de oro se vio a abajo. Curiosamente, la historia tiene dos finales diferentes.

En la primera, Topiltzin Quetzalcóatl se sacrifica en una pira funeraria, y finalmente asciende al cielo para convertirse en el planeta o estrella Venus.

En la segunda, se adentra en el mar, prometiendo regresar algún día, derrocar a Tezcatlipoca y restaurar su reino perfecto sobre la tierra.

Hernán Cortés y Moctezuma II.

El mito del regreso del sacerdote principal de Quetzalcóatl jugó un papel importante en la historia posterior de Mesoamérica. Cuando Hernán Cortés y los conquistadores llegaron a México en 1517, el rey azteca Moctezuma II estaba convencido de que el español era Quetzalcóatl que había regresado como lo había prometido.

En consecuencia, Moctezuma le envió grandes tesoros a Cortés, invitándolo a asumir el gobierno del reino. Por supuesto, la crueldad y la traición de los españoles pronto libraron a los aztecas de su confusión, pero, para entonces, los conquistadores ya se encontraban bien establecidos y habían conseguido miles de aliados de entre los nativos disidentes.

La conquista de México fue, en parte, estimulada por la creencia perfecta de los aztecas de que Quetzalcóatl algún día regresaría como lo había prometido.

Este artículo fue escrito originalmente por Daniel Peterson y fue publicado originalmente por deseret.com bajo el título “Quetzalcoatl: Separating the myths of the man from those of the god