Quejarte con Dios por la injusticia y el sufrimiento que hay en el mundo y olvidar que Él también padeció ese dolor

Cuando me quejé ante Dios por todas las injusticias y sufrimientos en el mundo, olvidé que este también es Su dolor.

Una mañana, leí en el periódico una noticia sobre mujeres que habían sido víctimas de abusos sexuales y torturas durante la guerra civil en Serbia. Lloré desconsoladamente porque sabía que eso no solo ocurría en ese país.

Ese mismo mes, dos amigas me habían confiado que fueron víctimas de abusos cuando fueron niñas. Fue demasiado y me pregunté, ¿cómo podría confiar en el amor y la bondad de Dios cuando permite que suceda tanta maldad, injusticia y sufrimiento?

Jesucristo

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El Libro de Mormón declara que Cristo no solo sufrió por nuestros pecados, también tomó sobre sí “los dolores de toda criatura viviente, tanto hombres como mujeres y niños, que pertenecen a la familia de Adán” (2 Nefi 9: 21).

El Élder David A. Bednar lo describe de esta manera:

“Por lo tanto, el Salvador ha sufrido no sólo por nuestros pecados e iniquidades, sino también por nuestras angustias y dolores físicos, nuestras debilidades y faltas, temores y frustraciones, desilusiones y desánimo, pesares y remordimientos, desesperanza y desesperación, por las injusticias y desigualdades que experimentamos, y las angustias emocionales que nos acosan”.

“No hay dolor físico, no hay herida espiritual, no hay angustia de alma, pena, enfermedad ni debilidad que ustedes y yo afrontemos en la vida terrenal que el Salvador no haya experimentado primero”. (“Soportar sus cargas con facilidad”, Conferencia General de abril de 2014).

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Odiamos que haya tanta injusticia y otros actos aberrantes en el mundo. Pero, no olvidemos que en el Jardín de Getsemaní, Jesús trascendió en tiempo y espacio para acompañarnos a cada uno en nuestro propio viaje por el dolor y la maldad.

Él entiende tu dolor más de lo que te imaginas, lo vivió antes que tú y está ahí para ti.

Jesús no ha olvidado cuánto duele esto

Jesucristo sufrimiento

Un día, se me ocurrió que podía hablar de la Expiación en tiempo presente más que en pasado. Es cierto que esa victoria está 100% completa, finalizada, es un hecho histórico absoluto.

Cristo dijo: “Está terminado”. Sin embargo, también dijo: “solo para los hombres está medido el tiempo” y “para mí todas las cosas están presentes, porque todas las conozco” (Alma 40: 8; Moisés 1: 6).

Debido a que Jesús recuerda todas las cosas como presentes, todavía puede estar en el centro de nuestras experiencias, padeciendo el dolor con nosotros, aquí y ahora, lo que sea que estemos sufriendo. Él dice:

“He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; delante de mí están siempre tus muros”. (Isaías 49:16)

Aquí el Señor no está hablando a un grupo de personas. Él nos está hablando a cada uno de nosotros, de manera individual, uno a la vez.

Cristo tiene presente en Su mente y corazón todos los problemas por los que estoy atravesando. Su conocimiento no solo es intelectual o empático, sino que está grabado en sus células y tendones, en lo más profundo de Su alma.

Él no solo ve nuestro dolor, también lo siente. Llora con nosotros. Él sangra con nosotros. Se estremece con nuestros temores y confusión. Siente nuestro dolor aun cuando estamos enojados con Él. Además, conoce nuestras limitaciones físicas, sociales y culturales.

Literalmente, no podemos sufrir nada solos, independientemente de cuan victimizados nos podamos sentir en nuestros momentos de debilidad.

Cuando Cristo les pide a Sus Santos que soporten amargas pruebas, Él sufre todo el impacto

Cristo centrado pascua

Comprender la Expiación me ha ayudado a lidiar con los aspectos difíciles de la historia de la Iglesia y el Antiguo Testamento. Aun no entiendo por completo todos los propósitos de Jehová, pero puedo ver que su aceptación voluntaria de nuestros sufrimientos diarios es, sin duda, un reflejo de su amor.

Cada vez que Cristo ha dado un mandamiento que ha requerido de sufrimiento o sacrificio, también ha pasado por esa prueba, desde padecimientos físicos hasta encarcelamiento o martirio.

Él sufrió la cárcel con Jeremías. Conoce el dolor de la muerte por fuego de Abinadí. Sufrió la destrucción junto con cada judío enviado cautivo a Babilonia y el castigo de cada alma que murió en Jericó.

Cristo les pidió a los pioneros que cruzaran las llanuras. Por lo tanto, este sufrimiento también se incluyó en Su expiación: Cristo sufrió el dolor de pies ensangrentados, el dolor de enterrar bebés en el camino y el dolor agudo de tener que cruzar ríos helados.

En Getsemaní, Jesús caminó con cada uno de los hijos de Dios que sufrieron las restricciones del Sacerdocio y las bendiciones del templo.

Cristo conoce la humillación de la segregación y la discriminación, no solo en estos casos, sino también en las galeras de esclavos, las cámaras de gas y otros episodios de dolor a lo largo de la historia de la humanidad.

No puedo entender todas las razones por las que Jesucristo nos pide que pasemos por este tipo de pruebas. Pero, incluso sin comprender, ya no puedo afirmar que Cristo es injusto, Él también pasó por esas amargas pruebas.

Fuente: LDS Living