Un relato que te ayudará a entender el sacrificio que Jesús hizo por ti

A veces, cuando nos sentimos perdidos y no sabemos qué hacer, solo esperamos que alguien venga a rescatarnos y nos ayude a volver a casa. Eso es precisamente lo que hizo Jesucristo. Él vino a rescatarnos y a ofrecernos Su gracia divina para sanar nuestras heridas y elevar nuestras almas.

A continuación, compartiremos un extracto del libro “Grace Where You Are” de Emily Belle Freeman, una escritora Santo de los Últimos Días, que ilustra mejor lo mencionado.

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A veces, el único camino a casa cuando estás perdido es que alguien venga a tomar tu mano y te lleve ahí. Al igual que el niño que deambulaba por el desierto del oeste cerca de Delta, Utah, cuando tenía tres años. 

El niño intentó encontrar el camino de regreso, trató de pronunciar los nombres de su abuelo, su padre y sus hermanos, trató de recordar dónde habían estado todos. Ese día fue el más caluroso que se registró en esa época del año. Sin embargo, la noche traería fuertes vientos del sur, que indicaban la proximidad de una tormenta de finales de primavera. 

Se pronosticaba nieve, la temperatura bajaba y las condiciones eran terribles para un niño de tres años que deambulaba solo por el desierto. No sabía cómo mantener el calor de su cuerpo, encontrar refugio, satisfacer su necesidad de agua. Solo sabía que estaba cansado. Entonces, esa noche después de caminar y caminar tan lejos como pudo, se sentó al lado de una roca a esperar.

Llamaron a los equipos de búsqueda y rescate, llamaron al ejército, llamaron a todos los amigos y familiares que conocían. Al anochecer, más de quinientos rescatistas recorrían el desierto en busca del niño de tres años. Pero, esa noche no lo encontraron. 

Después de que pasaron horas y horas, después de que la noche había terminado y había llegado la mañana, después de que se hicieron muchas oraciones y los rescatistas habían inspeccionado el terreno, después de que los aviones y los equipos K-9, de  búsqueda y rescate, habían buscado [al niño] durante casi 36 horas, un hombre apareció en la escena. 

Había llegado a casa tarde del trabajo ese día y se perdió el viaje con aquellos que se habían ido al rescate horas antes. Casi no va. Pero, cuando llegó a casa, su esposa había puesto en el auto una bolsa de dormir, un poco de agua y una linterna, por lo que solo condujo hacia el desierto del oeste. 

Dios

Cuando llegó, todos los demás ya estaban en medio de la búsqueda del niño. Sin saber a dónde ir, se arrodilló para orar y luego comenzó a caminar. Caminó por el valle, subió las dunas y, luego, comenzó a subir la empinada ladera de una montaña. 

Después de haber caminado durante horas, su intuición le dijo que este terreno era demasiado difícil para que un niño de tres años anduviera por ahí, el camino era demasiado empinado. 

La razón le dijo que estaba demasiado lejos del campamento base, pero el Espíritu lo instó a seguir. Otros tres grupos habían llegado a esa distancia durante el día. Estuvieron en el mismo camino. Lucharon contra el mismo terreno. Llegaron exactamente al mismo lugar y todos regresaron a casa. 

Sin embargo, este hombre siguió un camino de rocas, subió por el empinado sendero y recorrió la cima de la montaña hasta que finalmente encontró al niño de tres años esperando pacientemente junto a la roca… 

Un rescate, un camino de regreso, solo quería irse a casa. 

Ese niño de tres años solo necesitaba que alguien lo encontrara donde estaba, tal como estaba y luego lo llevara al lugar al que no era capaz de llegar solo. 

¿No estamos todos esperando un rescate? ¿Un camino de regreso? ¿No todos queremos ir a casa? 

expiación

Nuestro Padre sabía que el único camino de regreso para cada uno de nosotros de esta experiencia mortal requeriría un Salvador que estuviera dispuesto a venir a buscarnos, a los lugares perdidos, extendiendo la gracia que nos ayudaría a regresar a casa.

Él envió a Su Hijo para preservarnos, ayudarnos y entregarnos a salvo. Alguien que subiría cada montaña, que caminaría por el terreno más difícil, que no se rendiría ni se iría hasta que nos encontrara. Él sabe que estamos esperando…

Un rescate, un camino de regreso, un Salvador que esté dispuesto a llevarnos a casa.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Aleah Ingram y fue publicado en ldsdaily.com con el título “Grace Where You Are: How Jesus Christ Can Bring Us Home”.

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